BSO: Disney Animation

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En el cine de animación de la productora Walt Disney (al igual que en cualquier otra de este género), la música cobra un papel muy destacado, independientemente de la técnica animada que se emplee, pues es necesario el uso de sonidos y música que acompañen y acrediten a la imagen (por ejemplo, el claxon del coche de Cruella De Vil, las trompetas que anuncian la entrada de sus altezas, etc.). Pero…

¿Cómo clasificamos la música de aquellas historias en la que los protagonistas siempre están cantando?

Como comentamos en una entrada anterior, es bastante común dividir las bandas sonoras en música incidental/música diegética. ¿Dónde podríamos colocar, pues, las canciones que cantan Timón y Pumba en The Lion King (1994) o Rapunzel y Eugine en Tangled (2010)? ¿Forman parte de la música incidental o score (es decir, de aquella orquesta que suele sonar de fondo)?

Al pensar en varias de sus películas, seguro que somos conscientes de las distintas formas en las que “aparece” la música. Sin meternos en el tramado de la historia de la productora, pues hoy no es el tema a tratar, podemos ver las diferencias mencionando a Micky como el aprendiz de brujo en Fantasia (1940), donde las imágenes del famoso ratón son las que acompañan al poema sinfónico del compositor Paul Dukas (L’Apprenti sorcier, 1987); o a Giselle cantando y bailando con una multitud a modo de flashmob durante su visita al parque con Robert (Enchanted, 2007); o a la agente Hopps encendiendo una radio que deja sonar algunas canciones “tristes”, o como cuando en su trayecto a la ciudad escucha “Try Everything” en el reproductor de música (Zootopia, 2017); o incluso Phil Collins con su “Son of Man” sonando de fondo mientras vemos la transición del pequeño Tarzán en adulto (Tarzan, 1999). Si os interesa el tema de la música en la historia del cine de animación de Walt Disney, podéis echar un vistazo a una masterclass del especialista Jorge Fonde que podéis encontrar aquí.

Existen, como acabamos de ver, multitud de posibilidades (películas en las que cantan los personajes, aquellas en las que no cantan pero hay alguien externo que sí, otras en las que se recurre a la música diegética de una radio…), y Disney sabe cómo aprovecharlas, si bien es cierto que el género o subgénero del largometraje también influirá en el tipo de banda sonora, pues algunas tienden a ser ver verdaderos musicales (por ejemplo, Moana, 2016, frente a Big Hero 6, 2014). Es por ello que cuando oímos “Hakuna Matata” o “I See the Light” (películas que, por cierto, beben del cine musical), ambas canciones transcurren dentro de la narración, por lo que en principio deberían formar parte de la música diegética, la que se desarrolla en la misma acción. Es más, frecuentemente se recogen estas canciones con letra que cantan los personajes bajo la etiqueta de soundtrack, y la música orquestal (“de fondo”, la incidental), bajo la de score.

A pesar de este enredo terminológico, lo que sí está claro sobre este asunto es que esas canciones cantadas por nuestros protagonistas favoritos no son algo que surja como un recurso o adorno; son parte de la historia, están contando y transmitiendo sentimientos, hechos e ideas, y son tan importantes como cualquier diálogo que surja entre los personajes.

Si os gusta el cine de animación que nos brinda Walt Disney Animation y sois de los que canturreáis alguna de sus canciones (sí, aquellas con letra), os animo a escuchar estas pistas.

¿Recuerdas todas estas canciones?

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«¿Cómo conseguisteis armonizar vuestra maravillosa música con el latido de mi corazón?»

The Tale of Genji

  • Título original: Murasaki Shikibu: Genji monogatarimurasaki_shikibu_genji_monogatari_the_tale_of_genji-657138489-large
  • Año: 1987
  • Duración: 110 min.
  • País: Japón
  • Dirección: Gisaburô Sugii
  • Guion: Tomomi Tsutsui (novela: Murasaki Shikibu)
  • Música: Haruomi Hosono
  • Reparto principal: Morio Kazama, Miwako Kaji, Reiko Tajima, Jun Fubuki, Megumi Yokoyama
  • Más información: IMDb, FilmAffinity

La historia cuenta la juventud de un príncipe y sus aventuras amorosas con las mujeres de la corte en las que buscará saciar su anhelo por una madre perdida.

Estamos ante una adaptación de la considerada como una de las primeras novelas modernas del mundo, aunque eso puede que sea lo poco que pueda llamar la atención de la película. Con un ritmo lento, diálogos muy líricos y unos personajes que apenas se distinguen entre ellos, el complejo sentimiento que presenta el protagonista casi pasa desapercibido (quizás con algo de complejo edípico): un abandono que despertará la lujuria incansable de un hijo que a veces olvida lo que verdaderamente ansía.

