Para mi amigo fiel: nos volveremos a ver

Me siento en el tranco del patio. Cierro los ojos y te imagino corriendo, ladrando, jugando, durmiendo en tu canasto al sol, o simplemente escucho tus pisadas acercándote a mí, sentándote a mi lado, como muchas veces has hecho, apontocando la cabeza en mi pierna. Sin embargo, al abrirlos, lo único que encuentro es la soledad y un espacio vacío, sin nada de vida. Es entonces cuando clavo mis ojos en ese arriate que tengo justo enfrente y, sin poder evitarlo, caen dos lágrimas por mis mejillas mientras me tiemblan los labios. Pronuncio tu nombre, como si de un mantra se tratase, cada vez con más desesperación, rompiéndome con cada sílaba más por dentro… pero el silencio es mi única respuesta. Y pregunto de nuevo por qué, por qué a ti, por qué tan de repente, y empiezo a gritar internamente, tapándome la cara. Jamás pensé que llegaría este momento. Me maldigo una y mil veces por no haber pasado más tiempo contigo. Siento como si estos dieciséis años hubiesen sido un sueño del cual me hubiesen despertado de repente, volviendo a un infierno de soledad y silencio.

Mis dedos se mueven y, sin quererlo, mis ojos se vuelven a clavar en ese arriate y susurro tu nombre. Es en ese momento es cuando escucho un ladrido desde el fondo de mi mente. Aparto las manos y me pongo en pie, manteniendo la mirada fija en el mismo punto.

—¿Me esperarás? –pregunto, conteniendo el aliento.

Y es entonces cuando te veo. Estás parado en frente y me miras, moviendo el rabo me ladras, me das la espalda y empiezas a correr, alejándote, dejando un camino de color café con leche y luego más blanco delante de mis ojos, esperando que algún día yo lo recorra.

Sin embargo, esa ilusión se esfuma, y vuelvo a ver ese arriate donde antes estabas posado. Me vuelvo a romper por dentro, sintiendo un dolor que recorre cada fibra de mi piel y se instala para siempre. La cadena que aflige mi corazón se aprieta un poco más, pero esta vez, sonrío, mientras rompo a llorar de nuevo.

—Nos volveremos a ver.

Anuncios

¿Qué peli es?

¿Dónde podríamos encontrar esto? ¿Sabrías decir a qué película pertenece?

 

Sin título.png


Pesadilla antes de Navidad

Título original: The Nightmare Before Christmas

Año: 1993

Duración: 75 min.

País: US Estados Unidos

Dirección: Henry Selick

Guion: Caroline Thompson, Michael McDowell (Historia: Tim Burton)

Música: Danny Elfman

Fotografía: Pete Kozachik

Reparto: Animación

Productora: Touchstone Pictures, Skellington Productions, Tim Burton Productions

Género: animación, fantástico, musical, romance, terror, comedia de terror, monstruos, Halloween, Navidad, stop motion, película de culto, 3-D, animación para adultos

Más información: filmaffinity

Halloween siempre ha sido mi fiesta favorita, y le tengo especial cariño por cómo la celebraba cuando era más joven (decorábamos toda una habitación con esta temática, comíamos y veíamos pelis). Pero, Pesadilla antes de Navidad siempre ha hecho que quiera viajar a ese mundo para poder disfrutar del espíritu Halloween por todo lo alto.

Jingle Bells

Por fin había llegado la gran noche en la que ese señor de pelo blanco surcaba el cielo en su trineo y se metía en las casas de la gente por la chimenea, dejando los regalos bajo un pino decorado. La calle estaba iluminada por las luces de las farolas que proyectaban grandes sombras en el suelo bajo el silencio de la noche, y también dejaron ver las gotas de sangre que dejaba un hombre mientras arrastraba un pequeño saco por el asfalto.

Jingle bells, jingle bells, jingle all the way –cantaba con voz grave y de una forma entrecortada, entrando en el porche de la casa.

