«Nadie ha podido vivir en ella, no quiere que la habiten»

Al final de la escalera

  • Título original: The Changeling MV5BODAwYjJhNTctYzA3Ny00YTYxLWE3YmEtM2FjNDdlNWJmMmU5XkEyXkFqcGdeQXVyMTQxNzMzNDI@._V1_SY1000_CR0,0,657,1000_AL_
  • Año: 1980
  • Duración: 107 min.
  • País: Canadá
  • Director: Peter Medak
  • Guion: William Gray, Diana Maddox
  • Música: Rick Wilkins
  • Reparto principal: George C. Scott, Trish Van Devere, Melvyn Douglas
  • Más información: IMDb; filmaffinity; ALLMOVIE

La historia tiene como protagonista a un viejo compositor que se muda a una antigua mansión que oculta un oscuro crimen del pasado que necesita ser desvelado.

Un clásico de terror que se convierte en obligado por su método para sugerirnos la tensión y el miedo sin recurrir a los típicos sustos de fantasmas. A pesar de contener los elementos propios que sirven de referente para construir historias de casas encantadas (ruidos de tuberías, pianos que suenan solos, sillas y juguetes de niños que se mueven, etc.), el misterio, la búsqueda de la verdad y la venganza se  hilvanan de tal manera que te hacen disfrutar de la atmósfera e incluso empatizar con los protagonistas. Mención aparte tiene la adaptación al español del título original de la película.

Mi puntuación: 13942261_1269687406409413_895346483_n13942261_1269687406409413_895346483_n13866573_1269687523076068_970961706_n

A partir de este momento puedes hacer una de estas acciones: preparar palomitas y ver la película o seguir leyendo a sabiendas de que podrías toparte con ciertos detalles que comúnmente llamamos spoilers.

♦♦♦


«—Busco un sitio donde instalarme que me aleje de todo aquello que me recuerde a mi familia, pues acaban de fallecer en un trágico accidente.

—Seguro que esta casa encantada no lo decepcionará; pase y vea».

La verdad es que la señora que me la vendió jamás mencionó que este antiguo edificio incluyese fantasmas, pues la cosa habría cambiado y probablemente me habría ido a vivir a un pequeño apartamento en el centro, rodeado de vecinos ruidosos y niños llorones.

La fachada ya se veía como un viejo palacete descuidado en el centro de una salvaje naturaleza. Ni los adolescentes más temerarios se atrevían a asomarse por la zona. Quizás eso fuese un punto a favor.

El interior era otra historia: grandes veladas nocturnas entre las más altas clases podrían haberse celebrado perfectamente, aunque ahora todo estuviese envuelto en polvo y recuerdos. Una buena limpieza y todo volvería a relucir.

La señora enseguida me mostró la biblioteca y la sala de música; ella ya sabía que eso me encantaría. De hecho, ni se molestó en terminar de enseñarme el resto de la casa. ¿Para qué? Muebles viejos, telarañas, polvo, soledad… Lo más hermoso de la finca, sin duda, la soledad.

A la semana de estar viviendo en la vieja casona, un estruendo horrible se escapó de entre las paredes durante varias madrugadas seguidas. El jardinero aseguraba que esos ruidos eran normales, pero el terror y la reiteración hacían que mi cabeza se obsesionase por el origen de dichos sonidos. ¿De dónde venían?

Encontré una habitación oculta en un ático, parecida a un dormitorio de un niño. Tras esto, no tardaron en aparecer los fantasmas. Un día, una ventana rota; otro, grifos abiertos; otro, una pelota que cae de las escaleras; otro, Preludio núm. 1 en do mayor, BWV 846 en un piano sin pianista… Habría salido corriendo en la primera de cambio si no fuera porque tenía la vaga esperanza de que mi hija estuviera intentando comunicarse conmigo.

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(Imágenes tomadas de IMDb)

Llamé a unos espiritistas y ellos me confirmaron las presencias. Un tal Joseph no podía descansar en paz porque había sido asesinado en la habitación oculta en el ático. ¿Por qué? ¿Por qué un padre habría matado a su propio hijo?

Demasiadas preguntas para un hombre cansado sin ganas de vivir, un viejo que acababa de perder a toda su familia, un triste sujeto que solo buscaba soledad. ¿Que qué hice?  Me mudé al centro.

