Flor y espina

Se miró en el reflejo que le mostraban esas aguas bañadas por la luz de la luna. Allí estaba ella; con su tez pálida, sus ojos azules, su pelo blanco y sus labios de color rojo. Colocó la yema de su dedo encima de la superficie, provocando una onda que se propagó por todo el lugar. Sonrió de manera triunfante. Lo había conseguido.

¿Acaso no lo sabes?

Por supuesto que lo sabía. Sabía que las flores tienen espinas, y ella se había deshecho de todas, ya que siempre le habían dicho que era una flor. Aún recordaba la mirada de un pobre ratón que le pedía piedad o que simplemente acabase con su vida, pero ella había decidido jugar un poco más con él. Recordó cómo después lloró desconsoladamente porque había muerto y yacía en sus manos.

Lo sabes, ¿entonces?

Era lo mejor. No quería vivir con más espinas.

espinas

Sangre. Muerte.

Sonrió ante el eco de esas palabras en su mente. Ya todo había terminado. Lo supo en cuanto esa mañana vio aquel cuchillo encima de la encimera. Tenía que deshacerse de todas las espinas que tenía, ¿por qué no empezar por su propio corazón corrompido?

Y así, desde donde estaba pudo ver cómo su cuerpo se hundía en las aguas del lago, engullido más y más por la oscuridad. Lo último que vio fue el destello del cuchillo clavado en su pecho.

¿Paraíso o Infierno?

Se dio la vuelta, dándose cuenta de que estaba el mismo ratón que había matado hacía unos meses. Lo siguió, adentrándose en el bosque, dejando atrás su gran espina.

 

Fuente: Google Imágenes

 

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«La miseria suena a burla para aquellos que tienen un estómago lleno»

El niño y el mundo

  • Título original: O menino e o mundoMV5BMjM0NjQ1NzUyN15BMl5BanBnXkFtZTgwMzcwNjMyMjE@._V1_SY1000_CR0,0,669,1000_AL_
  • Título alternativo: The Boy and the World
  • Año: 2013
  • Duración: 80 min.
  • País: Brasil
  • Dirección: Alê Abreu
  • Guion: Alê Abreu
  • Música: Ruben Feffer, Gustavo Kurlat
  • Reparto principal: Vinicius Garcia, Felipe Zilse, Alê Abreu, Lu Horta
  • Más información: IMDb, filmaffinity, ALLMOVIE

Un crío de una familia pobre se escapa de casa para ir en busca de su padre, quien se ha marchado por trabajo, y acaba viviendo una aventura “mágica” donde descubre las realidades del mundo moderno.

Una animación curiosa que, junto a la (casi) inexistencia de diálogos, consigue que parezca que se está viendo un libro de cuentos infantiles. Bajo la mirada inocente de un niño se van a tratar temas como la desigualdad, la industria, el mundo laboral, la contaminación, la militarización, el contraste de la vida en el campo y la ciudad… Los colores, las formas y una repetitiva canción de flauta nos trasladan a una historia que está tratada con mucho mimo y con la que pueden disfrutar tanto niños como mayores.

Mi puntuación: 13942261_1269687406409413_895346483_n13942261_1269687406409413_895346483_n13866573_1269687523076068_970961706_n

A partir de este momento puedes hacer una de estas acciones: preparar palomitas y ver la película o leer este relato inspirado en ella y que podría contener algún que otro spoiler.

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Gente, carro, vento, arma, roupa, poste; aos olhos de uma criança.

Sus ojos solo ven inocencia y colores que bailan al son del amanecer. Todo lo baña el aire fresco que traen los árboles frutales. Los insectos hacen carreras para ver quién es el más veloz. El humo de un tren a vapor saluda a sus recién llegados: alguien importante se marcha.

Los renacuajos se esconden bajo las plantas del arroyo. Las burbujas musicales se desvanecen en el cielo. La tierra se vuelve oscura y fea. El humo del tren se hace cada vez más pequeño. Alguien importante se ha marchado.

El corazón empieza a apoderarse de todo el cuerpo. La adrenalina cosquillea cada parte de su ser. En la mente solo una idea: correr. Un vacío de soledad le da un empujón y la pequeña criatura echa a volar. Los aleteos de los insectos lo ayudan a coger velocidad. Pero el humo del tren ya es invisible.

La respiración entrecortada le advierte de un peligro mayor: un bosque de asfalto que ha aniquilado a los colores. Los rayos de sol le dicen que tiene que estar en la ciudad de sombras afligidas. Suspira.

Mente, sarro, alento, calma, moça, sorte; aos olhos de uma criança.