Mi puntuación: 13866573_1269687523076068_970961706_n13866573_1269687523076068_970961706_n13866573_1269687523076068_970961706_n

A partir de este momento puedes hacer una de estas acciones: preparar palomitas y ver la película o leer este relato inspirado en ella y que podría contener algún que otro spoiler.

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Hubo una vez un joven príncipe, hijo de una de las concubinas preferidas de un emperador, que perdió a su madre siendo apenas un infante. Sin la protección que una madre podría darle, el pequeño cayó en una maldición que lo atormentó hasta sus últimos días.

Los años pasaban lentos y sin piedad, haciendo al príncipe agonizar entre perfumes y delicias. Incluso el emperador llegó a sentir celos de su joven heredero y quiso en alguna ocasión apartarlo de su lado, procurando negarle el lugar que merecía en la nobleza.

Genji, que así se llamaba su alteza, no encontraba ninguna tranquilidad en su alma, un alma perturbada y condenada a una vida que nunca le llenaría, un alma perdida que ni las estrellas podrían iluminar su camino.

Al principio, solo eran aquellas que residían en los palacios familiares, pero más tarde, se fue extendiendo hacia otras partes, siendo así que cualquier mujer noble o plebeya del imperio podía conocer su nombre.

Un nombre que embelesaba.

Un hombre que cautivaba.

El príncipe no podía ni suspirar en soledad sin que lo persiguieran para beber de la belleza que su fallecida madre había esculpido en él. Una belleza inhumana, perfecta, sagrada. Pronto, cualquiera que pasara a su lado, caía en su fatídico hechizo de seducción y honraba a los dioses del amor. No hubo noche alguna en la que durmiera solo.

 

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(Imágenes tomadas de FilmAffinity)

Se exasperaba cuando, maestro de las artes y la música, deleitaba al emperador con sus melódicas armonías en las fiestas de palacio. Todos se arrodillaban al escucharlo, todos se maravillaban con su sonido, todos se prendaban de su sombría mirada azabache, todos se extasiaban con sus frías manos de alabastro.

Y él no hacía más que romper sus instrumentos, hastiado de tal terrible poder.

Algunos llegaron incluso a provocar enfrentamientos de poder por querer robar el corazón del príncipe Genji. Un corazón maldito incapaz de amar que sufría de algo tan profundo que ni los más sabios lograron descifrar. Entre sedas, licores y pétalos de cerezo el joven bailaba a menudo esperando que algún demonio se lo llevase.

Pero aquella que cinceló y delineó cada sombra de su existencia, no lo permitiría nunca. Fruto de su ser, protegería aquello que sus brazos jamás podrían rodear. Ella, con su propia sangre derramada, maldijo a su propio hijo, al príncipe heredero, para vengarse de aquellos que le arrebataron la luz.

Una estrella apagada por un hechizo de seducción.

Ella creó al hombre al que todos amaron.

Y él vivió solo y sin corazón.

Princesas

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«𝒴  ℯ𝓃𝓉ℴ𝓃𝒸ℯ𝓈,  𝓁𝒶  𝒹ℯ𝓁𝒾𝒸𝒶𝒹𝒶  𝓅𝓇𝒾𝓃𝒸ℯ𝓈𝒶  𝒹ℯ  𝓂𝒾𝓇𝒶𝒹𝒶  𝒾𝓃ℴ𝒸ℯ𝓃𝓉ℯ  𝓁ℴ𝓈  𝓈𝒶𝓁𝓋ó  𝒹ℯ  𝓁𝒶  𝒹ℯ𝓈𝓉𝓇𝓊𝒸𝒸𝒾ó𝓃».

«𝒴  𝒸𝒶𝓂𝒷𝒾ó  𝓁𝒶  𝒸ℴ𝓇ℴ𝓃𝒶  𝓅ℴ𝓇  𝓁𝒶𝓃𝓏𝒶𝓈,  ℯ𝓈𝓅𝒶𝒹𝒶𝓈  𝓎  𝓊𝓃  𝒶𝓇𝒸ℴ  𝓎  𝓁𝓊𝒸𝒽ó,  𝒹ℯ𝓇𝓇𝒶𝓂𝒶𝓃𝒹ℴ  𝓈𝓊  𝓈𝒶𝓃ℊ𝓇ℯ  𝒶𝓏𝓊𝓁  𝓅ℴ𝓇  𝓈𝓊  𝓅𝓊ℯ𝒷𝓁ℴ».