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El ángel

Cuando el mundo se redujo a cenizas, los últimos alientos buscaron un refugio. Los humanos flotaban suspendidos sobre una densa capa de polvo, víctimas de una violenta lluvia de estrellas. El cielo se sumió en una penumbra infinita. Y el silencio reinó durante tantos años que las palabras se olvidaron. Balbuceos, alaridos y llantos. Y manos a tientas buscando una salida.

Con los ojos fuera de sus cuencas, las venas abiertas y los labios carcomidos, alguien (un niño, dijeron después) vio una luz. Una figura vestida de blanco y reluciente se alzaba de pie entre los escombros. No tenía las piernas amputadas, ni llevaba sangre de siglos pasados en su ropa. Dibujaba una sonrisa. ¡Una sonrisa!, cuando ninguno recordaba sus dientes.

El niño aprendió a hablar. O lo recordó. Porque el tiempo se había extinguido y el mundo se había paralizado en el miedo y el pánico. Era mejor dejar de vivir que morir, dijeron. Así que se enterraron con vida bajo los restos del sol. Pero el niño volvió a hablar. Gritó alegre, con una exclamación de júbilo que erizó las pieles desgarradas y perdidas en el suelo.

¡Un ángel!, escucharon algunos.

¡Es Dios!, repitieron otros.

Y las ruinas se movieron. Mientras el rumor de las voces se extendía a través del subsuelo, los cuerpos se elevaban de sus tumbas improvisadas. El tiempo volvió a transcurrir y la oscuridad ya no era un problema para encaminar sus pasos. Buscaban el aire desesperados, rescatando sus últimos alientos. Los convirtieron en los primeros y dijeron: vamos a vivir de nuevo.

Nadie supo quién era el niño, no volvió a escucharse su voz, ni su risa. Nadie más vio esa figura luminosa, pero todos hablaban de él. A veces iba de blanco, a veces tenía alas desplegadas, a veces sonreía, a veces lloraba de pena.

Pero siempre repetían una misma historia, un mismo detalle: el niño tenía los ojos arrancados.

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«Cuídese sobre todo de las habladurías»

La sombra de nadie

  • Título alternativo: Nobody′s ShadowLa_sombra_de_nadie-596083733-large
  • Año: 2006
  • Duración: 97 min.
  • País: España
  • Director: Pablo Malo
  • Guion: Pablo Malo
  • Música: Aitor Amezaga
  • Reparto principal: José Luis García Pérez, Philippine Leroy-Beaulieu, Andrea Villanueva, Manuel Morón, María Jesús Valdés, Vicente Romero
  • Más información: IMDb; filmaffinity; Fotogramas

La historia se centra en tres personajes que, a raíz del fallecimiento de una niña de un internado, buscarán la manera de resolver el oscuro secreto oculto en el pueblo.

El suspense y la intriga son los pilares fuertes, ya que los sustos se quedan en esos típicos sobresaltos del género de terror, abusando de un obstinado espíritu que no te dejará dormir hasta que le ayudes a resolver sus asuntos. Desde los créditos iniciales se nos muestra una puesta en escena fantasmagórica del humedal que, junto al internado y el resto del pueblo, recrea el ambiente perfecto para ocultar una verdad en una sociedad rural donde las habladurías y el qué dirán aterrorizan más a los vecinos que los propios muertos.

Mi puntuación: 13942261_1269687406409413_895346483_n13942261_1269687406409413_895346483_n13866573_1269687523076068_970961706_n

A partir de este momento puedes hacer una de estas acciones: preparar palomitas y ver la película o seguir leyendo a sabiendas de que podrías toparte con ciertos detalles que comúnmente llamamos spoilers.

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En el pueblo de Laura no había secretos. Todo se sabía, nada pasaba desapercibido. Podrías esforzarte en ocultarlo, pero tarde o temprano alguien acabaría destapando tu secreto más oscuro. Por eso, cuando el cuerpo de una niña fue hallado sin vida en el humedal, la discreción fue poca. Laura estuvo en boca del pueblo durante mucho tiempo, dándole juego a los chismorreos de los aburridos lugareños. Hasta que, poco después, los rumores sobre fantasmas en el internado donde vivía la fallecida se hicieron los protagonistas.

Unos decían que solo eran tonterías de las niñas para llamar la atención; otros, que el espíritu de la montaña estaba enfadado por la muerte de Laura; algunos, que el padre había regresado para acabar con su inocente vida; y el resto opinaba que el pueblo no había perdido gran cosa con la muerte de una criatura. Sin embargo, Mónica, su compañera de habitación, decía otras cosas. La directora del centro tuvo que llevarla a un par de profesionales porque la niña aseguraba que Laura no se había ido, que seguía en el internado.