Se asomó por la ventana, observando el árbol en el salón, sin ningún rastro aún de regalos bajo sus ramas. Durante unos instantes se quedó quieto, pensando si debería entrar o no. Su parte racional le decía que se largase de allí y volviera a encerrarse en su casa, allá donde la nieve limpiara sus huellas y su acto de locura.

christmas-christmas-tree-holiday-xmas-Favim.com-1474970

—Pero es Navidad –susurró, enfocándose en su propio reflejo que proyectaba la ventana: su tez pálida contrastaba con los arañazos llenos del líquido carmesí que le caían por su rostro, manchando la barba postiza de color blanco que se había puesto–. Tengo que cumplir con mi misión, sí, eso es.

Con mucho cuidado de no hacer ruido, abrió la ventana y se coló sigilosamente en el interior. Miró aterrado a su alrededor, esperando que la familia hubiese notado la intrusión en su morada… pero solo recibió por respuesta el silencio. Llevó su mano derecha al bolsillo de su abrigo rojo, volviendo a leer aquella simple frase que la niña que vivía en esa casa había escrito:

Querido Papá Noel, este año me he portado bien, por lo que quiero un hermanito.

Volvió a guardar la carta en el bolsillo y se acercó al árbol de Navidad. Abrió la bolsa y depositó el tan ansiado regalo de esa niña en el suelo. Sonrió, estaba satisfecho por el gran trabajo que había hecho, sin importar aquel rastro de líquido escarlata que manchaba ahora el suelo.

Por la mañana, la niña, emocionada, entró en el cuarto de sus padres, anunciando que Papá Noel le había traído su regalo. Ambos se miraron, sin entender muy bien a qué se refería, a la vez que se llevaron las manos a la cabeza, pues se les había olvidado por completo poner los regalos bajo el árbol.

—¿A qué te refieres con lo del regalo? –preguntó el padre, poniéndose las gafas.

—Venid, vamos al salón.

Los padres siguieron a la pequeña que corría escaleras hacia abajo, entrando sin perder ni un segundo en el salón. Cuando los padres llegaron, ahogaron un grito. Allí, delante del pie del árbol de Navidad, estaba su hija abrazando a un niño pequeño manchado de sangre y sin vida.

—¿A qué es genial? –preguntó la pequeña, manchándose de sangre –. Papá Noel me ha traído un hermanito, tal y como se lo pedí.

Los padres miraron horrorizados la escena mientras de fondo, en la calle, se escuchaba aún el eco de una canción tatareada: Jingle bells, jingle bells, jingle all the way.

 

Fuente: Google Imágenes

Equilibrium

You jump into the void.

That is what you have done your whole life, but you are tired.

You are tired that everything goes wrong while you are walking in zigzag on a thin spider web. If you take a step too soon, everything falls. If the thin thread breaks, everything falls. . Still, you cling to it, believing that it is more a memory than a reality, wondering what your destination is.

Then, you stop and look around. You do not see anything. You are alone. Because, while you were trying to keep your direction, everything has been destabilized. And it leaps into the void before you, like pieces of broken ice becoming into a downpour.

You walk further, but your legs tremble. In that huge void surrounded by silence and darkness, you wonder when you listened to your last heartbeat. And what about the first one? You never realized it when you were alive. You never thought that it could stop. You just keep your way without thinking in nothing else.

Now, it rains. It rains everywhere. But you do not know how to remember the sound of the water. And it falls, with everything that you are, with everything that you were and with what you will never be.

You immerse yourself in the gold rain, you look up and two swords pierce your eyes: the reality. It wakes you up, scratches your face and burns you. You stand there, bleeding and in silence. You are burning; the water burns you and drowns you. The smoke fills your lunges, you breath the dust that is in the air.

You lose yourself within it. It buries you. And you finish even when you have not yet started.

spider-web-1596739_1920

Tictac, tictac

El sonido del ascensor rompió el silencio, indicando que por fin alguien la iba a visitar. No pudo evitar reír un poco, sintiendo un cosquilleo en su interior. Miró hacia la puerta, que se abría en ese momento, dejando ver a un hombre algo desorientado.

—Bienvenido. Por favor, pasa y siéntate.

¿Qué sería esta vez? Sonrió ampliamente, dejando ver sus dientes blancos, provocando que un escalofrío recorriera el cuerpo de ese hombre. Sabía que quería huir, podía oler su miedo, algo que solo le divertía más.

