El reino

Luchando contra la intemperie de la soledad,

buscándote a puñetazos,

aislándome del fuego

y luchando por sobrevivir.

Los arañazos arrastran los edificios,

y la luna es un quebradero de cristal

que se hace añicos.

Las náuseas retuercen mis entrañas.

La herida me empapa la mano

y el sudor recorre mi frente dolorida.

El precio del poder ha sucumbido.

Ha renacido un ángel.

 

Fuente: Youtube

Autor: Olivier Arson

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Lapidario

 

Me miras con la impaciencia de alguien que no espera.

-Siempre has preferido a la muerte-.

Noto tu presencia tras este viento frío que me despeina.

Tus ojos están en llamas y esta noche vas a acabar conmigo.

La ciudad es un inmenso lago vacío tras un velo de cristal.

-Siempre te ha gustado el caos que provocas-.

Tus manos me hacen estremecer como una tormenta.

Tu boca es una explosión y una tempestad que me derrumba.

Eres un ángel caído que ha venido a distraerme, y pienso arder.

-Siempre te ha gustado consumir-.

Lo supe desde el primer momento en el que te vi,

con esa mirada despiadada y la sonrisa de terciopelo.

Tú único objetivo siempre he sido yo.

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Si volvieras

Quiero dedicarte este poema

porque sé que no vas a leerlo

y soy demasiado cobarde para mostrártelo.

Te escribo desde las alturas,

en un lugar donde siendo noviembre

es casi verano

y donde el ron apenas me hace daño.

Tú estarás soportando la lluvia

que te cae en Berlín,

aquella ciudad de la que hablabas en sueños

sin recordarme a mí.

Buscando otras lunas

para hacer desaparecer el frío.

Yo sigo abrasándome.

Me pregunto si recuerdas todas las veces

que morí por ti.

Las habitaciones que dejamos cerradas,

la distancia que nos absorbía.

 Y aquella soledad.

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Supongo que no.

Ni siquiera ahora.

Ahora que es pronto todavía para olvidarnos,

pero nunca vuelves.

Ojalá volvieras.

Te esperaría.

Eclipse

Escribí tu nombre con los labios

mientras chocaban y colisionaban

nuestros cuerpos, encapuchados en piel.

               .

La nacarada superficie lunar

se veía desde la ventana,

y tus ojos eran dos eclipses solares

que me buscaban en la oscuridad.

.

Tú dijiste luego, yo dije ahora,

y mientras tu cabello

formaba madejas de oro,

yo lo amasaba

como si me fuera la vida en ello.

.

Entre los verbos amar y desear

te mantuve en mi cama,

como si estuvieses hecha de sueños,

y aunque en la aurora te desvaneciste,

me hiciste temblar de sed de amor,

y morí amándote.

 

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Abrasivo

Haces difícil estar contigo,

y es como si masticara cristales

y amaneciera con la boca llena de sangre.

.

Eres insoportable

y la bilis se me sube a la garganta

cuando te enfureces.

.

Mi corazón te abate, cansado,

y mi cuerpo convulsiona de rabia,

desquiciado.

.

A veces eres viento

y me escueces en la piel,

hiriéndome con puñaladas de dolor.

.

A veces rememoro la muerte contigo

y veo a los fantasmas de la inmensidad.

Me hace vomitar.

.

Otras veces eres tan áspero

como una palabra de lija

y duelen tus labios.

.

Te oigo retumbar en mis oídos,

detrás de mi espalda,

y es como si me faltara el aire.

.

Me abrasas,

me haces hervir,

y me conviertes en fuego.

.

Me arrancas años de vida,

se desvanece mi alma perdida

y desparezco.

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La sirena verde

Estoy muriendo. Lo noto en los labios. Lo noto en mis sienes. Lo siento. Dentro de mí. Me he despertado con unas ganas irrefrenables de vomitar, pero no lo he hecho. Si muriese ahora sería demasiado joven. Demasiado joven para amar. Demasiado joven para desprenderme de la vida. Hasta demasiado joven para respirar. Mi madre dice que la semana que viene cumpliré 18 veranos. Y yo sigo aquí, al sol. Mis ojos, tan limpios como la brisa, han perdido su brillo, mis mejillas han abandonado el color de los melocotones. La vitrina del cielo se desploma frente a mis manos y proyecta la sombra despeinada de mi cabello envejecido de azul. Ni siquiera quedan restos de los productos químicos ni puedo palpar su toxicidad, al menos el agua de la piscina no lo ha vuelto de color verde, como las sirenas de las profundidades. Escucho Nirvana y se repite en mi cabeza la voz de Kurt Cobain susurrándome “¿Dónde has dormido esta noche?”. Quiero ser su chica. Nuestros hijos tendrían los ojos azules y serían rubios como el trigo y la cebada; tendrían su pelo despeinado y mis hoyuelos, su rabia y mi apatía. Kurt me abandonó antes de nacer, pero estoy segura de que se habría enamorado de mí si me hubiese mirado a los ojos y hubiese comprendido que la soledad y la destrucción del mundo está en mis pupilas, marrones como la roca caliza. Busco la oscuridad de mi habitación con viejos posters de su melena, viejas glorias de los vinilos desgastados y un helado derritiéndose en la colcha de la cama. Quiero morir por ti, Kurt, dejarme caer a tu abismo; dejar de soñar contigo. A los 27 acabaré con mi vida, tal como hiciste tú hace 24 años atrás, escupiendo a la pistola que te partió la sien. Y seré canción con tus melodías. Recuerdo cuando estaba en el útero de mi madre; me ahogaba. Yo nunca fui una chica normal. Ni corriente. Ni nada que se le parezca. Soy como tú, Kurt, y es por ello que debo planear mi muerte. Soy demasiado cobarde para las cuerdas, demasiado cobarde para las armas de fuego, demasiado cobarde para romper mis venas. Pero tal vez sí estoy preparada para las pastillas o tal vez estoy preparada para morir de soledad, como tú. El aire caliente entra por mi ventana y me abrasa la piel. Odio el verano y estoy empapada. ¿Dónde estás, Kurt? Eres un ángel vestido con cazadora. Abrázame. Soy demasiado joven para amar, pero te elegí a ti.

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