Equilibrium

You jump into the void.

That is what you have done your whole life, but you are tired.

You are tired that everything goes wrong while you are walking in zigzag on a thin spider web. If you take a step too soon, everything falls. If the thin thread breaks, everything falls. . Still, you cling to it, believing that it is more a memory than a reality, wondering what your destination is.

Then, you stop and look around. You do not see anything. You are alone. Because, while you were trying to keep your direction, everything has been destabilized. And it leaps into the void before you, like pieces of broken ice becoming into a downpour.

You walk further, but your legs tremble. In that huge void surrounded by silence and darkness, you wonder when you listened to your last heartbeat. And what about the first one? You never realized it when you were alive. You never thought that it could stop. You just keep your way without thinking in nothing else.

Now, it rains. It rains everywhere. But you do not know how to remember the sound of the water. And it falls, with everything that you are, with everything that you were and with what you will never be.

You immerse yourself in the gold rain, you look up and two swords pierce your eyes: the reality. It wakes you up, scratches your face and burns you. You stand there, bleeding and in silence. You are burning; the water burns you and drowns you. The smoke fills your lunges, you breath the dust that is in the air.

You lose yourself within it. It buries you. And you finish even when you have not yet started.

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Dios es una mujer

A Cristina Peri Rossi

 

No poseo un reino en la tierra

ni creé el mundo en siete días,

pero sí tengo el temperamento

de un dragón enfurecido.

Me despierto cada mañana despeinada

y con sed en la boca.

A veces,

con manchas del juego del amor.

Otras tantas, luzco desabrigada

y bajan por mí ángeles enfurecidos.

Mi belleza es casi mística

y las palabras fluyen de mis labios

como aguijones que se te clavan en el pecho.

No puedo multiplicar peces

ni convertir el agua en vino,

pero sé combatir.

No me seducen las amapolas

ni mis piernas pertenecen al infierno.

En mi pecho está bordada la libertad

y el fuego candente del paraíso.

.

Dios es una mujer,

pero diosas somos todas.

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(Collage de Mary Beth Edelson)

 

¡Participamos en Premios Blogosfera 2017!

¿Habéis inscrito ya vuestro blog? El plazo finaliza el próximo 7 de noviembre, queridos amigos de la Comunidad mágica. Merodeadoras noctámbulas ya se ha postulado en los Premios, y aunque lo importante es participar, ¡qué ilusión nos haría recibir una lechuza que nos diga que hemos ganado la Copa de las Casas…; bueno, el Torneo de los Tres Magos…; o sea, los PREMIOS BLOGOSFERA 2017! Mientras tanto, nos conformaremos con pasar los exámenes de Mcgonagall…

No olvidéis que también es una forma de dar a conocer vuestras creaciones. Hay muchísimas categorías, seguro que vuestro blog encuentra la suya. ¡Daos prisa!

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Premios Blogosfera

¿Tienes un blog o haces parte de uno? Entonces inscríbelo a los Premios Blogosfera, donde destacamos a los mejores blogs en español a nivel global. No importa la plataforma en la que esté (puede ser de WordPress, Blogspot, Blogger o cualquier otro)

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Los premios constarán de TRES ETAPAS:

  1. Inscripción (del 10 de octubre al 7 de noviembre): periodo en el cual los dueños o colaboradores de cualquier blog en español podrán inscribirlo, con solo llenar ESTE FORMULARIO
  2. Elección de nominados (del 8 al 21 de noviembre): la cual será realizada por parte de nuestro Jurado. Éstos serán los encargados de elegir los mejores blogs inscritos en cada categoría, y posteriormente definir los nominados definitivos.
  3. Votación Pública (del 28 de noviembre al 12 de diciembre): en la cuál el público en general podrá decidir (entre los nominados determinados en la anterior etapa), el que consideran mejor, a través…

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Blanco y negro

Una diminuta luz azul flotó en el aire.

