Tictac, tictac

El sonido del ascensor rompió el silencio, indicando que por fin alguien la iba a visitar. No pudo evitar reír un poco, sintiendo un cosquilleo en su interior. Miró hacia la puerta, que se abría en ese momento, dejando ver a un hombre algo desorientado.

—Bienvenido. Por favor, pasa y siéntate.

¿Qué sería esta vez? Sonrió ampliamente, dejando ver sus dientes blancos, provocando que un escalofrío recorriera el cuerpo de ese hombre. Sabía que quería huir, podía oler su miedo, algo que solo le divertía más.

—¿Quién eres tú? ¿Dónde estoy? –la voz del hombre tembló, haciendo que se echase a reír.

—Tictac, tictac –respondió en su lugar, llevándose las manos a las mejillas, clavándose las uñas, arrancándose la piel.

El hombre gritó al ver a aquella niña, vestida entera de blanco, desgarrándose la cara. Se dio la vuelta, dispuesto a volver por donde había venido, aunque no supiera exactamente cómo había llegado a ese lugar. Él estaba en un centro comercial con su mujer, había tomado el ascensor para bajar al parking… ¿qué hacía allí? ¿Qué era ese lugar?

Por más que le daba al botón del ascensor, este no funcionaba. Se volvió, temblando, dispuesto a encontrar otra salida. La niña seguía allí, sentada encima de lo que parecía la barra de un bar, mirándolo con los ojos desorbitados, la sangre cayendo por sus mejillas, mostrando aquella sonrisa siniestra. Miró a su alrededor, dándose cuenta de que  no había ninguna puerta más, salvo la del ascensor. Estaba atrapado.

—Tictac, tictac –volvió a decir la niña.

—¿Quién eres?

—¿Juegas? Tictac, tictac –la niña volvió a echarse a reír, alzando su brazo, señalando una ruleta que había a su lado.

El hombre, aterrorizado, negó con la cabeza. La niña ladeó la cabeza, sin borrar la sonrisa. Con su pequeño dedo, indicó que mirase hacia el techo. Y así lo hizo. Miró hacia arriba y entonces gritó. No había techo, tan solo oscuridad de la cual caía un péndulo que acababa en una cuchilla demasiado oxidada y manchada de algo seco, con color escarlata. El péndulo bajó un poco, haciendo que el hombre se pegase a la pared, queriendo huir, pero este parecía que sabía todos sus movimientos y solo apuntaba hacia él.

—Si te niegas, el péndulo cae, tictac, tictac.

La niña se echó a reír y puso sus brazos en cruz, enseñando en ese momento lo que había tras de ella: cientos de cadáveres cortados.

—Déjame ir, por favor –suplicó el hombre, haciendo que la risa de la niña se intensificara.

—¿Juegas? El péndulo sigue bajando a cada segundo que pasa, el tiempo es oro, tictac, tictac.

Y así lo hizo. El hombre acabó sentándose en un taburete, intentando no mirar a todos aquellos muertos que había detrás de la niña, queriendo retener las lágrimas, temblando de arriba abajo. Se fijó en la ruleta que tenía delante, pues no era normal. No tenía números ni había colores, tan solo había dibujos de partes del cuerpo o simplemente partes en blanco.

La niña le dio una pequeña bola de color blanco para que la tirase.

Sus ojos se posaron por unos instantes en las botellas de licor que había detrás de la niña, de repente se dio cuenta del contenido en los interiores: órganos humanos. El hombre cogió la bola, asqueado por la visión, la observó durante un segundo, el tiempo suficiente para darse cuenta de que se trataba de un ojo humano. Inmediatamente, la soltó, cayendo sobre la ruleta.

—¿De qué se trata todo esto? –preguntó, limpiándose la mano en sus pantalones mientras la niña seguía con sus ojos cada movimiento de la ruleta.

El ojo acabó posándose en algo que parecía un estómago. La niña lo miró durante unos segundos. Se acercó a él, quien intentó escapar pero su cuerpo no le respondía.

—Así que le eres infiel a tu esposa. De hecho, nunca la quisiste, solo fue un matrimonio de conveniencia. No puedes dejarla porque trabajas para su padre.

El hombre estaba demasiado sorprendido cómo para darse cuenta del cuchillo que tenía la niña en la mano, hasta que este se clavó en su estómago. Una, dos y hasta tres veces, mientras la niña no paraba de reír. Gritó, pidió ayuda, pero allí solo estaban él, la niña y el péndulo, que estaba cada vez más cerca.

