Espesura de anémonas

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No hay tiempo.

¿Lo escuchas? Tu corazón late acelerado, furioso, frenético, mucho más rápido que el tictac del reloj. Ahogas un segundo en su boca, y otro más. Las horas se esparcen como una lluvia de pétalos de rosa. Se deshacen a tu alrededor, caen al suelo y se marchitan. Tus manos dibujan un caótico cuerpo, se funden en una piel que no es la tuya. Pero el tiempo no se detiene cuando tus ojos se toman un segundo para mirar el amor, que lleva su nombre.

El reloj grita como una alarma de incendios.

Quémale la ropa, funde su piel, envuélvela con el fuego de tus brazos. No escuches los pasos de esos minutos perdidos en la torpeza de tus dedos. Céntrate en ella, que se ríe joven y preciosa, esperando que le digas todo lo que quiere escuchar. No te calles, no te refugies en el silencio. ¡Grita más fuerte que el tiempo! Deja salir esa llama que te abrasa la piel antes de que te incendie el alma. No esperes a mañana…

Quizás ya no hay un mañana.

Todo se apaga. En la penumbra refulgen sus ojos como dos luces. Tus manos la siguen acariciando, cada día, cada noche, cada año. Su piel ya no es lisa, su risa no es ansiosa, su cuerpo no tiembla ante el roce desconocido. Ya no hay prisa, y te preguntas cuánto tiempo te has detenido en besar sus labios. ¿Cuándo ha nevado sobre sus cabellos? No importa, tus manos la siguen amando, tus ojos siguen susurrando las palabras que tú no liberas y se cierran, porque reconocen cada rincón que recorren a ciegas tus dedos.

Y tu corazón sigue latiendo por ella.

Hasta el último latido lleva su nombre.

bloom-1846200_1920Inspirado en Soneto de la Guirnalda de rosas, de Federico García Lorca.

«Soneto de la Guirnalda de rosas», Federico García Lorca

¡Esa guirnalda! ¡pronto! ¡que me muero!

¡Teje deprisa! ¡canta! ¡gime! ¡canta!

que la sombra me enturbia la garganta

y otra vez y mil la luz de enero.

.

Entre lo que me quieres y te quiero,

aire de estrellas y temblor de planta,

espesura de anémonas levanta

con oscuro gemir un año entero.

.

Goza el fresco paisaje de mi herida,

quiebra juncos y arroyos delicados.

Bebe en muslo de miel sangre vertida.

.

Pero ¡pronto! Que unidos, enlazados,

boca rota de amor y alma mordida,

el tiempo nos encuentre destrozados.

«La peste trajo algo más que la muerte»

Resurrección

  • Título alternativo: Resurrectionresurrecci_n-578345548-large
  • Año: 2015
  • Duración: 100 min.
  • País: Argentina
  • Director: Gonzalo Calzada
  • Guion: Gonzalo Calzada
  • Música: Supercharango
  • Reparto principal: Patricio Contreras, Martín Slipak, Ana Fontán, Lola Ahumada
  • Más información: IMDb; filmaffinity; cinenacional

El argumento gira en torno a un joven sacerdote que, al volver a casa en la época de la fiebre amarilla,  es contagiado y se sumerge en auténticas paranoias, cuestionándose el pasado familiar, la muerte e incluso su propia fe.

Cuando una persona cae enferma y desesperada a esos niveles, se quebrantan hasta las creencias de un padre de la Iglesia, y esto lo podemos ver en ese final tan enmarañado que presenta la película. El suspense es continuo y divide la historia en dos partes: el regreso, el contagio, las dudas; la muerte, la verdad y aquello que realmente trajo la peste. La fe mueve montañas, en este caso, puede hasta «resucitar», aunque eso conlleve vivir maldito para siempre.

Mi puntuación: 13942261_1269687406409413_895346483_n13866573_1269687523076068_970961706_n13866573_1269687523076068_970961706_n

A partir de este momento puedes hacer una de estas acciones: preparar palomitas y ver la película o seguir leyendo a sabiendas de que podrías toparte con ciertos detalles que comúnmente llamamos spoilers.

   ♦♦♦


El joven Aparicio, preocupado por los rumores de una enfermedad mortal que arrasaba el norte del país, decidió regresar a la vieja mansión donde residía la poca familia que le quedaba. El viaje fue difícil, tormentoso y repleto de cadáveres y putrefacción.