Los ojos del rey la siguieron embelesados hasta que se perdió en la densa e infinita penumbra que lo envolvía. En un segundo, el resplandor azul había aparecido. En otro, se había esfumado. Y, en el siguiente, el rey volvió la mirada a aquel niño desafiante que amenazaba con matarlo.

Se deslizó por las baldosas blancas y negras, pero solo pudo avanzar un paso. El niño dibujó una amenazante sonrisa mientras avanzaba otro paso más. Su túnica blanca estaba hecha de la sangre y los huesos de su frágil cuerpo, que apenas se alzaba medio metro del suelo. Pero sus ojos estaban hechos de fuego y furia, quemando su alma y despertando sus miedos.

El rey avanzó, tembloroso. El niño lo imitó, triunfante.

El suelo blanco y negro era punzante. Las baldosas se rompían en dardos puntiagudos que atravesaban sus pies. Con cada paso, las agujas crecían y la sonrisa del niño se hacía más grande. La túnica negra del rey empezó a rasgarse también; los jirones de ropa ondeaban a su alrededor, como pequeñas banderas que anunciaban la victoria del pequeño.

El rey continuó. El niño no retrocedió.

Una diminuta luz roja cayó al suelo.

Se extendió en un rápido escalofrío y desapareció en un lento parpadeo. Un baño de sangre gélida cayó sobre su cabeza anunciando lo inevitable y lo imposible. Una baldosa negra, una baldosa blanca. Sabía lo que ocurriría al siguiente paso. Y también sabía que debía darlo.

El rey cayó de rodillas. El niño rió complacido.

Los últimos restos de la túnica negra se desprendieron de su cuerpo adhiriéndose al largo camino que había dejado atrás. Ya no ondeaban. Ya no anunciaban la victoria del niño. Ahora conmemoraban su derrota, inmóviles y desterrados en el suelo. Era él quien vestía huesos, sangre y una batalla perdida.

Los ojos del niño se incendiaron mientras los suyos se sumergían en un mar ardiente. Las baldosas se convirtieron en cristales, aún blancos y negros, que atravesaron sus brazos, sus piernas, su cuello y su lengua. Pero no pudo moverse. No podía avanzar, ni retroceder.

El niño tocó su rostro. El rey se estremeció.

Una diminuta luz blanca se interpuso entre ellos.

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Tictac, tictac

El sonido del ascensor rompió el silencio, indicando que por fin alguien la iba a visitar. No pudo evitar reír un poco, sintiendo un cosquilleo en su interior. Miró hacia la puerta, que se abría en ese momento, dejando ver a un hombre algo desorientado.

—Bienvenido. Por favor, pasa y siéntate.

¿Qué sería esta vez? Sonrió ampliamente, dejando ver sus dientes blancos, provocando que un escalofrío recorriera el cuerpo de ese hombre. Sabía que quería huir, podía oler su miedo, algo que solo le divertía más.

—¿Quién eres tú? ¿Dónde estoy? –la voz del hombre tembló, haciendo que se echase a reír.

—Tictac, tictac –respondió en su lugar, llevándose las manos a las mejillas, clavándose las uñas, arrancándose la piel.

El hombre gritó al ver a aquella niña, vestida entera de blanco, desgarrándose la cara. Se dio la vuelta, dispuesto a volver por donde había venido, aunque no supiera exactamente cómo había llegado a ese lugar. Él estaba en un centro comercial con su mujer, había tomado el ascensor para bajar al parking… ¿qué hacía allí? ¿Qué era ese lugar?

Por más que le daba al botón del ascensor, este no funcionaba. Se volvió, temblando, dispuesto a encontrar otra salida. La niña seguía allí, sentada encima de lo que parecía la barra de un bar, mirándolo con los ojos desorbitados, la sangre cayendo por sus mejillas, mostrando aquella sonrisa siniestra. Miró a su alrededor, dándose cuenta de que  no había ninguna puerta más, salvo la del ascensor. Estaba atrapado.