Nadie creía en sus palabras.

Pronto, las ideas disparatadas de Mónica empezaron a asustar a las demás, pues afirmaba que habían llegado otros fantasmas de la mano de Laura, todos fallecidos en el pueblo. Las más valientes se atrevían a preguntarle las causas de sus muertes, y Mónica se regocijaba contando las historias que los muertos susurraban.

«¿Qué le enseñáis en ese colegio?» «La pobre desgraciada no ha superado la trágica muerte de su amiga; solo intenta llamar la atención». «Esta acabará igual que la otra. Cuestión de tiempo». «¿No castigáis a las niñas por esas blasfemias?» «Son cosas de críos…».

Los espectros se amontonaron.

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(Imágenes tomadas de Fantasymundo)

En el pueblo de Laura no había secretos. Todo se sabía, nada pasaba desapercibido. Podrías esforzarte en negarlo, pero la realidad se encargaría de abofetearte la cara. Puertas que se abrían, cristales que se rompían, objetos que se caían, personas que desaparecían… Mónica era la única que los veía, sonreía y hablaba con ellos; incluso podía pasarse horas jugando con esos entes. Nadie la juzgaba, nadie le prestaba atención ya.

Todos lo sabían.

Laura nunca se fue. Solo quería estar con la única persona que la creyó en vida… y maldecir al pueblo que la mató.

One more light

 

Para Chester Bennington

Eras el hombre invisible

tras una voz desgarradora

que rozaba el cielo con su garganta.

Una grieta en el castillo de cristal, ensangrentado y envenenado, que se agranda y se expande en una pesadilla laberíntica, que nunca termina. Viajas entre acordes y notas perfectas lanzadas al cielo, y rompes esquemas, dibujas las paredes con sueños y escondes lamentos en un grito infinito que nadie escucha.

Mares enteros de frío cristal

te acompañaban

en tus largas horas de insomnio

y oscura soledad.

Luchaste contra viento y marea

para ganar tu libertad,

peleando con las uñas agrias

por gritar en silencio.

Por liberarte.

Querías ser tú y no ese demonio que te carcomía por dentro. Esperabas una oportunidad para volver a sentirte vivo, para volver a ser libre, para cumplir las promesas que una vez hiciste, para olvidar todo el dolor que has sentido, pero al final la luz se apaga, el dolor perdura y no eres capaz de encontrar el lugar al que perteneces.

Si en tus versos pudiese flotar

iría a rescatarte.

Te salvaría por última vez

de la verdad de cientos de mentiras.

Y te enjugaría la sal de tus lágrimas.

Alejaría tus tinieblas

para que no existiesen motivos para sangrar.

Extirparía tu miedo a respirar.

Te traería de vuelta a casa.

Asciendes en un parpadeo infinito, de una luz tintineante que brilla entre la inmensidad de estrellas y penumbra. Allí, entre ellas, brillas más que ninguna, cegadora como una puesta de sol, que se esconde por ti. Y entre los susurros del aire, tu voz sigue vibrando, estremeciendo pieles y corazones con los sentimientos de un alma rota y eterna.

Millones de luces te buscan en la oscuridad,

eres un ángel disfrazado de humano.

La memoria del mundo

te rememorará para siempre

en tu trono de estrellas.

Tú estás aquí, imposiblemente solo.

 

 

La venganza del cuervo blanco

Las vacaciones de verano habían llegado y Margaret había decidido llevar a sus dos hijos al pueblo donde vivía su suegra, a pesar de que esta le había dicho que no quería verlos ese año. Había hecho oídos sordos, pues “son tus nietos, quieren verte, están en su derecho.” La anciana tan solo le había dicho: “tú no lo entiendes”.

A Margaret le sorprendió no ver a casi nadie por las calles del pueblo: ¿y los niños jugando en la calle? Eran las ocho de la tarde, ¿por qué los parques estaban desiertos?

—Mamá, ¿por qué no hay nadie? –preguntó Eric, su hijo mayor de siete años.

—Supongo que se habrán ido de vacaciones.

Aparcó el coche al final de calle. La madre sacó las mochilas cargadas de ropa del maletero mientras sus hijos miraban a su alrededor. Nunca habían estado en el pueblo de su abuela, esta nunca había querido que fueran. Su madre, harta por la situación, había decidido ponerle punto y final a las tonterías de esa anciana.