—Esta vez, tiraré la bola por ti –dijo la niña, levantándose y dejando al hombre en el suelo, que se arrastraba dejando un rastro de sangre a su paso.

Volvió a escuchar el sonido de la ruleta. Tenía que salir de allí, el ascensor tenía que funcionar, no quería morir ahí.

—¡Un corazón! ¡Ha salido el corazón! –gritaba la niña emocionada. El hombre la miró, llevándose una mano a la herida de su estómago. La niña sonreía, cogiendo el cuchillo de nuevo, clavando sus ojos negros en él. – Lo añadiré a mi colección.

El hombre volvió a gritar.

Abrió los ojos, sintiendo su cuerpo bañado en sudor. Se incorporó en la cama del hotel donde yacía su amante también. Había sido una pesadilla. Se llevó las manos a la cabeza, sintiendo su corazón latir con fuerza en su pecho. Respiró varias veces, intentando tranquilizarse. Fue entonces cuando se dio cuenta de un dolor punzante en su estómago. Miró y la sangre llamó su atención.

—Tictac, tictac.

Allí, sentada en una silla, había una niña pequeña vestida de blanco, con un cuchillo manchado de sangre en la mano, mirándolo con los ojos a punto de salirse de sus órbitas y sin perder la sonrisa. El hombre no tuvo tiempo de reaccionar, pues antes de que pudiera gritar, el péndulo cayó del techo, poniendo un punto y final a su vida.

La niña observó aquel corazón que ya no latía y que se había unido a su nueva colección. Movía sus piernas en el aire mientras tatareaba una canción. El sonido del ascensor le avisó de que tenía un nuevo cliente.

Sonrió, ansiosa por jugar de nuevo a su juego favorito.

 

** Este relato está inspirado en el anime Death Parade.

Anuncios

The last act of kindness

He gave up rowing, and the boat was being rocked by the river, driving him without direction. His eyes looked at the dark waters while he wondered why he had to give up for fighting for his life. His mother’s smile started to invade his memories, his father’s laughs started to be listened over the sound of the water… why had he done that? He tried to look for an answer, but he was not able to find it.

He raised his sight, hopeless, looking at the empty edge. He remembered when he opened his eyes for the first time and found himself in a place like that. He remembered the doubts and the fear… how long it had been since he was there? A suddenly he felt an impulse, and he started to row in order to arrive at the edge. He needed to walk on land. He needed to be in a place that was not that cave guarded by Cerberus. He could not help but feel relief when he was out of the boat.

the_river

He started to walk, leaving behind the boat, wanting to forget the work that he was obligated to accept. Was peace really hard to find? That meant to be dead, right? He sighed, knowing that all those questions did not have answers. So, he kept walking on the edge, with the sound of the water surrounding him. Nevertheless, a big rock called his attention. He got close to it, realizing the thousands of lines that were on it. He touched it, noticing the rugosity.

«Are you interested in the meaning of the lines?»

He startled at the sound of that voice behind him. He turned back, finding a young man out who smiled and was taller than him. The boy got closer, took a stone and drew another line on the rock.

«Each line represents a day. I do this in order to count the days since I arrive here».

«Caronte has not come yet?»

«You are in Cocytus, the people that you find in this river are those who do not have the amount of money in order to pay Caronte».

Suddenly, he understood the situation. He looked at him again, realizing how his face looked like it was dead. The young man smiled again, squeezing the stone in his hand.

«Wandering for eternity is not as bad as it sounds».

However, he did not believe him. His voice sounded sad. Too sad. His smile did not show any kind of happiness, in fact, it was full bitterness. The young man sat, putting his back on the rock, hugging his long legs, staring Cocytus’ river.

«I do not care if I have to wander eternally… There are worse punishments than this, like forgetting who you are, isn’t it? At least, I know who I am and who I was. I have my own memories that are by my side, no matter what… There are a lot of people who are condemned to star at Lethe’s river, do you know what it means? Oblivion. If you drink of its waters, you forget who you are… No. It is not so bad to stay here».

Why had people to stay here, wandering, just because they did noy have a coin? That was something that he could not understand. Perhaps death did not turn people into equals.

«I can help you. I can take you there so you can put an end to everything».

Suddenly, he was again on the boat, rowing with that guy who looked at the edge while his hands squeezing the stone. And, for the first time since he came to the Underground, he smiled. Finally, he felt that he was doing something good. What could be wrong with that?

