Princesas

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«𝒴  ℯ𝓃𝓉ℴ𝓃𝒸ℯ𝓈,  𝓁𝒶  𝒹ℯ𝓁𝒾𝒸𝒶𝒹𝒶  𝓅𝓇𝒾𝓃𝒸ℯ𝓈𝒶  𝒹ℯ  𝓂𝒾𝓇𝒶𝒹𝒶  𝒾𝓃ℴ𝒸ℯ𝓃𝓉ℯ  𝓁ℴ𝓈  𝓈𝒶𝓁𝓋ó  𝒹ℯ  𝓁𝒶  𝒹ℯ𝓈𝓉𝓇𝓊𝒸𝒸𝒾ó𝓃».

«𝒴  𝒸𝒶𝓂𝒷𝒾ó  𝓁𝒶  𝒸ℴ𝓇ℴ𝓃𝒶  𝓅ℴ𝓇  𝓁𝒶𝓃𝓏𝒶𝓈,  ℯ𝓈𝓅𝒶𝒹𝒶𝓈  𝓎  𝓊𝓃  𝒶𝓇𝒸ℴ  𝓎  𝓁𝓊𝒸𝒽ó,  𝒹ℯ𝓇𝓇𝒶𝓂𝒶𝓃𝒹ℴ  𝓈𝓊  𝓈𝒶𝓃ℊ𝓇ℯ  𝒶𝓏𝓊𝓁  𝓅ℴ𝓇  𝓈𝓊  𝓅𝓊ℯ𝒷𝓁ℴ».

«𝒩ℴ  𝓃ℯ𝒸ℯ𝓈𝒾𝓉ó  ℯ𝓁  𝒷ℯ𝓈ℴ  𝒹ℯ  𝓃𝒶𝒹𝒾ℯ  𝓅𝒶𝓇𝒶  𝒹ℯ𝓈𝓅ℯ𝓇𝓉𝒶𝓇  𝒹ℯ  𝓈𝓊  𝒻𝒶𝓁𝓈ℴ  𝓈𝓊ℯñℴ.  𝒯𝒶𝓃  𝓈ℴ𝓁ℴ  𝒷𝒶𝓈𝓉ó  𝓋ℯ𝓇  𝓁𝒶  𝓇ℯ𝒶𝓁𝒾𝒹𝒶𝒹  𝓅𝒶𝓇𝒶  𝒹ℯ𝒸𝒾𝒹𝒾𝓇  𝓂𝒶𝓃𝒸𝒽𝒶𝓇  𝓈𝓊𝓈  𝓂𝒶𝓃ℴ𝓈  𝓎  𝓁𝓊𝒸𝒽𝒶𝓇  𝓅ℴ𝓇  𝓈𝓊  𝓈𝓊ℯñℴ».



Música: “Shadow Warrior” de Philipp Beesen (vía Youtube).

Gifs: Tumblr y Giphy

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Se querían, sabedlo

Él ya lo sabía.

Sabía que no había caminos de rosas sin espinas. Que no había luz sin oscuridad. Ni día sin noche. Sabía que la vida no era de ningún color. Que no había blanco ni negro. Ni existía el bien y el mal. Sabía que no había nada eterno. Que no había vida sin muerte. Ni soluciones perfectas. Sabía que no había sonrisas sin lágrimas. Que no había felicidad sin sufrimiento. Ni libertad sin sacrificio.

Sí, lo sabía. Lo aprendió en las miradas recriminatorias de la gente. En el rechazo de sus seres queridos. En la soledad envolvente. Lo aprendió en las preguntas sin respuesta. En las habitaciones vacías. En la cama desolada. Lo aprendió en la sangre. En las calles deshabitadas. En el miedo latente. Lo aprendió en la inmensidad. En la nada. En el vacío.

Pero también sabía otra cosa.

Sabía que no había una palabra fuera de tono sin un susurro entrecortado. Que no había cicatriz pintada en su cuerpo sin un beso delicado que la borrara. Ni tormenta que durara para siempre. Sabía que no había sangre derramada sin caricias que la recogieran. Que no había gritos hirientes sin silencios reparadores. Ni oscuridad tan densa que ocultara el brillo de sus ojos. Sabía que no había piel desgarrada sin un abrazo protector. Que no había lugar del que caer sin que su mano lo sujetara. Ni miedo sin algo que perder.

Lo sabía. Lo aprendió en las risas tontas. En el temblor de su cuerpo. En la calidez de una mirada. Lo aprendió en la torpeza de la primera vez. En el reconocimiento de la décima. En las respiraciones contenidas. Lo aprendió en la penumbra. En los más recónditos escondites. En el futuro incierto. Lo aprendió en los susurros en su oído. En las sábanas enredadas en sus cuerpos. En las noches infinitas. Lo aprendió a la luz del día. En la indiferencia. En un mundo nuevo entre sus brazos. Lo aprendió en los besos que detenían el tiempo. En los colores del aire. En el labio ajeno suspendido entre sus dientes.

Aprendió que el mundo no es comprensivo. Ni la vida justa. Pero aprendió a vivir a su lado. Aprendió a decir te quiero sin pensar en qué dirán. No tenía que enfrentarse a nadie. Solo tenía que quererlo a él.

Se querían, sabedlo.jpgInspirado en Se querían de Vicente Aleixandre.