Al llegar al hogar donde una vez pasó sus días más inocentes, la muerte fue la verdadera anfitriona. La enfermedad paseaba por los grandes pasillos que una vez acogieron a las familias más distinguidas. Los cuerpos sin vida se acumulaban en la casa al igual que en el camino de regreso. Los bienes más lujosos se consumían en el fuego que empleaban para defenderse del frío y la desaparición. Los rezos y súplicas solo entorpecían aún más la realidad.

Remedios, la pequeña, fue la última presa del dolor, quedando solo Aparicio, el sacerdote, el último superviviente. No pudo salvarlos. La desesperación abrazó su corazón y se preguntaba si él merecía un destino peor.

Dios los había abandonado…

…o, tal vez, no. A las pocas horas, Aparicio se encontraba de nuevo con sus seres queridos. ¿Qué clase de enfermedad era esa? Los cuerpos seguían descomponiéndose. ¿Resucitaban? Los llamaba. ¿Eran ellos? Los ojos negros y la mugre de sus caras decían no. ¿Qué pasaba? Todo difunto en la villa se levantaba; lo miraban fijamente. ¿Quiénes eran esos? Se acercaban lentamente sin más sonido que un jadeo.

El joven horrorizado corrió hacia los jardines, donde se topó con la niña. La llamó por su nombre; ella lo miró sin emoción alguna. Volvió a llamarla, acercándose rápidamente y zarandeándola con un intento pobre de volverla en sí. La pequeña solo respondió hincándole los dientes negros, devorando su alma, saboreando al vivo. La apartó de un empujón y gritó pidiendo auxilio a su hermano. O, tal vez, a Dios.

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(Imágenes tomadas de IMDb y cinenacional)

Los muertos vivientes avanzaban hacia él para terminar lo que la inocente Remedios había empezado. ¿Por qué estaba pasando eso? Olían el miedo, la sangre que desprendía la herida del sacerdote. ¿Estaban malditos? Corría asustado entre ruinas en busca de protección. Rezaba, lloraba, gemía de dolor.

Acorralado en un campanario, contagiado por la nefasta enfermedad y agotado moralmente, volvió a pedir clemencia. Antes de desmayarse, pudo contemplar a lo lejos a una mujer con vestido rojo que se abría camino entre los cadáveres resucitados a golpe de escopeta. Rezar a ella no le servía de nada.

«Hasta tuvo el cuidado de sacudir con la mano la tierra que le quedó en las tripas»

¿Qué libro es?

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Título: Crónica de una muerte anunciada (y que no se evitó)

Autor: Gabriel García Márquez

Año: 1981 (pues 36 años tiene ya…)

Género: novela policial

 

¿Te interesa?

Casi todos nos hemos leído este libro por obligación gracias a los profes del instituto. No hay nada peor que leerse un libro en contra de nuestra voluntad. No sé vosotros, pero a mí me pasa que empiezo el libro con cierta hostilidad y no lo juzgo con justicia.

Su autor, García Márquez, al que todos vemos como un tierno abuelillo, es un gran escritor con muchas obras que merecen la pena leer y releer. Tengo en tareas pendientes su obra cumbre Cien años de soledad (sí, aún no me la he leído, pero lo haré) y espero que algún día os pueda contar mis impresiones por aquí.

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Quiero decir con esto que os animo a leerlo de nuevo sin las presiones de clase ni de profesores pedantes, ¡por gusto! Y ya veréis que os gustará mucho más que la primera vez.

Vamos a ponerlo verde:

Sólo por el título se intuye el final: alguien va a morir y posiblemente sea el protagonista. Está ambientado en una sociedad un poco arcaica donde el honor es lo fundamental (que conste que me encanta todo lo que acarrea la defensa de la honra, pero sólo en la ficción, claro).

Para no variar, la semilla de todos los problemas es una mujer que no llega virgen al matrimonio, siendo repudiada por su marido en la noche de bodas. Sus hermanos le piden explicaciones y ella culpa al pobre Santiago Nasar de ello, que muere a manos de estos gorilas.

¿Cómo es posible que, sabiéndolo todos, nadie lo impidiera? Qué pena me da el pobre Santi con el cual se simpatiza desde el principio (a lo mejor porque la historia la cuenta su amigo, jejeje). El caso es que, sabiendo de su muerte ya por el título, me tiré toda la novela pensando que no iba a morir y todo porque no quería que se lo cargasen.