Image by nighty

La venganza del cuervo blanco

Las vacaciones de verano habían llegado y Margaret había decidido llevar a sus dos hijos al pueblo donde vivía su suegra, a pesar de que esta le había dicho que no quería verlos ese año. Había hecho oídos sordos, pues “son tus nietos, quieren verte, están en su derecho.” La anciana tan solo le había dicho: “tú no lo entiendes”.

A Margaret le sorprendió no ver a casi nadie por las calles del pueblo: ¿y los niños jugando en la calle? Eran las ocho de la tarde, ¿por qué los parques estaban desiertos?

—Mamá, ¿por qué no hay nadie? –preguntó Eric, su hijo mayor de siete años.

—Supongo que se habrán ido de vacaciones.

Aparcó el coche al final de calle. La madre sacó las mochilas cargadas de ropa del maletero mientras sus hijos miraban a su alrededor. Nunca habían estado en el pueblo de su abuela, esta nunca había querido que fueran. Su madre, harta por la situación, había decidido ponerle punto y final a las tonterías de esa anciana.

—Mamá, ¿por qué esa casa es negra? –preguntó Henry, el pequeño.

Margaret miró hacia donde su hijo señalaba con su pequeño dedo. Una casa oscura, con un tejado roto y dos árboles grandes, levantándose a ambos lados, cuyas ramas estaban llenas de cuervos, que los miraban fijamente.Un escalofrío recorrió su espalda. Un coche paró justo delante de ellos, bajando la ventanilla, dejando ver a un señor con el rostro pintado de preocupación.

—Señora, ¡usted no es de aquí! ¿Qué hace? ¿Por qué los ha traído? ¡Hoy es luna llena! ¡Váyase! ¡Lléveselos! ¡Póngalos a salvo!

Margaret no entendió nada. Empezaba a comprender por qué su marido había huido de ese lugar y no había querido hablar nunca más de él. Tocó varias veces a la puerta ya que no recibía respuesta alguna. Tras varios minutos de insistir, la anciana la abrió. Su rostro marcado por los estragos de la edad y sus ojos vacíos hicieron que le volviera a dar un escalofrío. Carla, la abuela, no pudo más que dejarles pasar, mirando a cada uno de sus nietos, preguntándose qué iba a ser de ellos. ¿Los dejaría en paz? Sonrió. Conocía la respuesta.

La noche llegó: la luna llena iluminaba todo el pueblo, sin dejar ver ningún rastro de estrellas. Margaret había acostado a los niños y se dispuso a dormir. Le dio las buenas noches a Carla, quien había decidido quedarse levantada viendo la televisión.

—Margaret, ¿te has despedido de ellos?

—Les he dado las buenas noches.

—Bueno, supongo que viene a ser más de lo mismo –no vio el rostro de Carla, pero volvió a sentir un escalofrío recorriendo toda su columna. Ya iban tres en el mismo día.

Eric y Henry dormían mientras que la luz de la luna los bañaba a través de la ventana. Todo parecía tranquilo hasta que un sonido en la ventana despertó al más pequeño. Se incorporó y observó lo que había al otro lado. Sonrió, sintiendo la emoción recorrer cada fibra de su cuerpo. No tardó en levantarse y salir de ese cuarto y de esa casa, sin ser visto por nadie… o eso pensaba.

Margaret, ajena a lo que su hijo había hecho, dormía plácidamente, hasta que sintió que la sacudían. Abrió los ojos, encontrándose con Eric, quien la miraba con preocupación. Le dijo que Henry había desaparecido. Alarmada, salió de la cama, sintiendo que el corazón le latía con mucha rapidez, haciendo que su pecho doliera. Al salir al pasillo, vio la puerta abierta y se temió lo peor.

—¡Carla! ¡Ayúdame a buscar a Henry! –gritó, mirando a su suegra que seguía meciéndose, con los ojos cerrados.

—Ya es tarde.

—¿A qué te refieres?

—Te despediste de él, ¿no? Si no me crees, solo ve a la casa oscura.

Sabía a lo que se refería, la había visto esa tarde.

Salió corriendo, seguida por Eric, que le pedía que lo esperase. Le había pedido que se quedase en casa pero le había dicho que tenía miedo, así que no tuvo más remedio que llevarlo con él. La verja de la casa estaba abierta. Margaret entró sin dudar, llamando a Henry, sin importarle despertar a nadie… aunque parecía que a nadie le importaba los gritos desesperados de una madre por su hijo. Fue entonces cuando la luna iluminó el suelo, dejando ver el pijama de Henry al pie de unos de los árboles.

