«¿Cómo conseguisteis armonizar vuestra maravillosa música con el latido de mi corazón?»

The Tale of Genji

  • Título original: Murasaki Shikibu: Genji monogatarimurasaki_shikibu_genji_monogatari_the_tale_of_genji-657138489-large
  • Año: 1987
  • Duración: 110 min.
  • País: Japón
  • Dirección: Gisaburô Sugii
  • Guion: Tomomi Tsutsui (novela: Murasaki Shikibu)
  • Música: Haruomi Hosono
  • Reparto principal: Morio Kazama, Miwako Kaji, Reiko Tajima, Jun Fubuki, Megumi Yokoyama
  • Más información: IMDb, FilmAffinity

La historia cuenta la juventud de un príncipe y sus aventuras amorosas con las mujeres de la corte en las que buscará saciar su anhelo por una madre perdida.

Estamos ante una adaptación de la considerada como una de las primeras novelas modernas del mundo, aunque eso puede que sea lo poco que pueda llamar la atención de la película. Con un ritmo lento, diálogos muy líricos y unos personajes que apenas se distinguen entre ellos, el complejo sentimiento que presenta el protagonista casi pasa desapercibido (quizás con algo de complejo edípico): un abandono que despertará la lujuria incansable de un hijo que a veces olvida lo que verdaderamente ansía.

Mi puntuación: 13866573_1269687523076068_970961706_n13866573_1269687523076068_970961706_n13866573_1269687523076068_970961706_n

A partir de este momento puedes hacer una de estas acciones: preparar palomitas y ver la película o leer este relato inspirado en ella y que podría contener algún que otro spoiler.

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Hubo una vez un joven príncipe, hijo de una de las concubinas preferidas de un emperador, que perdió a su madre siendo apenas un infante. Sin la protección que una madre podría darle, el pequeño cayó en una maldición que lo atormentó hasta sus últimos días.

Los años pasaban lentos y sin piedad, haciendo al príncipe agonizar entre perfumes y delicias. Incluso el emperador llegó a sentir celos de su joven heredero y quiso en alguna ocasión apartarlo de su lado, procurando negarle el lugar que merecía en la nobleza.

Genji, que así se llamaba su alteza, no encontraba ninguna tranquilidad en su alma, un alma perturbada y condenada a una vida que nunca le llenaría, un alma perdida que ni las estrellas podrían iluminar su camino.

Al principio, solo eran aquellas que residían en los palacios familiares, pero más tarde, se fue extendiendo hacia otras partes, siendo así, que cualquier mujer noble o plebeya del imperio podía conocer su nombre.

Un nombre que embelesaba.

Un hombre que cautivaba.

El príncipe no podía ni suspirar en soledad sin que lo persiguieran para beber de la belleza que su fallecida madre había esculpido en él. Una belleza inhumana, perfecta, sagrada. Pronto, cualquiera que pasara a su lado, caía en su fatídico hechizo de seducción y honraba a los dioses del amor. No hubo noche alguna en la que durmiera solo.

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(Imágenes tomadas de FilmAffinity)

Se exasperaba cuando, maestro de las artes y la música, deleitaba al emperador con sus melódicas armonías en las fiestas de palacio. Todos se arrodillaban al escucharlo, todos se maravillaban con su sonido, todos se prendaban de su sombría mirada azabache, todos se extasiaban con sus frías manos de alabastro.

Y él no hacía más que romper sus instrumentos, hastiado de tal terrible poder.

Algunos llegaron incluso a provocar enfrentamientos de poder por querer robar el corazón del príncipe Genji. Un corazón maldito incapaz de amar que sufría de algo tan profundo que ni los más sabios lograron descifrar. Entre sedas, licores y pétalos de cerezo el joven bailaba a menudo esperando que algún demonio se lo llevase.

Pero aquella que cinceló y delineó cada sombra de su existencia, no lo permitiría nunca. Fruto de su ser, protegería aquello que sus brazos jamás podrían rodear. Ella, con su propia sangre derramada, maldijo a su propio hijo, al príncipe heredero, para vengarse de aquellos que le arrebataron la luz.