Sus recuerdos de diversión juntos parece que lo orientan. El hambre de las calles lo zarandea a cada paso. Los animales ahí son salvajes y muestran sus retorcidos y ennegrecidos dientes. El tráfico engulle poco a poco su deseo de encontrarlo.

¿Dónde está la música que todo lo revive? ¿Y ese verde que puede alimentar cualquier sueño mágico? ¿Y las estrellas que te embarcan a otros mundos? ¿Acaso las hadas aquí están muertas?

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(Imágenes tomadas de SensaCine)

 É certo, é coração, é causa, é danação, é sonho, é ilusão.

Miradas de desprecio lo empequeñecen aún más. Por cada paso, una hora. La noche le grita la cruda realidad; las puertas cerrándose tras de sí le arrojan la insoportable verdad. Alguien importante se había marchado. Para siempre.

El corazón no quiere admitirlo y sigue latiendo con fuerza. Sus ojos llorosos buscan aquel cabello colorido. El sueño conspira con el cansancio para hacerse con el control. Las sirenas en ese lugar suenan más frías.

É fome, é fé, é os home, é medo; é fúria, é ser da noite, é segredo, é choro de boca calada.

Más criaturas como él se le acercan. Sus pequeños rostros están dibujados por la desesperación. Ningún sonido, ni una palabra. Asienten: jamás volverán a verlo. Ahora están solos, perdidos, sin color.

Dolor

Sabía que estaba cerca. Se tumbó en la cama, encogiéndose sobre sí misma, abrazándose. Cerró los ojos, esperando que todo fuese mentira y que aquel círculo  rojo que había visto en el almanaque fuese solo un producto de su imaginación. Un escalofrío le confirmó que no, que era su triste realidad.

Intentó evadirse de la realidad, centrándose en el sonido de la lluvia, los crujidos de la madera o en su propia respiración, algo alterada. Cerró los ojos con tanta fuerza que empezó a ver motas de distintos colores. Suspiró, llevándose las manos a la cara, deseando que el tiempo se hubiese parado hacía años. Aún recordaba aquellos días en los que tenía una sonrisa infantil en su rostro, una mirada limpia y muchas ganas de vivir. Sin embargo, todo eso quedó en un pasado que parecía muy lejano. Y, sin saber cómo, acabó quedándose dormida navegando en esos recuerdos.

Cuando despertó, lo supo. Había llegado. Estaba allí. Se escondió entre las sábanas, conteniendo el aliento. Cerró los ojos, volviendo a desear que todo fuese una pesadilla, pero el dolor en su interior le decía que no. Escuchó pasos acercándose, más y más cerca. Quería llorar, quería gritar, quería huir de allí, quería volver a esos recuerdos que la habían atormentado, pero era incapaz de hacer nada, pues el dolor en su interior iba a más. Sintió cómo la cama se hundía a los pies y algo se arrastraba, llegando a la altura de su oído derecho.

—He vuelto –le susurró una voz fría sin emoción al oído.

Y esta vez, gritó, aunque no pudo zafarse de las garras de aquella figura totalmente de rojo que la acabó engullendo una vez más.

La sirena verde

Estoy muriendo. Lo noto en los labios. Lo noto en mis sienes. Lo siento. Dentro de mí. Me he despertado con unas ganas irrefrenables de vomitar, pero no lo he hecho. Si muriese ahora sería demasiado joven. Demasiado joven para amar. Demasiado joven para desprenderme de la vida. Hasta demasiado joven para respirar. Mi madre dice que la semana que viene cumpliré 18 veranos. Y yo sigo aquí, al sol. Mis ojos, tan limpios como la brisa, han perdido su brillo, mis mejillas han abandonado el color de los melocotones. La vitrina del cielo se desploma frente a mis manos y proyecta la sombra despeinada de mi cabello envejecido de azul. Ni siquiera quedan restos de los productos químicos ni puedo palpar su toxicidad, al menos el agua de la piscina no lo ha vuelto de color verde, como las sirenas de las profundidades. Escucho Nirvana y se repite en mi cabeza la voz de Kurt Cobain susurrándome “¿Dónde has dormido esta noche?”. Quiero ser su chica. Nuestros hijos tendrían los ojos azules y serían rubios como el trigo y la cebada; tendrían su pelo despeinado y mis hoyuelos, su rabia y mi apatía. Kurt me abandonó antes de nacer, pero estoy segura de que se habría enamorado de mí si me hubiese mirado a los ojos y hubiese comprendido que la soledad y la destrucción del mundo está en mis pupilas, marrones como la roca caliza. Busco la oscuridad de mi habitación con viejos posters de su melena, viejas glorias de los vinilos desgastados y un helado derritiéndose en la colcha de la cama. Quiero morir por ti, Kurt, dejarme caer a tu abismo; dejar de soñar contigo. A los 27 acabaré con mi vida, tal como hiciste tú hace 24 años atrás, escupiendo a la pistola que te partió la sien. Y seré canción con tus melodías. Recuerdo cuando estaba en el útero de mi madre; me ahogaba. Yo nunca fui una chica normal. Ni corriente. Ni nada que se le parezca. Soy como tú, Kurt, y es por ello que debo planear mi muerte. Soy demasiado cobarde para las cuerdas, demasiado cobarde para las armas de fuego, demasiado cobarde para romper mis venas. Pero tal vez sí estoy preparada para las pastillas o tal vez estoy preparada para morir de soledad, como tú. El aire caliente entra por mi ventana y me abrasa la piel. Odio el verano y estoy empapada. ¿Dónde estás, Kurt? Eres un ángel vestido con cazadora. Abrázame. Soy demasiado joven para amar, pero te elegí a ti.