—¿Henry? ¡¡¿¿Dónde estás??!!

—Mamá, yo también quiero jugar con ellos –dijo Eric, sonriendo, sintiendo la emoción de un nuevo juego recorrer todo su cuerpo.

Margaret no entendía lo que decía su hijo. Tan solo vio que señalaba la copa del árbol que estaba llena de cuervos que los miraban atentamente.

arbol_cuervos_y_luna_muralesyvinilos_3070523

—¿Qué dices?

—Mamá, Henry está ahí. –Eric señaló una rama, concretamente a un cuervo.

—Eric, ¿qué estás diciendo? ¡Tenemos que seguir buscando a tu hermano!

Donde Margaret solo veía cuervos, Eric veía a pequeños niños sobre los árboles, riendo. Fue entonces cuando el pequeño Henry lo miró, con los ojos en blanco y una sonrisa torcida.

—Eric, mañana iré a por ti.

La adrenalina llenaba cada fibra de su ser, haciendo que sonriera.

—¡Sí! ¡Juguemos mañana!

Mientras tanto, los vecinos que vivían en esa calle, miraban aliviados la escena: sus hijos no habían sido las víctimas esa noche.

Carla, desde la ventana del salón, dejó que las lágrimas salieran de sus ojos. No importaba la distancia, podía ver la figura que se erguía detrás de una de las ventanas de esa casa negra: una mujer joven, con el pelo blanco y los ojos rojos, observaba a los dos intrusos que habían entrado en su propiedad. Se llevó una de las manos llenas de sangre a los labios, lamiendo uno de sus dedos y sonriendo…

Cuenta la leyenda que una bruja consiguió escapar de la caza en un pueblo cerca de Salem y juró vengarse, maldiciendo así a todos los habitantes para que no puedan escapar. Una noche, los niños empezaron a desaparecer después de que un cuervo blanco se posase en su ventana, llamando su atención.  La cantidad de cuervos aumentaba en el pueblo y los niños desaparecían. Los vecinos se dieron cuenta de que ocurría las noches de luna llena, a las que llamaron “la noche de la venganza del cuervo blanco.”

 

 Fuente: Google Imágenes

** Este relato está inspirado en el episodio 3 de la 5º temporada del anime Yami Shibai.

 

 

Lilith

La lluvia caía sin cesar y aquella niña seguía esperando a que alguien la recogiera del colegio. No era la primera vez que se olvidaban de ella y, aún así, no podía evitar el hecho de sentirse triste. Siempre disimulaba no importarle con una sonrisa radiante, aunque por dentro lo único que hiciese fuese llorar. Al cabo de un rato, su madre apareció, recién salida de una reunión, excusa que ya había escuchado muchas veces. La niña tan solo asintió al mismo tiempo que sonreía, sentándose en el asiento de atrás. Durante todo el trayecto mantuvo la mirada fija en el paisaje, sin querer pensar en nada.

Algo llamó su atención en el contenedor de la esquina de su casa. Se bajó del coche cuando la madre fue a encerrarlo, escuchando sus quejas y preguntas… pero la niña corrió sin detenerse, expectante ante lo que había visto. Por fin una sonrisa sincera dibujó su rostro al ver la muñeca más bonita que jamás había visto. La cogió sin dudar, llevándosela al pecho, abrazándola con fuerza. La madre, reticente al principio, denominando a la muñeca como “basura”, dejó que se la quedase, consiguiendo el perdón de su hija por su retraso.

La niña limpió la muñeca, lavó su ropa y cepilló su pelo negro. No se había equivocado: aquella era la muñeca más bonita que había visto en su vida, incluso su madre le dio la razón.

il_570xN.433773487_t03c

—A partir de ahora estaremos siempre juntas. Te llamarás Lilith.

Y así, la niña y Lilith se hicieron inseparables: dormían juntas, le leía libros, veían películas, se la llevaba al colegio haciendo que los retrasos de su madre no le importasen. Y es que, después de todo, Lilith se había convertido en su mejor amiga.

Pero no todo fue color de rosa en esta amistad, pues cuando la niña cumplió doce años, empezó a olvidarse poco a poco de Lilith, hasta que, tres años después acabó metiéndola en una caja, junto con más juguetes, y la llevó al húmedo y frío desván, olvidándose así de la que había sido su mejor amiga durante años, pues ya era toda una adolescente, había hecho amigas de carne y hueso y alegaba que “ya no necesitaba muñecas”.