—Mamá, ¿por qué esa casa es negra? –preguntó Henry, el pequeño.

Margaret miró hacia donde su hijo señalaba con su pequeño dedo. Una casa oscura, con un tejado roto y dos árboles grandes, levantándose a ambos lados, cuyas ramas estaban llenas de cuervos, que los miraban fijamente.Un escalofrío recorrió su espalda. Un coche paró justo delante de ellos, bajando la ventanilla, dejando ver a un señor con el rostro pintado de preocupación.

—Señora, ¡usted no es de aquí! ¿Qué hace? ¿Por qué los ha traído? ¡Hoy es luna llena! ¡Váyase! ¡Lléveselos! ¡Póngalos a salvo!

Margaret no entendió nada. Empezaba a comprender por qué su marido había huido de ese lugar y no había querido hablar nunca más de él. Tocó varias veces a la puerta ya que no recibía respuesta alguna. Tras varios minutos de insistir, la anciana la abrió. Su rostro marcado por los estragos de la edad y sus ojos vacíos hicieron que le volviera a dar un escalofrío. Carla, la abuela, no pudo más que dejarles pasar, mirando a cada uno de sus nietos, preguntándose qué iba a ser de ellos. ¿Los dejaría en paz? Sonrió. Conocía la respuesta.

La noche llegó: la luna llena iluminaba todo el pueblo, sin dejar ver ningún rastro de estrellas. Margaret había acostado a los niños y se dispuso a dormir. Le dio las buenas noches a Carla, quien había decidido quedarse levantada viendo la televisión.

—Margaret, ¿te has despedido de ellos?

—Les he dado las buenas noches.

—Bueno, supongo que viene a ser más de lo mismo –no vio el rostro de Carla, pero volvió a sentir un escalofrío recorriendo toda su columna. Ya iban tres en el mismo día.

Eric y Henry dormían mientras que la luz de la luna los bañaba a través de la ventana. Todo parecía tranquilo hasta que un sonido en la ventana despertó al más pequeño. Se incorporó y observó lo que había al otro lado. Sonrió, sintiendo la emoción recorrer cada fibra de su cuerpo. No tardó en levantarse y salir de ese cuarto y de esa casa, sin ser visto por nadie… o eso pensaba.

Margaret, ajena a lo que su hijo había hecho, dormía plácidamente, hasta que sintió que la sacudían. Abrió los ojos, encontrándose con Eric, quien la miraba con preocupación. Le dijo que Henry había desaparecido. Alarmada, salió de la cama, sintiendo que el corazón le latía con mucha rapidez, haciendo que su pecho doliera. Al salir al pasillo, vio la puerta abierta y se temió lo peor.

—¡Carla! ¡Ayúdame a buscar a Henry! –gritó, mirando a su suegra que seguía meciéndose, con los ojos cerrados.

—Ya es tarde.

—¿A qué te refieres?

—Te despediste de él, ¿no? Si no me crees, solo ve a la casa oscura.

Sabía a lo que se refería, la había visto esa tarde.

Salió corriendo, seguida por Eric, que le pedía que lo esperase. Le había pedido que se quedase en casa pero le había dicho que tenía miedo, así que no tuvo más remedio que llevarlo con él. La verja de la casa estaba abierta. Margaret entró sin dudar, llamando a Henry, sin importarle despertar a nadie… aunque parecía que a nadie le importaba los gritos desesperados de una madre por su hijo. Fue entonces cuando la luna iluminó el suelo, dejando ver el pijama de Henry al pie de unos de los árboles.

—¿Henry? ¡¡¿¿Dónde estás??!!

—Mamá, yo también quiero jugar con ellos –dijo Eric, sonriendo, sintiendo la emoción de un nuevo juego recorrer todo su cuerpo.

Margaret no entendía lo que decía su hijo. Tan solo vio que señalaba la copa del árbol que estaba llena de cuervos que los miraban atentamente.

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—¿Qué dices?

—Mamá, Henry está ahí. –Eric señaló una rama, concretamente a un cuervo.

—Eric, ¿qué estás diciendo? ¡Tenemos que seguir buscando a tu hermano!

Donde Margaret solo veía cuervos, Eric veía a pequeños niños sobre los árboles, riendo. Fue entonces cuando el pequeño Henry lo miró, con los ojos en blanco y una sonrisa torcida.

—Eric, mañana iré a por ti.

La adrenalina llenaba cada fibra de su ser, haciendo que sonriera.

—¡Sí! ¡Juguemos mañana!