—Tictac, tictac –volvió a decir la niña.

—¿Quién eres?

—¿Juegas? Tictac, tictac –la niña volvió a echarse a reír, alzando su brazo, señalando una ruleta que había a su lado.

El hombre, aterrorizado, negó con la cabeza. La niña ladeó la cabeza, sin borrar la sonrisa. Con su pequeño dedo, indicó que mirase hacia el techo. Y así lo hizo. Miró hacia arriba y entonces gritó. No había techo, tan solo oscuridad de la cual caía un péndulo que acababa en una cuchilla demasiado oxidada y manchada de algo seco, con color escarlata. El péndulo bajó un poco, haciendo que el hombre se pegase a la pared, queriendo huir, pero este parecía que sabía todos sus movimientos y solo apuntaba hacia él.

—Si te niegas, el péndulo cae, tictac, tictac.

La niña se echó a reír y puso sus brazos en cruz, enseñando en ese momento lo que había tras de ella: cientos de cadáveres cortados.

—Déjame ir, por favor –suplicó el hombre, haciendo que la risa de la niña se intensificara.

—¿Juegas? El péndulo sigue bajando a cada segundo que pasa, el tiempo es oro, tictac, tictac.

Y así lo hizo. El hombre acabó sentándose en un taburete, intentando no mirar a todos aquellos muertos que había detrás de la niña, queriendo retener las lágrimas, temblando de arriba abajo. Se fijó en la ruleta que tenía delante, pues no era normal. No tenía números ni había colores, tan solo había dibujos de partes del cuerpo o simplemente partes en blanco.

La niña le dio una pequeña bola de color blanco para que la tirase.

Sus ojos se posaron por unos instantes en las botellas de licor que había detrás de la niña, de repente se dio cuenta del contenido en los interiores: órganos humanos. El hombre cogió la bola, asqueado por la visión, la observó durante un segundo, el tiempo suficiente para darse cuenta de que se trataba de un ojo humano. Inmediatamente, la soltó, cayendo sobre la ruleta.

—¿De qué se trata todo esto? –preguntó, limpiándose la mano en sus pantalones mientras la niña seguía con sus ojos cada movimiento de la ruleta.

El ojo acabó posándose en algo que parecía un estómago. La niña lo miró durante unos segundos. Se acercó a él, quien intentó escapar pero su cuerpo no le respondía.

—Así que le eres infiel a tu esposa. De hecho, nunca la quisiste, solo fue un matrimonio de conveniencia. No puedes dejarla porque trabajas para su padre.

El hombre estaba demasiado sorprendido cómo para darse cuenta del cuchillo que tenía la niña en la mano, hasta que este se clavó en su estómago. Una, dos y hasta tres veces, mientras la niña no paraba de reír. Gritó, pidió ayuda, pero allí solo estaban él, la niña y el péndulo, que estaba cada vez más cerca.

—Esta vez, tiraré la bola por ti –dijo la niña, levantándose y dejando al hombre en el suelo, que se arrastraba dejando un rastro de sangre a su paso.

Volvió a escuchar el sonido de la ruleta. Tenía que salir de allí, el ascensor tenía que funcionar, no quería morir ahí.

—¡Un corazón! ¡Ha salido el corazón! –gritaba la niña emocionada. El hombre la miró, llevándose una mano a la herida de su estómago. La niña sonreía, cogiendo el cuchillo de nuevo, clavando sus ojos negros en él. – Lo añadiré a mi colección.

El hombre volvió a gritar.

Abrió los ojos, sintiendo su cuerpo bañado en sudor. Se incorporó en la cama del hotel donde yacía su amante también. Había sido una pesadilla. Se llevó las manos a la cabeza, sintiendo su corazón latir con fuerza en su pecho. Respiró varias veces, intentando tranquilizarse. Fue entonces cuando se dio cuenta de un dolor punzante en su estómago. Miró y la sangre llamó su atención.