El tiempo pasaba y apenas quedaban recuerdos de Lilith en la memoria de esta chica. Poco a poco, el miedo inundaba su mente por las noches, pues se escuchaban sonidos sordos procedentes del desván, incluso a veces llegaba a escuchar que susurraban su nombre, acompañado de llantos. Se lo había comentado a su madre y esta solo le había dicho que eran imaginaciones suyas. Había intentado convencerse de que así era, pero los ruidos no cesaban y los llantos tampoco.

Una noche se armó de valor, cogió su móvil y un paraguas para defenderse, y subió al desván, conteniendo el aliento con cada paso que daba. Su mano, temblorosa, se apoyó en el marco de la puerta que cedió de inmediato. Gracias a la luz del móvil, alumbró el lugar… pero allí no había nada, solo cajas y cajas con mucho polvo encima.

De pronto, Lilith vino a su mente. Dejó el paraguas en el suelo y se acercó a las cajas, observando cada una de ellas, buscando a su preciada muñeca… hasta que la puerta del desván se cerró de golpe, haciendo que un grito se escapase de sus labios. Empezó a temblar, sintiendo mucho frío. Cogió su móvil, dispuesta a irse de allí. Pero alguien bloqueaba la entrada. Sus ojos se abrieron, anegados de lágrimas por el terror que empezó a sentir en su interior. Empezó a caminar hacia atrás, chocando con cajas, cayendo al suelo. Delante de la puerta, estaba Lilith, pero era de carne y hueso, con la tez pálida, el pelo negro largo cayendo por su espalda como una cascada, su vestido arrugado y sus ojos sin vida. La muñeca sonrió, mostrando unos dientes blancos, y empezó a caminar hacia la pobre chica que seguía tirada en el suelo, sin poder reaccionar.

—Por fin has venido a verme. ¿Me has escuchado llorar? ¿Has escuchado mis súplicas para que vinieras a por mí? –la chica intentó retroceder, buscando algo que tuviera cerca para poder defenderse al ver que las manos de Lilith se habían convertido en garras-. No te preocupes, nunca más estaré sola, nunca más nadie me abandonará – Lilith se acuclilló delante de ella, sin dejar de sonreír en ningún momento, riéndose al ver las lágrimas de la pobre niña-.Tú lo dijiste, ¿recuerdas? A partir de ahora estaremos siempre juntas.

Un grito se escuchó por toda la casa.

Los padres se despertaron asustados. Al llegar al cuarto de su hija vieron que había desaparecido. Su madre se dio cuenta de que la puerta del desván estaba abierta. Cuando llegaron allí, lo único que vieron fue el paraguas de su hija olvidado en el suelo y, un poco más adelante, dos muñecas tiradas en el suelo, una sujetando de la mano a la otra. La madre reconoció en seguida a Lilith, cuyo rostro mostraba una sonrisa, mientras que la otra muñeca reflejaba miedo y su cara estaba bañada de lágrimas. Ambos se dieron cuenta de un pequeño detalle: esta llevaba el mismo pijama que su hija.

Fuente: Google Imágenes

Monstruos

¿Alguna vez has pensado si los monstruos existen? Yo nunca lo había hecho. Aunque es cierto que nunca me gustó dormir con las puertas del armario abiertas y que, alguna que otra vez, he mirado debajo de la cama antes de tumbarme sobre ella y decirle hola a Morfeo. Aún así, mi parte racional siempre se preguntaba cómo iban a existir esas criaturas. Y, sin embargo, siempre que la luz se apagaba, me imaginaba un cuerpo demacrado, arrastrándose por el suelo de mi habitación, viniendo hacia mí, deseando mi muerte. Una vez me pregunté por qué mirábamos bajo la cama, ¿acaso no cabría la posibilidad de que algo cayera del techo cuando todo estuviera en penumbra? Y, desde ese momento, siempre que estoy postrada en la cama, con los ojos abiertos, envuelta en la oscuridad de mi habitación, no puedo dejar de imaginarme que hay una boca enorme encima, acercándose poco a poco, queriendo hincar sus dientes en mí.