«𝒩ℴ  𝓃ℯ𝒸ℯ𝓈𝒾𝓉ó  ℯ𝓁  𝒷ℯ𝓈ℴ  𝒹ℯ  𝓃𝒶𝒹𝒾ℯ  𝓅𝒶𝓇𝒶  𝒹ℯ𝓈𝓅ℯ𝓇𝓉𝒶𝓇  𝒹ℯ  𝓈𝓊  𝒻𝒶𝓁𝓈ℴ  𝓈𝓊ℯñℴ.  𝒯𝒶𝓃  𝓈ℴ𝓁ℴ  𝒷𝒶𝓈𝓉ó  𝓋ℯ𝓇  𝓁𝒶  𝓇ℯ𝒶𝓁𝒾𝒹𝒶𝒹  𝓅𝒶𝓇𝒶  𝒹ℯ𝒸𝒾𝒹𝒾𝓇  𝓂𝒶𝓃𝒸𝒽𝒶𝓇  𝓈𝓊𝓈  𝓂𝒶𝓃ℴ𝓈  𝓎  𝓁𝓊𝒸𝒽𝒶𝓇  𝓅ℴ𝓇  𝓈𝓊  𝓈𝓊ℯñℴ».



Música: “Shadow Warrior” de Philipp Beesen (vía Youtube).

Gifs: Tumblr y Giphy

«La miseria suena a burla para aquellos que tienen un estómago lleno»

El niño y el mundo

  • Título original: O menino e o mundoMV5BMjM0NjQ1NzUyN15BMl5BanBnXkFtZTgwMzcwNjMyMjE@._V1_SY1000_CR0,0,669,1000_AL_
  • Título alternativo: The Boy and the World
  • Año: 2013
  • Duración: 80 min.
  • País: Brasil
  • Dirección: Alê Abreu
  • Guion: Alê Abreu
  • Música: Ruben Feffer, Gustavo Kurlat
  • Reparto principal: Vinicius Garcia, Felipe Zilse, Alê Abreu, Lu Horta
  • Más información: IMDb, filmaffinity, ALLMOVIE

Un crío de una familia pobre se escapa de casa para ir en busca de su padre, quien se ha marchado por trabajo, y acaba viviendo una aventura “mágica” donde descubre las realidades del mundo moderno.

Una animación curiosa que, junto a la (casi) inexistencia de diálogos, consigue que parezca que se está viendo un libro de cuentos infantiles. Bajo la mirada inocente de un niño se van a tratar temas como la desigualdad, la industria, el mundo laboral, la contaminación, la militarización, el contraste de la vida en el campo y la ciudad… Los colores, las formas y una repetitiva canción de flauta nos trasladan a una historia que está tratada con mucho mimo y con la que pueden disfrutar tanto niños como mayores.

Mi puntuación: 13942261_1269687406409413_895346483_n13942261_1269687406409413_895346483_n13866573_1269687523076068_970961706_n

A partir de este momento puedes hacer una de estas acciones: preparar palomitas y ver la película o leer este relato inspirado en ella y que podría contener algún que otro spoiler.

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Gente, carro, vento, arma, roupa, poste; aos olhos de uma criança.

Sus ojos solo ven inocencia y colores que bailan al son del amanecer. Todo lo baña el aire fresco que traen los árboles frutales. Los insectos hacen carreras para ver quién es el más veloz. El humo de un tren a vapor saluda a sus recién llegados: alguien importante se marcha.

Los renacuajos se esconden bajo las plantas del arroyo. Las burbujas musicales se desvanecen en el cielo. La tierra se vuelve oscura y fea. El humo del tren se hace cada vez más pequeño. Alguien importante se ha marchado.

El corazón empieza a apoderarse de todo el cuerpo. La adrenalina cosquillea cada parte de su ser. En la mente solo una idea: correr. Un vacío de soledad le da un empujón y la pequeña criatura echa a volar. Los aleteos de los insectos lo ayudan a coger velocidad. Pero el humo del tren ya es invisible.

La respiración entrecortada le advierte de un peligro mayor: un bosque de asfalto que ha aniquilado a los colores. Los rayos de sol le dicen que tiene que estar en la ciudad de sombras afligidas. Suspira.

Mente, sarro, alento, calma, moça, sorte; aos olhos de uma criança.