Mientras tanto, los vecinos que vivían en esa calle, miraban aliviados la escena: sus hijos no habían sido las víctimas esa noche.

Carla, desde la ventana del salón, dejó que las lágrimas salieran de sus ojos. No importaba la distancia, podía ver la figura que se erguía detrás de una de las ventanas de esa casa negra: una mujer joven, con el pelo blanco y los ojos rojos, observaba a los dos intrusos que habían entrado en su propiedad. Se llevó una de las manos llenas de sangre a los labios, lamiendo uno de sus dedos y sonriendo…

Cuenta la leyenda que una bruja consiguió escapar de la caza en un pueblo cerca de Salem y juró vengarse, maldiciendo así a todos los habitantes para que no puedan escapar. Una noche, los niños empezaron a desaparecer después de que un cuervo blanco se posase en su ventana, llamando su atención.  La cantidad de cuervos aumentaba en el pueblo y los niños desaparecían. Los vecinos se dieron cuenta de que ocurría las noches de luna llena, a las que llamaron “la noche de la venganza del cuervo blanco.”

 

 Fuente: Google Imágenes

** Este relato está inspirado en el episodio 3 de la 5º temporada del anime Yami Shibai.

 

 

Anochecer

En una playa desierta y aislada, nuestros pies se clavan en una arena formada de recuerdos inventados. El viento silba con tus reproches de lo que nunca hice y arrastra mis lamentos de lo que nunca perdoné.

Cuando la primera ola rompe lentamente en la orilla, das un paso hacia adelante, vacilante y temeroso de tener que replegarte cuando el agua vuelva a su lugar. Entonces abres la boca y tus insultos atraviesan mis oídos, enredándose en las nubes. Mis manos se mueven en el aire, destruyéndote.

Me desgarras la piel con tu fuerza, me envenenas con tus labios, me clavas rosas en el pecho. Pero yo no puedo callarme, porque tú no quieres que siga haciéndolo. Quieres una respuesta, quieres algo más que indiferencia. Así que te arranco los ojos con palabras.

Eres tú o yo. Nunca fuimos los dos.

Lo intentamos, ¿recuerdas? ¿O es también algo inventado? ¿Qué fue lo que pasó? ¿Qué fue lo que quisimos que pasara? Tú no lo sabes distinguir; yo nunca quise descubrirlo.

Mis labios se sellan, y tú te escondes en el silencio. Tu aliento se mezcla en un aire ausente; mis pestañas se humedecen. De repente, te calmas, y mi respiración se aleja. Tu alma flota en el interior de un pozo de agua salada mientras mi corazón descansa, inmóvil, sobre tu espalda.

Y otro día llega más a su fin. Como el anterior, como el siguiente.

Tú y yo descansamos en la orilla, observando la puesta de sol frente a un mar enrojecido por tu sangre y la mía entremezcladas.

puesta de sol

«Está como muerto pero vive»

1920: Evil Returns

  • Título alternativo: 1920 Зло возвращается57232210
  • Año: 2012
  • Duración: 124 min.
  • País: India
  • Director: Bhushan Patel
  • Guion: Vikram Bhatt
  • Música: Amar Mohile, Chirantan Bhatt
  • Reparto principal: Tia Bajpai, Aftab Shivdasani, Vidya Malvade, Sharad Kelkar
  • Más información: IMDb; filmaffinity; Bollywoodhungama

El argumento gira en torno a dos amantes que, no habiéndose visto antes y siendo separados por una encerrona, se acabarán conociendo en circunstancias muy peculiares: ella con pérdida de memoria y siendo acechada por un espíritu maligno.

La primera hora, más centrada en presentarnos a los personajes y darnos los detalles básicos, tiene más bien tono de suspense y drama. A partir de la segunda ya sí se muestra lo sobrenatural y un popurrí de clichés que no faltan en las tramas de exorcismos (vómitos, levitaciones, cabezas que giran…). Impresionan los momentos en los que cantan los protagonistas, pues esto choca bastante con el contexto y recuerdan a los dramas románticos.

Mi puntuación: 13866573_1269687523076068_970961706_n13866573_1269687523076068_970961706_n13866573_1269687523076068_970961706_n

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Fui un poeta muy reconocido que vivió anclado en una trágica historia de amor. Un 25 de octubre debí encontrarme con mi amada, con quien mantenía una relación por correspondencia, pero nunca llegó la oportunidad. Desde esa fatídica fecha, en la que con tanto dolor tuve que hacer frente a la inesperada noticia de su partida, me dediqué a beber con la esperanza de que el alcohol emborronase mis recuerdos.