Una estrella apagada por un hechizo de seducción.

Ella creó al hombre al que todos amaron.

Y él vivió solo y sin corazón.

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«La peste trajo algo más que la muerte»

Resurrección

  • Título alternativo: Resurrectionresurrecci_n-578345548-large
  • Año: 2015
  • Duración: 100 min.
  • País: Argentina
  • Director: Gonzalo Calzada
  • Guion: Gonzalo Calzada
  • Música: Supercharango
  • Reparto principal: Patricio Contreras, Martín Slipak, Ana Fontán, Lola Ahumada
  • Más información: IMDb; filmaffinity; cinenacional

El argumento gira en torno a un joven sacerdote que, al volver a casa en la época de la fiebre amarilla,  es contagiado y se sumerge en auténticas paranoias, cuestionándose el pasado familiar, la muerte e incluso su propia fe.

Cuando una persona cae enferma y desesperada a esos niveles, se quebrantan hasta las creencias de un padre de la Iglesia, y esto lo podemos ver en ese final tan enmarañado que presenta la película. El suspense es continuo y divide la historia en dos partes: el regreso, el contagio, las dudas; la muerte, la verdad y aquello que realmente trajo la peste. La fe mueve montañas, en este caso, puede hasta «resucitar», aunque eso conlleve vivir maldito para siempre.

Mi puntuación: 13942261_1269687406409413_895346483_n13866573_1269687523076068_970961706_n13866573_1269687523076068_970961706_n

A partir de este momento puedes hacer una de estas acciones: preparar palomitas y ver la película o seguir leyendo a sabiendas de que podrías toparte con ciertos detalles que comúnmente llamamos spoilers.

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El joven Aparicio, preocupado por los rumores de una enfermedad mortal que arrasaba el norte del país, decidió regresar a la vieja mansión donde residía la poca familia que le quedaba. El viaje fue difícil, tormentoso y repleto de cadáveres y putrefacción.

Al llegar al hogar donde una vez pasó sus días más inocentes, la muerte fue la verdadera anfitriona. La enfermedad paseaba por los grandes pasillos que una vez acogieron a las familias más distinguidas. Los cuerpos sin vida se acumulaban en la casa al igual que en el camino de regreso. Los bienes más lujosos se consumían en el fuego que empleaban para defenderse del frío y la desaparición. Los rezos y súplicas solo entorpecían aún más la realidad.

Remedios, la pequeña, fue la última presa del dolor, quedando solo Aparicio, el sacerdote, el último superviviente. No pudo salvarlos. La desesperación abrazó su corazón y se preguntaba si él merecía un destino peor.

Dios los había abandonado…

…o, tal vez, no. A las pocas horas, Aparicio se encontraba de nuevo con sus seres queridos. ¿Qué clase de enfermedad era esa? Los cuerpos seguían descomponiéndose. ¿Resucitaban? Los llamaba. ¿Eran ellos? Los ojos negros y la mugre de sus caras decían no. ¿Qué pasaba? Todo difunto en la villa se levantaba; lo miraban fijamente. ¿Quiénes eran esos? Se acercaban lentamente sin más sonido que un jadeo.

El joven horrorizado corrió hacia los jardines, donde se topó con la niña. La llamó por su nombre; ella lo miró sin emoción alguna. Volvió a llamarla, acercándose rápidamente y zarandeándola con un intento pobre de volverla en sí. La pequeña solo respondió hincándole los dientes negros, devorando su alma, saboreando al vivo. La apartó de un empujón y gritó pidiendo auxilio a su hermano. O, tal vez, a Dios.

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(Imágenes tomadas de IMDb y cinenacional)

Los muertos vivientes avanzaban hacia él para terminar lo que la inocente Remedios había empezado. ¿Por qué estaba pasando eso? Olían el miedo, la sangre que desprendía la herida del sacerdote. ¿Estaban malditos? Corría asustado entre ruinas en busca de protección. Rezaba, lloraba, gemía de dolor.