—¿Quién eres tú? ¿Dónde estoy? –la voz del hombre tembló, haciendo que se echase a reír.

—Tictac, tictac –respondió en su lugar, llevándose las manos a las mejillas, clavándose las uñas, arrancándose la piel.

El hombre gritó al ver a aquella niña, vestida entera de blanco, desgarrándose la cara. Se dio la vuelta, dispuesto a volver por donde había venido, aunque no supiera exactamente cómo había llegado a ese lugar. Él estaba en un centro comercial con su mujer, había tomado el ascensor para bajar al parking… ¿qué hacía allí? ¿Qué era ese lugar?

Por más que le daba al botón del ascensor, este no funcionaba. Se volvió, temblando, dispuesto a encontrar otra salida. La niña seguía allí, sentada encima de lo que parecía la barra de un bar, mirándolo con los ojos desorbitados, la sangre cayendo por sus mejillas, mostrando aquella sonrisa siniestra. Miró a su alrededor, dándose cuenta de que  no había ninguna puerta más, salvo la del ascensor. Estaba atrapado.

—Tictac, tictac –volvió a decir la niña.

—¿Quién eres?

—¿Juegas? Tictac, tictac –la niña volvió a echarse a reír, alzando su brazo, señalando una ruleta que había a su lado.

El hombre, aterrorizado, negó con la cabeza. La niña ladeó la cabeza, sin borrar la sonrisa. Con su pequeño dedo, indicó que mirase hacia el techo. Y así lo hizo. Miró hacia arriba y entonces gritó. No había techo, tan solo oscuridad de la cual caía un péndulo que acababa en una cuchilla demasiado oxidada y manchada de algo seco, con color escarlata. El péndulo bajó un poco, haciendo que el hombre se pegase a la pared, queriendo huir, pero este parecía que sabía todos sus movimientos y solo apuntaba hacia él.

—Si te niegas, el péndulo cae, tictac, tictac.

La niña se echó a reír y puso sus brazos en cruz, enseñando en ese momento lo que había tras de ella: cientos de cadáveres cortados.

—Déjame ir, por favor –suplicó el hombre, haciendo que la risa de la niña se intensificara.

—¿Juegas? El péndulo sigue bajando a cada segundo que pasa, el tiempo es oro, tictac, tictac.

Y así lo hizo. El hombre acabó sentándose en un taburete, intentando no mirar a todos aquellos muertos que había detrás de la niña, queriendo retener las lágrimas, temblando de arriba abajo. Se fijó en la ruleta que tenía delante, pues no era normal. No tenía números ni había colores, tan solo había dibujos de partes del cuerpo o simplemente partes en blanco.

La niña le dio una pequeña bola de color blanco para que la tirase.

Sus ojos se posaron por unos instantes en las botellas de licor que había detrás de la niña, de repente se dio cuenta del contenido en los interiores: órganos humanos. El hombre cogió la bola, asqueado por la visión, la observó durante un segundo, el tiempo suficiente para darse cuenta de que se trataba de un ojo humano. Inmediatamente, la soltó, cayendo sobre la ruleta.

—¿De qué se trata todo esto? –preguntó, limpiándose la mano en sus pantalones mientras la niña seguía con sus ojos cada movimiento de la ruleta.

El ojo acabó posándose en algo que parecía un estómago. La niña lo miró durante unos segundos. Se acercó a él, quien intentó escapar pero su cuerpo no le respondía.

—Así que le eres infiel a tu esposa. De hecho, nunca la quisiste, solo fue un matrimonio de conveniencia. No puedes dejarla porque trabajas para su padre.

El hombre estaba demasiado sorprendido cómo para darse cuenta del cuchillo que tenía la niña en la mano, hasta que este se clavó en su estómago. Una, dos y hasta tres veces, mientras la niña no paraba de reír. Gritó, pidió ayuda, pero allí solo estaban él, la niña y el péndulo, que estaba cada vez más cerca.

—Esta vez, tiraré la bola por ti –dijo la niña, levantándose y dejando al hombre en el suelo, que se arrastraba dejando un rastro de sangre a su paso.

Volvió a escuchar el sonido de la ruleta. Tenía que salir de allí, el ascensor tenía que funcionar, no quería morir ahí.