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«Si la policía no nos defiende, ¿por qué no defendernos nosotros?»

El justiciero de la ciudad

  • Título original: Death WishMV5BYWQ2ZjUxNWYtZDU5Ni00Y2MwLTg1YjktMjBhMmEyYjQ1MjUxL2ltYWdlXkEyXkFqcGdeQXVyMTQxNzMzNDI@._V1_
  • Año: 1974
  • Duración: 93 min.
  • País: Estados Unidos
  • Dirección: Michael Winner
  • Guion: Wendell Mayes
  • Música: Herbie Hancock
  • Reparto principal: Charles Bronson, Vincent Gardenia, Steven Keats, Hope Lange, Stuart Margolin
  • Más información: IMDbfilmaffinityALLMOVIE

El protagonista es un ciudadano modélico que, a raíz de un asalto violento a su mujer e hija, decide tomar cartas en el asunto y acabar con los delincuentes a tiros, ya que por otros medios no consigue justicia.

Aunque la historia es bastante simple, la película derrocha cierto atractivo en su intento de representar la gran oleada de delincuencia callejera. O quizás dicho encanto reside en las numerosas pegas que contiene (¿acaso el arma tenía balas infinitas?). El personaje principal da la sensación de vivir angustiado durante todo el film; si presenta una evolución es casi imperceptible. Es esa misma angustia la que despierta su sentido de la “venganza” (aunque en ningún momento arremete contra aquellos que le arrebataron a su esposa) y la justicia, una justicia que está manchada por policías que ponen prioridad en dar caza al justiciero en lugar de salvar a los ciudadanos.

Mi puntuación: 13942261_1269687406409413_895346483_n13866573_1269687523076068_970961706_n13866573_1269687523076068_970961706_n

A partir de este momento puedes hacer una de estas acciones: preparar palomitas y ver la película o leer este relato inspirado en ella y que podría contener algún que otro spoiler.

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Paul acababa de regresar de unas vacaciones inolvidables en una isla de ensueño con su familia cuando asesinaron a su mujer. Él se encontraba en la oficina contando anécdotas del viaje a sus compañeros de trabajo, presumiendo de las fantásticas vistas y exóticas comidas…, hasta que una llamada le borró la animada sonrisa de la cara. La señora Kersey e hija habían sido asaltadas en su propia vivienda por unos ladrones, unos ineptos ladrones, pues lo único que consiguieron llevarse fue la vida de la tan adorada esposa y madre de familia.

Paul no volvió a ser el mismo desde aquel suceso. No solo le robaron una inocente vida, sino también los buenos recuerdos vividos, las tontas e insignificantes discusiones por quién debería bajar la basura o de qué color pintar la pared del recibidor, las tranquilas horas de sueños compartidos, las casi treinta cenas de san Valentín, los jerséis navideños regalados y futuros, los cientos de paseos bajo la nieve y las estrellas, los próximos cumpleaños, el perfume favorito del Día de la Madre que tanto le gustaba a la señora Kersey y que tanto enloquecía a Paul, las noches de pasión desenfrenada…

Para la policía de la ciudad, la muerte de la señora Kersey a manos de un grupo de bandidos solo era un número más de entre los tantos expedientes sin resolver del escritorio. La tasa de crímenes se acrecentaba cada día y los altos cargos no hacían nada para detener a los malhechores que acosaban en cualquier parte a los ciudadanos que solo pedían una vida sencilla.

Al caer su hija en una profunda crisis por no poder asumir todo lo que había pasado la noche del asalto, Paul, con una disposición propia de héroes, determinó tomarse la justicia por sus propias manos. Y, a pesar de que la ciudad tenía ciertas leyes en contra de las armas y un control pésimo en el aeropuerto, se las arregló para pasar un revólver con balas indeterminadas, trayendo a la ciudad lo que todo vecino pedía a gritos: un justiciero, un señor de la noche, un guardián silencioso…

…un protector vigilante, un caballero oscuro.