Sus recuerdos de diversión juntos parece que lo orientan. El hambre de las calles lo zarandea a cada paso. Los animales ahí son salvajes y muestran sus retorcidos y ennegrecidos dientes. El tráfico engulle poco a poco su deseo de encontrarlo.

¿Dónde está la música que todo lo revive? ¿Y ese verde que puede alimentar cualquier sueño mágico? ¿Y las estrellas que te embarcan a otros mundos? ¿Acaso las hadas aquí están muertas?

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(Imágenes tomadas de SensaCine)

 É certo, é coração, é causa, é danação, é sonho, é ilusão.

Miradas de desprecio lo empequeñecen aún más. Por cada paso, una hora. La noche le grita la cruda realidad; las puertas cerrándose tras de sí le arrojan la insoportable verdad. Alguien importante se había marchado. Para siempre.

El corazón no quiere admitirlo y sigue latiendo con fuerza. Sus ojos llorosos buscan aquel cabello colorido. El sueño conspira con el cansancio para hacerse con el control. Las sirenas en ese lugar suenan más frías.

É fome, é fé, é os home, é medo; é fúria, é ser da noite, é segredo, é choro de boca calada.

Más criaturas como él se le acercan. Sus pequeños rostros están dibujados por la desesperación. Ningún sonido, ni una palabra. Asienten: jamás volverán a verlo. Ahora están solos, perdidos, sin color.

BSO: DreamWorks Animation

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Es casi indiscutible decir que la música es un factor primordial en el cine, pero esta tiene un papel incluso más destacado en las películas de animación, las cuales no tienen siempre por qué estar dirigidas a un público infantil. La banda sonora nos logra meter en la historia y hacernos creer que se pueden hacer entradas triunfales al ritmo de AC/DC con Megamind (2010) o trabajar al ritmo de Christina Aguilera en la estación de lavado de ballenas con El espantatiburones (2004). Pero…

¿Existe alguna diferencia entre ese tipo de canciones y la música de orquesta que suena “de fondo” ?

Terminológicamente sí; de hecho, la música en el cine puede llegar a tener diversas clasificaciones. Normalmente, en nuestro idioma banda sonora suele englobarlo todo, y en este caso concreto, y sin meternos en demasiados aspectos técnicos, la diferencia entre el repertorio de canciones que usa el villano Megamind y la música orquestal que suena de fondo se divide en música diegética/música incidental (en inglés algunos utilizan los términos soundtrack/score). La oposición entre una y otra reside en que la diegética (o soundtrack) se desarrolla en el momento de la acción, frente a la incidental (o score) que se utiliza como apoyo al discurso cinematográfico. Es decir, al poner Óscar la radio y bailar Car Wash de Christina Aguilera se está usando música diegética, frente a las notas agudas de un violín “de fondo” que acompañan a una escena de un susto, por ejemplo. Si os interesa el tema, podéis echar un vistazo al trabajo de Teresa Fraile que hace un recorrido por la clasificación de la música en el lenguaje audiovisual aquí.

DreamWorks Animation, con películas como Antz (Hormigaz) (1998), El príncipe de Egipto (1998), Trolls (2016) o El bebé jefazo (2017), ha contado a lo largo de su recorrido con compositores de reconocido prestigio, algunos de ellos incluso han trabajado para otras productoras, como es el caso de Hans Zimmer, autor del clásico Disney El rey león (1994), Alan Silvestri, de Lilo & Stitch (2002), o John Powell, de Río (2011), por ejemplo. Otros grandes compositores que han trabajado para esta factoría son los hermanos Harry y Rupert Gregson-Williams, con obras como Simbad: la leyenda de los siete mares (2003) del primero, o Bee Movie (2007), del segundo. ¡Hasta Danny Elfman (tan ligado a Tim Burton) ha trabajado para DreamWorks Animation (en Las aventuras de Peabody y Sherman (2014)!

En algunas películas, además, se ha dado el caso de colaboraciones entre ellos mismos, y fruto de una de esas contribuciones nace uno de los personajes más emblemáticos de la productora: Shrek (2001), cuya banda sonora corre a cargo de Harry Gregson-Williams y John Powell, siendo uno de sus temas principales el que acabará por imponerse en la música de introducción del logo en varias de sus películas (podéis verlo en un interesante vídeo de Nostalgia Blast que explica su evolución aquí).

Si os gusta el cine de animación y habéis seguido las obras de DreamWorks Animation, os animo a escuchar estas pistas instrumentales (que pertenecen a esa música incidental) y poneros a prueba.

 

¿Cuántas podéis recordar?