A pesar de todos esos pensamientos, nunca he creído que los monstruos existieran… hasta hace poco. ¿Por qué cuando pensamos en esa palabra lo primero que se nos viene a la cabeza son ese tipo de imágenes? ¿Por qué buscamos lo sobrenatural? No lo sé, pero ahora sí sé que existen. No, no busquéis ninguna criatura que se arrastre deseando acabar con vuestra vida. No, tampoco busquéis ninguna boca gigante deseando comeros. Tan solo hay que mirar a nuestro alrededor para darnos cuenta de que estamos rodeados de ellos, pues somos los mismos humanos los principales monstruos de este mundo: recuerda todas las guerras que hemos pasado y estamos viviendo, el afán de hacer daño a los más débiles, a los que no pueden defenderse, la gloria que supone el destruir todo lo que tenemos a nuestro alrededor, los vítores que recibe el más fuerte tras causarle la muerte a otro ser vivo.

Los humanos se caracterizan por su parte racional. Déjame decirte que eso es mentira, pues la oscuridad vive en cada uno de nosotros, convirtiéndonos en monstruos. Podemos querer huir de esa oscuridad, podemos sucumbir, podemos vivir con ella… pero nunca desaparecerá porque siempre estará ahí, paciente, acechando para apoderarse de nosotros.

Ahora dime, ¿qué harás con la oscuridad que hay en el interior de tu corazón? ¿Sucumbirás? ¿Huirás? No importa, solo déjame decirte una última cosa más: bienvenido al mundo de los monstruos.

The trial of the end

He had lost track of time. He did not know how long had passed since he was in that boat, rowing, looking at Caronte, who scrutinized him, smiling from time to time, while a dense fog surrounded them.

After a while, his mind went white when he saw the Underworld’s entrance, where the fog started to clear. The boat entered in that cave which was flanked with two statues, whose faces were already decayed due to the pass of time. Barely, he could assimilate what it was happening when he saw a big dog, with three heads, showing all his fangs, looking at him with his six yellow eyes and revealing his tail, which shushed because it was a snake. His body trembled and, yet he forced himself to keep rowing.

Caronte made him get off the boat, leaving him alone while he came back to his job. He looked at the place; he could see the different rivers that existed in the Underworld. He could feel how Cerbero’s eyes were on him.

underworld_by_jbrown67-d894efp

He observed the stone stair that was in front of him. It led to a large door. He supposed that this was his destiny, so he decided to put an end to everything. What was beyond that door?

He closed his eyes while his hands pushed the door, opening it. An icy breeze hit him so he held his breath for a moment. However, nothing happened. Little by little, he opened his eyes. He was surprised because he found a big patio, surrounded by the different rivers and, in the background; there was a dark, large palace. In the center of the patio, there were three thrones in which three old men, dressing white tunics, were sitting. The one, who was sitting at the right, stand up, without taking his eyes off him.

“Welcome to the Hades. I am Radamantis and I will judge your soul.”

Suddenly, his life’s memories started to invade his mind. He threw his hands up in horror, feeling how the pain started to punch his body. He fell down to the flood, resisting the urge to scream. He looked at him, ready for begging to stop, but he was no longer in that patio. Instead, he was at home, surrounded by his family. He could not help but smile until he realized that every one of them were covered by the blood. He started to feel the lack of oxygen. He tried to reach his mother, touching her hand, feeling that it was cold.

I have killed them.

Radamantis was there, in front of him, looking at him with his inexpressive face. Again, the images began to appear in his retinas, the sounds began to penetrate in his ears. He could see how that man had killed every member of his family. He could hear their hopeless screams, their requests.

Everything stopped and the only thing that he was able to see was the knife that was in front of him.

“Will you kill me?”

His body did not answer, he could only look at Radamantis with his eyes filled with tears while he felt heartbroken, he felt the anger and the hated mixing with his blood, going across his body. He focused on the knife that was in front of him. He looked at it for a moment without understanding anything. He could kill him. He could be carried long and got revenge. He took the handle… But he was not able to lift it.

No. You are not able to do it.

He heard a snap and came back to reality. He was again on the patio. There was no longer a knife in front of him, only Radamantis was there.

“Interesting. Let me explain. This was a test in order to judge your soul through your actions. Your family is ok. I think that you do not deserve to come back to the Asphodel Meadows so soon. You do not deserve to go to the Tartarus… Oh, I see. You will do a job in order to clean your soul and then… I will decide.”

This was how, after that trial, he was again in that boat, rowing, going out from the Underworld, under Cerbero’s look, which showed him his fangs. His work? Taking souls to the Underworld. What would it be his upcoming trial? Would he be able to rest?

Image by jbrown67