—Tictac, tictac.

Allí, sentada en una silla, había una niña pequeña vestida de blanco, con un cuchillo manchado de sangre en la mano, mirándolo con los ojos a punto de salirse de sus órbitas y sin perder la sonrisa. El hombre no tuvo tiempo de reaccionar, pues antes de que pudiera gritar, el péndulo cayó del techo, poniendo un punto y final a su vida.

La niña observó aquel corazón que ya no latía y que se había unido a su nueva colección. Movía sus piernas en el aire mientras tatareaba una canción. El sonido del ascensor le avisó de que tenía un nuevo cliente.

Sonrió, ansiosa por jugar de nuevo a su juego favorito.

 

** Este relato está inspirado en el anime Death Parade.

Escape de la casa encantada

*Nota al intrépido lector: elija las opciones (A o B) más acordes a su manera de actuar. Siga las instrucciones que le llevan de un punto a otro y, de este modo, podrá construir una historia peculiar donde el protagonista es usted.


Eran los últimos días de las vacaciones de verano, y Alex y sus amigos habían encontrado un nuevo reto cargado de valentía: una casa abandonada. Los cinco decidieron despedir sus vacaciones a lo grande explorando los rincones de la vieja y descuidada morada a las afueras del pueblo.

1. Cuando la oscuridad fue la única que reinaba en la superficie, entraron en la mugrienta residencia. Un relámpago aulló en la lejanía haciendo dar un respingón al pequeño grupo. Decidieron separarse y examinar el lugar.

[Opción A] Alex eligió la planta principal para el análisis exhaustivo de 
la vivienda. Nada de subir o bajar; mejor tener la puerta de salida 
cerca por si había que salir corriendo. Ve al punto 3.
[Opción B] Alex, a pesar de las negativas y burlas de sus amigos, decidió 
ir con Marla a inspeccionar el sótano. Mejor en compañía con la chica que 
sabía kárate, por si aparecía algún yonqui. Ve al punto 2.

2. Las escaleras crujían como si a alguien se le estuvieran rompiendo los huesos. El polvo y las arañas parecían ser los únicos dueños del lugar. Aún se escuchaban las risas de los demás mientras estudiaban la morada. Las linternas titubean.

[A] Alex llevaba en la mochila un par de linternas de repuesto, un foco 
que podría alumbrar un campo de fútbol, cuatro bengalas, siete velas 
perfumadas, un candil y una caja de cerillas. La oscuridad no podría con 
ellos. Ve al punto 4.
[B] Se las arreglaron con la luz de los móviles hasta que encontraron en 
la pared un cuadro de fusibles que activaba el alumbrado de toda la casa. 
Los murciélagos salieron espantados. Ve al punto 5.

3El pasillo estaba custodiado por numerosos cuadros que se habían descolorido por el paso del tiempo y la humedad de las goteras. Las imágenes deformes impresionaban bastante, tanto que no se dio cuenta de que una fina y tímida lluvia caía en el exterior. Se acercó a una ventana y pudo ver una figura que saludaba a lo lejos.

[A] Lo saludó creyendo que era uno de sus compañeros hasta que cayó en la 
cuenta de que todos estaban dentro. Se apartó bruscamente de la ventana y 
siguió explorando las habitaciones contiguas, sin prestar mucha atención a 
lo que había visto. Ve al punto 7.
[B] Lo saludó creyendo que era un pobre sintecho que solo buscaba un lugar 
donde refugiarse de la lluvia. Lo invitó a pasar, e incluso acudió a 
recibirlo, pero allí no apareció nadie… Ve al punto 6.

4. El amplio sótano era tétrico y resultó estar bastante despejado. Únicamente había en el centro un agujero que recordaba a un viejo pozo. Con cierta prudencia se asomaron para vislumbrar el interior. Un aura gélida se escapó desde las profundidades, casi como un grito de oscuridad. Alex perdió el control y su mochila multiusos se hundió en el abismo. Solo entonces notaron que varias sombras les hacían compañía.

