Eclipse

Escribí tu nombre con los labios

mientras chocaban y colisionaban

nuestros cuerpos, encapuchados en piel.

               .

La nacarada superficie lunar

se veía desde la ventana,

y tus ojos eran dos eclipses solares

que me buscaban en la oscuridad.

.

Tú dijiste luego, yo dije ahora,

y mientras tu cabello

formaba madejas de oro,

yo lo amasaba

como si me fuera la vida en ello.

.

Entre los verbos amar y desear

te mantuve en mi cama,

como si estuvieses hecha de sueños,

y aunque en la aurora te desvaneciste,

me hiciste temblar de sed de amor,

y morí amándote.

 

people-2589818_960_720

Anuncios

Abrasivo

Haces difícil estar contigo,

y es como si masticara cristales

y amaneciera con la boca llena de sangre.

.

Eres insoportable

y la bilis se me sube a la garganta

cuando te enfureces.

.

Mi corazón te abate, cansado,

y mi cuerpo convulsiona de rabia,

desquiciado.

.

A veces eres viento

y me escueces en la piel,

hiriéndome con puñaladas de dolor.

.

A veces rememoro la muerte contigo

y veo a los fantasmas de la inmensidad.

Me hace vomitar.

.

Otras veces eres tan áspero

como una palabra de lija

y duelen tus labios.

.

Te oigo retumbar en mis oídos,

detrás de mi espalda,

y es como si me faltara el aire.

.

Me abrasas,

me haces hervir,

y me conviertes en fuego.

.

Me arrancas años de vida,

se desvanece mi alma perdida

y desparezco.

sad-505857_1920

La sirena verde

Estoy muriendo. Lo noto en los labios. Lo noto en mis sienes. Lo siento. Dentro de mí. Me he despertado con unas ganas irrefrenables de vomitar, pero no lo he hecho. Si muriese ahora sería demasiado joven. Demasiado joven para amar. Demasiado joven para desprenderme de la vida. Hasta demasiado joven para respirar. Mi madre dice que la semana que viene cumpliré 18 veranos. Y yo sigo aquí, al sol. Mis ojos, tan limpios como la brisa, han perdido su brillo, mis mejillas han abandonado el color de los melocotones. La vitrina del cielo se desploma frente a mis manos y proyecta la sombra despeinada de mi cabello envejecido de azul. Ni siquiera quedan restos de los productos químicos ni puedo palpar su toxicidad, al menos el agua de la piscina no lo ha vuelto de color verde, como las sirenas de las profundidades. Escucho Nirvana y se repite en mi cabeza la voz de Kurt Cobain susurrándome “¿Dónde has dormido esta noche?”. Quiero ser su chica. Nuestros hijos tendrían los ojos azules y serían rubios como el trigo y la cebada; tendrían su pelo despeinado y mis hoyuelos, su rabia y mi apatía. Kurt me abandonó antes de nacer, pero estoy segura de que se habría enamorado de mí si me hubiese mirado a los ojos y hubiese comprendido que la soledad y la destrucción del mundo está en mis pupilas, marrones como la roca caliza. Busco la oscuridad de mi habitación con viejos posters de su melena, viejas glorias de los vinilos desgastados y un helado derritiéndose en la colcha de la cama. Quiero morir por ti, Kurt, dejarme caer a tu abismo; dejar de soñar contigo. A los 27 acabaré con mi vida, tal como hiciste tú hace 24 años atrás, escupiendo a la pistola que te partió la sien. Y seré canción con tus melodías. Recuerdo cuando estaba en el útero de mi madre; me ahogaba. Yo nunca fui una chica normal. Ni corriente. Ni nada que se le parezca. Soy como tú, Kurt, y es por ello que debo planear mi muerte. Soy demasiado cobarde para las cuerdas, demasiado cobarde para las armas de fuego, demasiado cobarde para romper mis venas. Pero tal vez sí estoy preparada para las pastillas o tal vez estoy preparada para morir de soledad, como tú. El aire caliente entra por mi ventana y me abrasa la piel. Odio el verano y estoy empapada. ¿Dónde estás, Kurt? Eres un ángel vestido con cazadora. Abrázame. Soy demasiado joven para amar, pero te elegí a ti.

ea4551720d882514b40f32e97931a13f

 

Limerencia

Crees que he olvidado el tacto de tu piel,

tus frías manos

y el viejo tango de los pliegues de tus ojos.

Sospechas que te revivo cada noche,

buscándote descalza entre mis sueños

fingiendo que tu pelo es de terciopelo.

Si supieras la de noches

 que he contaminado tu presencia,

            maldiciéndote,

ansiándote,

luchando contra la muerte y la sangre…

Y ahora estás aquí; a mis pies.

Me miras con láminas de azabache

y siento el amanecer.

Tu cuello sabe a iceberg

y la punta de tus labios a rosas malditas.

Te evoco de la única forma que sé;

te amaso y te amoldo con mis manos.

Te respiro y me atosigas con tu carmesí,

con el intenso aroma de tu cuerpo.

Despierto entre sudores,

clamo tu nombre.

Te has marchado.

WhatsApp-Image-2017-10-20-at-10.58.30

 

El único chico despierto

El chico de la mirada azul

miraba hacia la triste tarde

buscando el mar entre las nubes.

Lucía pecas como balas de guerra

y poseía varias lunas en el costado

simulando acuarelas naranjas.

Era demasiado joven para amar el cielo,

ni siquiera le gustaba la lluvia

y usaba un vaso transparente como telescopio.

Hacía cien noches que no dormía,

se abrigaba contra el sueño

y soñaba entre algodón y cristal.

El chico había sobrevivido

a la mirada del invierno

por ver un costado de azul naufragar.

Usaba una vieja linterna desgastada,

la cual lo acariciaba con su luz

y creaba constelaciones de las sombras

y castillos de polvo estelar.

Una noche, un cometa colisionó contra su ventana,

incendiándose en miles de fuegos

con los colores de la tierra.

Bajó de su guarida hecha de sueños

abrazado al espíritu de las estrellas.

El único chico despierto vio la inmensidad;

las cenizas, el paisaje alado,

la desolación,

y comprobó la soledad

de ser el único ser vivo.

 

 

Dios es una mujer

A Cristina Peri Rossi

 

No poseo un reino en la tierra

ni creé el mundo en siete días,

pero sí tengo el temperamento

de un dragón enfurecido.

Me despierto cada mañana despeinada

y con sed en la boca.

A veces,

con manchas del juego del amor.

Otras tantas, luzco desabrigada

y bajan por mí ángeles enfurecidos.

Mi belleza es casi mística

y las palabras fluyen de mis labios

como aguijones que se te clavan en el pecho.

No puedo multiplicar peces

ni convertir el agua en vino,

pero sé combatir.

No me seducen las amapolas

ni mis piernas pertenecen al infierno.

En mi pecho está bordada la libertad

y el fuego candente del paraíso.

.

Dios es una mujer,

pero diosas somos todas.

IMG_5350 - Copy

(Collage de Mary Beth Edelson)