El colmo es que Ángela Vicario (que así se llama la desvirgada antes de la boda) no confirma que fuese Nasar el que le robó su tierna flor y, para mi indignación, ¡nos quedamos con la duda!

Sin duda, lo que no tiene desperdicio son los segundos antes de la muerte del pobre protagonista: se describe su estado con un realismo mágico muy gore que pone los pelos de punta…

Puntuación:

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El embarazo de una estrella

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Valquirias de terciopelo con larga cabellera,

estrecha cintura y ojos prietos azul agua.

Guerreras afiladas como águilas

y truenos que atornillan sus labios.

.

Guerreros iluminados por el oro solar,

recubiertos de pechos de acero.

Dioses curtidos en batallas lunares.

Impíos, calcinaban a sus enemigos.

.

Vírgenes hasta el desfloramiento

de los guerreros de fuego de Odín

que surcan universos por rozarlas.

.

Esta es la historia de Gardelia y Marmo.

La primera, nacida de los truenos,

el segundo, de las cenizas de la muerte.

.

Gardelia era fuerte como una roca,

insalvable y salvaje como una rosa,

valiente y hermosa como un tigre.

.

Marmo, de mirada imperial,

 consumía montañas,

atracaba tempestades

y lideraba los infiernos.

.

Las estrellas tejieron e hicieron crecer

el fulgor del amor carnal y violento

en sus vientres.

.

Gardelia, orgullosa como una pantera.

Marmo sediento por devorarla.

.

Se perseguían.

.

Cada encuentro suponía el fuego eterno

entre desesperados gritos vikingos.

Los nueve mundos se destruían ante ellos.

.

Marmo la poseía con fuerza sobrehumana.

Se postraba ante ella.

Gardelia se retorcía entre la miel

que caía de sus senos.

.

Se sometieron.

.

Se amaron frente a los dioses.

.

Se pertenecían.

.

Fueron engañados.

en forma de lengua de plata.

.

Devastaron barcos,

libraron batallas de sangre.

.

Los dioses los abandonaron.

.

Fueron desterrados

y condenados a una vida mortal.

.

Fruto de su amor sobrehumano

nació una estrella,

condenada a ser la más bella

del firmamento.

.

De ojos oscuros casi etéreos,

violáceos sus labios,

como un espectro de fuego

sus cabellos.

.

La envidia maldijo a la belleza.

.

Desobedecieron a las maldiciones.

.

Alzaron la tormenta, el trueno

y la cólera del halcón.

.

El cielo se volvió

del color de la violencia.

.

Marmo perdió un brazo,

le entregó su corazón a Gardelia

mientras agonizaba.

.

Gardelia suplicó clemencia a los dioses.

.

No fue escuchada.

.

Marmo, con amor en los labios,

 sucumbió con su nombre en la garganta.

.

Gardelia le entregó su vida.

 Se postró ante él.

.

Su unión permanece

en la bóveda celeste,

brillando con una intensidad que ciega,

protegiendo a los amantes devotos

que su vida entregan.

 

Fuente: Youtube

Ella

Ella quería volar; extender los brazos, sentir el cabello balanceando a su espalda y dejarse caer desde la nube más alta. Viajar por el cielo, atravesar las estrellas, tocar la luna con la punta de los dedos. Dejarse la garganta con gritos de júbilo y risas dulcificadas que encendieran pequeñas luces estelares en la noche penumbrosa. Y no caer nunca. Volar sin destino, ni tiempo, ni límites. Simplemente sentir.

Pero ellos querían atarla, hacerle agachar la cabeza y escuchar sus voces rebotando en las cuatro paredes de su cárcel. Querían enjaularla en un uniforme, entre llamas que nunca se extinguían y quemaban cada vez más. Querían apagar todas sus luces para que no pudiera ver nada y gritar tan fuerte que su voz no se escuchara. Querían empequeñecerla, enterrarla en el subsuelo y romper sus huesos para que nunca volviera a levantarse.

Ellos querían destruirla. Apuntaban armas contra ella e intentaban romperle el corazón. Borraban sus sueños con un paño sucio y pintaban lágrimas en sus mejillas sonrosadas. Machacaban sus ilusiones delante de sus ojos. Y se reían de ella si caía, porque ellos nunca habían sabido cómo levantarse.