«Los niños no resuelven problemas: solo comen chocolate, lo rompen todo y lloriquean»

Nocturna, una aventura mágica

  • Título alternativo: Nocturna19024293.jpg-r_1920_1080-f_jpg-q_x-xxyxx
  • Año: 2007
  • Duración: 80 min.
  • País: España
  • Director: Adrià García, Víctor Maldonado
  • Guion: Adrià García, Víctor Maldonado, Teresa Vilardell
  • Música: Nicolas Errèra
  • Reparto principal: Pedro Torrabadella, Imanol Arias, Carlos Sobera
  • Más información: IMDb; filmaffinity; SensaCine

El argumento gira en torno a un niño huérfano y su aventura por el mundo de la noche para salvar las estrellas y enfrentarse a aquello que más teme: la oscuridad.

Aunque la historia sea muy modesta, son los detalles tan curiosos los que verdaderamente llaman la atención (solo hay que ver la gran creatividad que derrocha la escena del concierto nocturno, por ejemplo). Una lucha interior de un pequeño protagonista que nos enseña el mundo de Nocturna y sus trabajadores, a cada cual más peculiar: el pastor de gatos, los redactores de sueños, los encargados del rocío, los que forman nudos en el pelo al dormir… Un cuento infantil para adultos que disfrutan con la magia.

Mi puntuación: 13942261_1269687406409413_895346483_n13942261_1269687406409413_895346483_n13942261_1269687406409413_895346483_n

A partir de este momento puedes hacer una de estas acciones: preparar palomitas y ver la película o seguir leyendo a sabiendas de que podrías toparte con ciertos detalles que comúnmente llamamos spoilers.

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Se cuenta que Tim era un niño solitario que tenía problemas para hacer amigos. Vivía junto a otros treinta en un pobre orfanato que hacía esquina con una panadería. Era bajito, rechoncho, tenía un remolino en el flequillo, le faltaban unos dientes y siempre llevaba el mismo único calcetín en el pie izquierdo. Él explicaba que era su calcetín de la suerte, pues tuvo un sueño en el que era adoptado el día que lo llevaba puesto, y por eso jamás se lo quitaba, agarrándose a la esperanza de que su sueño se cumpliera para no estar solo.

Se dice que los demás huérfanos no querían jugar con él porque era raro y siempre andaba lloriqueando cuando se acercaba la noche. Él decía que la oscuridad quería devorarlo, pero los demás se burlaban por su evidente terror infantil. Le gustaban las estrellas, pues las veía como guerreras de la noche que luchaban contra esa oscuridad eterna. Ellas, sus únicas amigas, le ayudaban a conciliar el sueño.

Se oyó decir que una noche varias estrellas se apagaron de golpe, y Tim quiso pedir ayuda, mas nadie prestaba atención a un niño huérfano solitario que siempre daba problemas. Desesperado, deambulaba de un lado a otro, buscando algo que pudiera encender a sus amigas de nuevo. Y, sin querer, acabó en la parte más oscura del hogar: el sótano. Entró temblando como un flan, con los ojos entumecidos, con el corazón congelado, tanteándolo todo para solucionar el horrible problema.

Y de repente, todo se volvió negro. Cuando abrió los ojos, se encontró en un descampado frío y solitario. Echó la mirada al cielo y vio que ya quedaban menos de sus protectoras brillando allá arriba. Intentaba entender cómo había llegado hasta ahí, mientras a lo lejos un felino captaba su atención.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

(Imágenes tomadas de SensaCine)

Se murmura que el gato le pidió a Tim que lo siguiera, que sabía cómo ayudar a las estrellas. El niño, acariciando su calcetín de la suerte, se adentró en un camino que llevaba directamente al tétrico cementerio de la ciudad. Su cuerpo empezó a temblar, viniéndole a la cabeza las risas y burlas de sus compañeros huérfanos; pensó que el animal también lo había engañado. Un par más de estrellas se apagaron.

Se rumoreó que el niño perdido estuvo llorando por un largo tiempo, hasta que los propios espectros de ultratumba se despertaron ante tanto desconsuelo. Tim, asustado, echó a correr por el camino que volvía a la ciudad con la única referencia de las estrellas que quedaban en el cielo para alumbrarlo. Apenas podía respirar: todos los edificios abrazaban la oscuridad. Ni luces, ni farolas, ni la luna. Solo dos luceros tímidos bañaban la piedra dormida y el ladrillo frío. Perdido, solo, aterrado y congelado, Tim se topó cara a cara con una sombra monstruosa y negra que se acercaba con un ritmo pausado. Después…, después ya no quedó brillo alguno en la noche.