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(Imágenes tomadas de IMDb)

De este modo, la ciudad que nunca duerme se sentía protegida por un anónimo pistolero que acribillaba a los delincuentes en un principio por venganza, después… para rellenar cuatro entregas más.

Tal vez si los ciudadanos se hubieran sentido protegidos desde un primer momento por el cuerpo de policía, la señora Kersey seguiría con vida. Y así Paul todavía estaría hablando de sus fantásticas vacaciones en familia.

«Entraron en un banco, ninguno de los dos tenía miedo. Llevaron armas que jamás usaron»

180 Segundos

  • Título original: 180 Segundos57150_1485_imagen__
  • Año: 2012
  • Duración: 90 min.
  • País: Colombia
  • Dirección: Alexander Giraldo
  • Guion: Alexander Giraldo
  • Música: Julio Nava, Andrés Landínez
  • Reparto principal: Manuel Sarmiento, Angélica Blandón, Alejandro Aguilar, Manuel Viveros, Luis Fernando Montoya
  • Más información: IMDb, filmaffinity, ProimágenesColombia

La historia cuenta el último golpe de una banda de ladrones, así como la relación entre sus miembros y los últimos minutos en los que son sorprendidos por una unidad de policías corruptos.

El drama es constante, dejando los (pocos) momentos de acción para la trama final, ya que lo que verdaderamente importa es la relación de los miembros de la banda, sus ideales (robar a los que “se lo merecen”, atracos limpios…) y el sueño de empezar una nueva vida. Abundan los regionalismos y coloquialismos propios de la zona, factor que resulta de algún modo original al dar más naturalidad a los personajes. El planteamiento in extremis aporta un toque de suspense y nos implica para construir los porqués con la ayuda de constantes retrospecciones y flashbacks en la cinta.

Mi puntuación: 13942261_1269687406409413_895346483_n13866573_1269687523076068_970961706_n13866573_1269687523076068_970961706_n

A partir de este momento puedes hacer una de estas acciones: preparar palomitas y ver la película o seguir leyendo a sabiendas de que podrías toparte con ciertos detalles que comúnmente llamamos spoilers.

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Un último golpe y todo se acaba.

Esa era la idea que Zico, nuestro jefe, nos dejaba caer siempre con cada golpe. ¿Cuándo sería el último de verdad? Ese huevón con su obsesión nos maniataba a todos los demás. ¿De verdad era necesario otro más? ¿No teníamos suficiente? ¿No habíamos sufrido ya bastante?

1, 2, 3 segundos…

El edificio era más grande que el de la vez anterior: 12 plantas con una piscina en la azotea. Si nos acorralaban, tendríamos la oportunidad de un último baño antes de la cana. También estaba rodeado de pequeños negocios, y quizás alguno podría servirnos de parche para montar el equipo y esconder los aparatos.

15, 16, 17 segundos…

Cada uno sabía lo que tenía que hacer; siempre era lo mismo. Un último golpe y todo se acaba. También nos dijo eso cuando los toños se lo llevaron. ¿Y si esta vez le tocaba a otro? O peor: ¿y si nos tocaba a todos nosotros?

33, 34, 35 segundos…

Muchas veces he pensado si esto realmente está bien. Zico decía que era nuestra obligación, y  nosotros solo asentíamos dándole la razón. La ciudad nos necesitaba, ya que los choros y los gringos se juntaban para robarnos a los más necesitados.

59, 60, 61 segundos…

¿Qué somos? ¿Héroes o ladrones? Ya apenas hay tiempo para pensar en el bien o en el mal. El pana está en la tienda controlando las cámaras de seguridad; el Zico en la cuarta planta peleando con el gringo; Angy le sigue para abrir la caja. La velocidad es la clave.

98, 99, 100 segundos…

Un último golpe y todo se acaba. Pero no es suficiente: la ciudad sigue sufriendo, los pobres muriendo y los ricos…, ellos sonríen ajenos a todo. Nuestro parce fue otro chulo al que silenciaron con su oro manchado de sangre. Nunca sería suficiente, nunca se acabarían los muertos.

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(Imágenes tomadas de ProimágenesColombia)

150 segundos…

Entrar y salir; tumbar al gringo de la cuarta planta y al de la caja, nada más. Coger lo que nos pertenece y llevarlo al barrio; rápido y sin chupas, como siempre.

160 segundos…

El pana está nervioso, sabe que no queda tiempo.

170 segundos…

Varios disparos se escuchan desde la azotea.

175 segundos…

Angy grita y llora.

180 segundos…

—Ya se fregó. Han quebrao a ese cabrón.