[A] El terror paralizó al dúo; las oscuras sombras se acercaron atraídas 
por la luz. Tiró de Marla y corrieron escalera arriba. No hubo tiempo de 
echar una mirada atrás. Recordó que en su mochila llevaba un talismán y un 
poco de agua bendita. Una pena que se hubiese perdido todo en las 
profundidades del pozo. Ve al punto 8.
[B] Marla, quien era experta en kárate, repartió una buena dosis de llaves 
que dejaron a las supuestas sombras indefensas. Descubrieron con irritación
que se trataban de sus amigos que habían querido gastarles una broma. Sin 
embargo, seguían escuchándose en las plantas superiores unas risas un 
tanto extrañas... Ve al punto 9.

5. Los murciélagos desorientados invadieron todo el espacio y provocaron que Marla tropezara con un escalón. Cuando todo quedó más calmado, miraron con horror aquella habitación: múltiples cadáveres descompuestos adornaban el suelo; recuerdos ensangrentados adornaban las paredes; gritos de dolor adornaban el techo. La noche trajo de nuevo un relámpago que cayó con fuerza.

[A] Un cuerpo inerte se encontraba de pie en una de las esquinas. La luz 
general de la casa tembló; el cuchillo que había en la mano del sujeto 
brilló. Un afilado sonido retumbó por aquel macabro lugar; la luz 
desapareció. Alumbraron la esquina con el móvil, pero el cuerpo inerte ya 
no estaba allí… Ve al punto 9.
[B] Unos gemidos llamaron su atención al fondo de la estancia. Se acercaron
 con cautela, horripilados. Uno de los cuerpos putrefactos parecía que 
seguía con vida, como aferrándose a la luz. Cuando estuvieron lo 
suficientemente cerca, el cadáver atacó a Marla, mordiéndole con los pocos 
dientes que le quedaban. Los gritos despertaron a los demás muertos. 
Ve al punto 8.

6. El único invitado que apareció por allí fue el sonido de la lluvia al caer en una casa vieja y en ruinas. «No dejes que entre», le pareció escuchar; pero allí no había nadie. Cerró la puerta y se fijó en un enorme espejo que colgaba de la pared de la entrada.

[A] Se trataba de una reliquia antigua con adornos muy esotéricos. «Le 
dejaste entrar». La voz parecía provenir del interior del espejo. Se 
acercó, y cuando puso la oreja en el gélido cristal, un grito agudo salió 
de él. Ve al punto 8.
[B] Se acercó a contemplar la gran antigualla y, gracias a que estudiaba 
latín, pudo leer que se trataba de un espejo maldito en un grabado del 
marco. Pasó de malos rollos y continuó su recorrido. Una ráfaga de aire 
trajo una voz lamentándose que hizo que se girase y se topase con la figura
 oscura que vio en el exterior. Ve al punto 9.

7. Unos truenos estremecedores acariciaron la noche, trayendo consigo la feroz tormenta. Alex entró en lo que parecía una sala de música, con numerosas butacas comidas por la mugre que rodeaban un delicado piano en medio de la estancia. Una mujer vestida de negro palpaba las teclas con delicadeza.

[A] Con cierto asombro, llamó temblorosamente a la señora. Ella no se 
volteó, únicamente empezó a tocar el instrumento con violencia mientras 
soltaba carcajadas descaradas. Antes de que se diera cuenta, un público 
espectral contemplaba a Alex desde las butacas. Ve al punto 9.
[B] Salió con pánico de la sala, chocando en el pasillo con una de sus 
compañeras que venía de explorar el piso de arriba. Le contó lo sucedido y 
ella fue a inspeccionar el piano maldito con valentía. La esperó con el 
corazón encogido y la respiración entrecortada. Entonces, la oyó gritar 
desde el interior de la habitación. Ve al punto 8.

Final

Punto 8

Punto 9

[+Punto 10]

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