—¡Un corazón! ¡Ha salido el corazón! –gritaba la niña emocionada. El hombre la miró, llevándose una mano a la herida de su estómago. La niña sonreía, cogiendo el cuchillo de nuevo, clavando sus ojos negros en él. – Lo añadiré a mi colección.

El hombre volvió a gritar.

Abrió los ojos, sintiendo su cuerpo bañado en sudor. Se incorporó en la cama del hotel donde yacía su amante también. Había sido una pesadilla. Se llevó las manos a la cabeza, sintiendo su corazón latir con fuerza en su pecho. Respiró varias veces, intentando tranquilizarse. Fue entonces cuando se dio cuenta de un dolor punzante en su estómago. Miró y la sangre llamó su atención.

—Tictac, tictac.

Allí, sentada en una silla, había una niña pequeña vestida de blanco, con un cuchillo manchado de sangre en la mano, mirándolo con los ojos a punto de salirse de sus órbitas y sin perder la sonrisa. El hombre no tuvo tiempo de reaccionar, pues antes de que pudiera gritar, el péndulo cayó del techo, poniendo un punto y final a su vida.

La niña observó aquel corazón que ya no latía y que se había unido a su nueva colección. Movía sus piernas en el aire mientras tatareaba una canción. El sonido del ascensor le avisó de que tenía un nuevo cliente.

Sonrió, ansiosa por jugar de nuevo a su juego favorito.

 

** Este relato está inspirado en el anime Death Parade.

The last act of kindness

He gave up rowing, and the boat was being rocked by the river, driving him without direction. His eyes looked at the dark waters while he wondered why he had to give up for fighting for his life. His mother’s smile started to invade his memories, his father’s laughs started to be listened over the sound of the water… why had he done that? He tried to look for an answer, but he was not able to find it.

He raised his sight, hopeless, looking at the empty edge. He remembered when he opened his eyes for the first time and found himself in a place like that. He remembered the doubts and the fear… how long it had been since he was there? A suddenly he felt an impulse, and he started to row in order to arrive at the edge. He needed to walk on land. He needed to be in a place that was not that cave guarded by Cerberus. He could not help but feel relief when he was out of the boat.

the_river

He started to walk, leaving behind the boat, wanting to forget the work that he was obligated to accept. Was peace really hard to find? That meant to be dead, right? He sighed, knowing that all those questions did not have answers. So, he kept walking on the edge, with the sound of the water surrounding him. Nevertheless, a big rock called his attention. He got close to it, realizing the thousands of lines that were on it. He touched it, noticing the rugosity.

«Are you interested in the meaning of the lines?»

He startled at the sound of that voice behind him. He turned back, finding a young man out who smiled and was taller than him. The boy got closer, took a stone and drew another line on the rock.

«Each line represents a day. I do this in order to count the days since I arrive here».

«Caronte has not come yet?»

«You are in Cocytus, the people that you find in this river are those who do not have the amount of money in order to pay Caronte».

Suddenly, he understood the situation. He looked at him again, realizing how his face looked like it was dead. The young man smiled again, squeezing the stone in his hand.

«Wandering for eternity is not as bad as it sounds».

However, he did not believe him. His voice sounded sad. Too sad. His smile did not show any kind of happiness, in fact, it was full bitterness. The young man sat, putting his back on the rock, hugging his long legs, staring Cocytus’ river.

«I do not care if I have to wander eternally… There are worse punishments than this, like forgetting who you are, isn’t it? At least, I know who I am and who I was. I have my own memories that are by my side, no matter what… There are a lot of people who are condemned to star at Lethe’s river, do you know what it means? Oblivion. If you drink of its waters, you forget who you are… No. It is not so bad to stay here».

Why had people to stay here, wandering, just because they did noy have a coin? That was something that he could not understand. Perhaps death did not turn people into equals.

«I can help you. I can take you there so you can put an end to everything».

Suddenly, he was again on the boat, rowing with that guy who looked at the edge while his hands squeezing the stone. And, for the first time since he came to the Underground, he smiled. Finally, he felt that he was doing something good. What could be wrong with that?

Image by nighty