Ellos querían conquistarla. Apresarla entre sus brazos y arañarla con sus dientes. Marcar un nuevo territorio en su piel. Proclamar una nueva victoria que llevara su nombre. Ellos querían vestirla y pintarla como a una muñeca, hacerse dueños de su tiempo y de su vida, que los quisiera como si lo merecieran porque sus ojos se habían posado en sus piernas.

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Pero ella era algo más que un corazón roto y un puñado de sueños incumplidos. Era mucho más que unas piernas largas y esbeltas, o un cuerpo escondido en un precioso vestido rojo. Ella tenía los pies en la Tierra mientras pensaba en cómo volar por encima de las nubes. Y antes de que ellos se dieran cuenta, ella bailaba y cantaba, alegre y risueña, sobre sus cabezas.

Ella volaba cada día por encima de su nombre. Caminaba de puntillas sobre las ramas de los árboles. Y fingía que las nubes se deshacían entre sus manos. Miraba hacia arriba, siempre hacia arriba, para no ver que sus pies se posaban en el suelo. Vivía y sentía como si flotara en el aire. Los obstáculos eran los cuerpos celestes que se cruzaban en su camino.

Y ellos… ellos solo eran minúsculos puntos sin rostro que nunca podrían alcanzarla.

Felices fiestas

Con motivo de la llegada de la Navidad y las comilonas en la casa de la señora Weasley, nos es imposible apartarnos de las empanadas, postres y grageas de todos los sabores (alguien pilló una de calcetines sucios…).

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(Gif tomado de GIPHY)

Volveremos a estar en activo a partir del 9 de enero, cuando se nos pase el efecto de la mezcla de la cerveza de mantequilla con el jugo de calabaza.

Merry Christmas and Happy New Year! We’ll come back on 9th of January!

Felices fiestas ∼ El equipo de Merodeadoras noctámbulas

La sonrisa más bella del mundo

Su sonrisa desprendía tanta magia

como el misterio de sus ojos verdes.

Esa luz de diciembre que nació dos veces

y que me vio respirar por primera vez.

Tú has encendido tantas noches

con tu lámpara de los deseos,

has sostenido todo un universo,

perfumado los recuerdos

y afilado el mundo con tus cuentos.

Tú que has luchado contra cientos de ejércitos

y dragones volantes

sin ninguna herida.

Y has remendado noches de desvelo

para calmar mi miedo.

Tú, que te has partido las entrañas

por verme sonreír.

Yo, que he nacido para quererte.

Que das tu vida por mí

y el aliento.

Y me abarcas en abrazos indescriptibles

que salvan y alimentan.

Yo doy mi existencia por ti

y cuento las vidas donde seguirás siendo mi mitad.

Donde tu luz brille con intensidad

y sigas existiendo en cualquiera

que te recuerde:

como el hombre con la sonrisa más bella del mundo.

Tu sonrisa debe durar mil años,

mil años siendo mi padre.

Mil años siendo eterno.

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Ice

Today, as every morning, you ask me the same question: who are you? Who am I? I would like to laugh in your face: with that gaunt face, lazy eyes and crooked lips. You, with your dirty clothes of the last night, shuffling and blurred vision, you ask me who I am. I should be the one who asks. What would you answer me? Would you recognize yourself? I know that sometimes you even do not remember your name.

But you do not know who I am, you are not interested in remembering me. You are not interested in looking back, in reliving failed dreams, the shed tears, the heartbreaking shouts, and the forgotten loneliness. You prefer to drown yourself in a clinking glass with tow ices, to pretend that you have fun with boisterous laughs and to sleep soundly in the nights, on the floor or in the bed, in a house that it is not your home. Because you have lost everything. You have lost me.

Don’t you care? No, you do not care because you do not know me. You do not know that I am able to tie a rope around your neck or to aim the gun to your head. I have the courage that you do not. For that reason, you have forgotten me.

I, with the well-dressed tie, with the perfect shirt, with a sincere smile, I look at you every morning and reproach you what you have become. Because in some place under your skin, I am still important to you. After all the wasted nights, the clarity comes, the oasis in the desert, the chair in which you rest your feet in order to not drown yourself, the deflected bullet that does not reach its destination. And there, there we are, facing each other, trying to recognize us, wondering in what we have become.

Because you always wanted to be me and I never bore to be you. For this reason, you have forgotten me; for this reason, I never give up.

Who are you?, you will wonder every day facing the mirror. And you will never find the answer. Because both, you and I, are lost in the time. Just look at yourself, look at me. Who is who? Look at us: we are pathetic.