Acorralado en un campanario, contagiado por la nefasta enfermedad y agotado moralmente, volvió a pedir clemencia. Antes de desmayarse, pudo contemplar a lo lejos a una mujer con vestido rojo que se abría camino entre los cadáveres resucitados a golpe de escopeta. Rezar a ella no le servía de nada.

«No he visto nada realmente bello desde que nací»

Onibaba

  • Título alternativo: The Demononibaba-427608668-large
  • Año: 1964
  • Duración: 103 min.
  • País: Japón
  • Director: Kaneto Shindô
  • Guion: Kaneto Shindô
  • Música: Hikaru Hayashi
  • Reparto principal: Nobuko Otowa, Jitsuko Yoshimura, Kei Satô
  • Más información: IMDb; ALLMOVIE; filmaffinity

La historia tiene como protagonistas a dos mujeres pobres que sobreviven a duras penas en una guerra que les devolverá un hombre que enturbiará la relación entre ambas y provocará que los demonios internos se hagan reales.

Un clásico de terror japonés que brilla por su carácter simbólico y metafórico. La guerra, la pobreza, el hambre, la muerte, la pérdida, el miedo, la ignorancia, el deseo… Todo ello desarrollado en una naturaleza enigmática e impetuosa que acompaña a los personajes en un ambiente bélico que muestra al ser humano en su más esencia primitiva. Sin duda, lo que más he disfrutado es el final oscuro que nos muestra la máscara endemoniada: pura fealdad humana.

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A partir de este momento puedes hacer una de estas acciones: preparar palomitas y ver la película o seguir leyendo a sabiendas de que podrías toparte con ciertos detalles que comúnmente llamamos spoilers.

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Un día, cuando mi hijo se lanzó a una lucha que no era suya, supe que jamás volvería a verlo. La esperanza se fue con él y mi fe murió en su último aliento. Quise alejarme de aquel violento espacio, pero mis años me pasaban factura y me tuve que quedar en aquellos campos de sueños rotos, ilusiones caídas y futuro sombrío. La que iba a ser esposa de mi hijo me acompañaba día tras día en la pobreza, en el hambre, en el asfixiante verano, en el humo y viento de guerra. ¿De qué viviríamos?

No fue hasta que vi mis manos envueltas en sangre cuando me percaté de que mi vida había caído en lo más bajo: estábamos en el mismo infierno. Matábamos a los soldados heridos y desorientados para vender sus armaduras a cambio de un poco de arroz. ¿Por supervivencia? Quizás.

Pero quizás purgábamos la culpa de la pérdida a través de los cadáveres de esos hombres fundados en sus trajes y espadas, corrompidos por el poder, el odio. Ladrones que arrebataban hijos, hermanos, padres, maridos, amigos a sus seres queridos. ¡Demonios, eso es lo que eran; demonios disfrazados de humanidad! Mi hijo no volvería pero, mientras me quedase un aliento de vida, me esforzaría por destruir a cada uno de esos seres que me habían arrebatado al fruto de mis entrañas.

Sin embargo, mi vejez me pesaba cada día más y la muchacha empezaba a temer lo peor. ¿Cuántos años tenía por aquel entonces? No lo recuerdo. El hedor de muerte manchaba mis carnes y por cada vida que quitaba, yo me hacía un año más vieja. Me miraba en el reflejo del agua y no podía reconocer a la persona que yacía ahí plantada. Pálida, flacucha, sucia, deforme, repugnante, horripilante, engendro. ¿Quién era esa que allí estaba? Yo…, yo me había convertido en un monstruo al igual que ellos, en un demonio. El mismo infierno se atrevió a castigarme por matar a los hombres que me arrebataron al que yo más apreciaba.

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(Imágenes tomadas de IMDb)

— ¿Se convirtió en demonio, abuela? ¿En un demonio malo?

— ¿Es que hay demonios buenos, pequeño?

— Abuela, ¿por qué le cuenta esas historias de miedo inventadas? Acabará creyendo en ellas… Debe contarle la verdad: que usted huyó con su hijo y conmigo al otro lado del país cuando comenzó la guerra.

— Es cierto. Pero una parte de mí se quedó en nuestra granja, aquella granja… Esa es la que se endemonió y sigue aún devorando hombres sin saciar su alma.