It does not matter the answers. You will remember me just an instance every morning. Then, when the night comes back, I will be just a drop more in your melted ices.

Inspired in the poem Contra Jaime Gil de Biedma, by Jaime Gil de Biedma.

«No he visto nada realmente bello desde que nací»

Onibaba

  • Título alternativo: The Demononibaba-427608668-large
  • Año: 1964
  • Duración: 103 min.
  • País: Japón
  • Director: Kaneto Shindô
  • Guion: Kaneto Shindô
  • Música: Hikaru Hayashi
  • Reparto principal: Nobuko Otowa, Jitsuko Yoshimura, Kei Satô
  • Más información: IMDb; ALLMOVIE; filmaffinity

La historia tiene como protagonistas a dos mujeres pobres que sobreviven a duras penas en una guerra que les devolverá un hombre que enturbiará la relación entre ambas y provocará que los demonios internos se hagan reales.

Un clásico de terror japonés que brilla por su carácter simbólico y metafórico. La guerra, la pobreza, el hambre, la muerte, la pérdida, el miedo, la ignorancia, el deseo… Todo ello desarrollado en una naturaleza enigmática e impetuosa que acompaña a los personajes en un ambiente bélico que muestra al ser humano en su más esencia primitiva. Sin duda, lo que más he disfrutado es el final oscuro que nos muestra la máscara endemoniada: pura fealdad humana.

Mi puntuación: 13942261_1269687406409413_895346483_n13942261_1269687406409413_895346483_n13866573_1269687523076068_970961706_n

A partir de este momento puedes hacer una de estas acciones: preparar palomitas y ver la película o seguir leyendo a sabiendas de que podrías toparte con ciertos detalles que comúnmente llamamos spoilers.

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Un día, cuando mi hijo se lanzó a una lucha que no era suya, supe que jamás volvería a verlo. La esperanza se fue con él y mi fe murió en su último aliento. Quise alejarme de aquel violento espacio, pero mis años me pasaban factura y me tuve que quedar en aquellos campos de sueños rotos, ilusiones caídas y futuro sombrío. La que iba a ser esposa de mi hijo me acompañaba día tras día en la pobreza, en el hambre, en el asfixiante verano, en el humo y viento de guerra. ¿De qué viviríamos?

No fue hasta que vi mis manos envueltas en sangre cuando me percaté de que mi vida había caído en lo más bajo: estábamos en el mismo infierno. Matábamos a los soldados heridos y desorientados para vender sus armaduras a cambio de un poco de arroz. ¿Por supervivencia? Quizás.

Pero quizás purgábamos la culpa de la pérdida a través de los cadáveres de esos hombres fundados en sus trajes y espadas, corrompidos por el poder, el odio. Ladrones que arrebataban hijos, hermanos, padres, maridos, amigos a sus seres queridos. ¡Demonios, eso es lo que eran; demonios disfrazados de humanidad! Mi hijo no volvería pero, mientras me quedase un aliento de vida, me esforzaría por destruir a cada uno de esos seres que me habían arrebatado al fruto de mis entrañas.

Sin embargo, mi vejez me pesaba cada día más y la muchacha empezaba a temer lo peor. ¿Cuántos años tenía por aquel entonces? No lo recuerdo. El hedor de muerte manchaba mis carnes y por cada vida que quitaba, yo me hacía un año más vieja. Me miraba en el reflejo del agua y no podía reconocer a la persona que yacía ahí plantada. Pálida, flacucha, sucia, deforme, repugnante, horripilante, engendro. ¿Quién era esa que allí estaba? Yo…, yo me había convertido en un monstruo al igual que ellos, en un demonio. El mismo infierno se atrevió a castigarme por matar a los hombres que me arrebataron al que yo más apreciaba.

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(Imágenes tomadas de IMDb)

— ¿Se convirtió en demonio, abuela? ¿En un demonio malo?

— ¿Es que hay demonios buenos, pequeño?

— Abuela, ¿por qué le cuenta esas historias de miedo inventadas? Acabará creyendo en ellas… Debe contarle la verdad: que usted huyó con su hijo y conmigo al otro lado del país cuando comenzó la guerra.

— Es cierto. Pero una parte de mí se quedó en nuestra granja, aquella granja… Esa es la que se endemonió y sigue aún devorando hombres sin saciar su alma.