Un día, una joven malherida fue encontrada en nuestras tierras. Sentí una extraña sensación en mi cuerpo, como si me advirtiese de algo importante. «Quizás sean los estragos de la bebida», pensé.  Al parecer, la joven había perdido por completo la memoria. «¿Quién sería ella?». Mi hermana, sospechosa, señalaba  que todo podía ser fingido, pero los pocos restos que quedaban de mi corazón intuían que la muchacha decía la verdad.

Las cosas se pusieron más complicadas cuando la desorientada recién llegada trajo consigo apagones repentinos, puertas que se abrían solas y la gota que colmó el vaso: clavos ensangrentados que salían de sus vómitos. Realmente parecía que estaba enferma. Mi hermana, exasperante, insistía en abandonarla a su suerte para no involucrarnos en temas tan oscuros. Mientras discutíamos, una música mágica, delicada y pasional captó mi atención. La desconocida cantaba y tocaba el piano para aliviarse. «¿Cómo podía conocer esa joven esa canción? ¿Cómo podía saber la melodía que yo compartía con la que fue mi amada confidente?».

Decidí apiadarme de la pobre desgraciada y acompañarla al hospital con la poca bondad que me quedaba. Puede que me recordarse a alguien en el fondo. Pronto, una serie de infortunios nos condujeron a unas experiencias sobrenaturales de lo más espeluznantes, pues un espíritu malvado nos atacaba una y otra vez, entorpeciendo nuestro viaje, torturando a la joven, impidiendo que ella recuperase su memoria y que yo negase la mía.

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(Imágenes tomadas de Bollywoodhungama)

Sin embargo, nada de eso puede compararse con la realidad que vivo ahora día tras día. Ya no queda alma en mi interior para el dolor, la cobardía, las lágrimas o el desamor; estoy vacío. Cuando fue poseída por aquel demonio, tal y como sugirió mi hermana semanas anteriores, la abandoné para que otra persona se ocupase. La abandoné a su suerte. Supe que intentaron exorcizarla y pereció. También supe que la extraviada mujer era en realidad mi único y verdadero amor, quien, en un intento de buscarme, fue atacada por ese infame espíritu que disfrutaba atormentándonos, alejándonos, impidiendo nuestro amor. Si hubiese tenido algo más de humanidad, la habría ayudado, y su memoria y nuestros corazones habrían acabado uniéndose. Pero ya no queda nada en mí. Ni luz, ni amor, ni esperanza. Solo aquellos viejos versos que una vez escribí y esta maldición.

Lilith

La lluvia caía sin cesar y aquella niña seguía esperando a que alguien la recogiera del colegio. No era la primera vez que se olvidaban de ella y, aún así, no podía evitar el hecho de sentirse triste. Siempre disimulaba no importarle con una sonrisa radiante, aunque por dentro lo único que hiciese fuese llorar. Al cabo de un rato, su madre apareció, recién salida de una reunión, excusa que ya había escuchado muchas veces. La niña tan solo asintió al mismo tiempo que sonreía, sentándose en el asiento de atrás. Durante todo el trayecto mantuvo la mirada fija en el paisaje, sin querer pensar en nada.

Algo llamó su atención en el contenedor de la esquina de su casa. Se bajó del coche cuando la madre fue a encerrarlo, escuchando sus quejas y preguntas… pero la niña corrió sin detenerse, expectante ante lo que había visto. Por fin una sonrisa sincera dibujó su rostro al ver la muñeca más bonita que jamás había visto. La cogió sin dudar, llevándosela al pecho, abrazándola con fuerza. La madre, reticente al principio, denominando a la muñeca como “basura”, dejó que se la quedase, consiguiendo el perdón de su hija por su retraso.

La niña limpió la muñeca, lavó su ropa y cepilló su pelo negro. No se había equivocado: aquella era la muñeca más bonita que había visto en su vida, incluso su madre le dio la razón.

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—A partir de ahora estaremos siempre juntas. Te llamarás Lilith.

Y así, la niña y Lilith se hicieron inseparables: dormían juntas, le leía libros, veían películas, se la llevaba al colegio haciendo que los retrasos de su madre no le importasen. Y es que, después de todo, Lilith se había convertido en su mejor amiga.

Pero no todo fue color de rosa en esta amistad, pues cuando la niña cumplió doce años, empezó a olvidarse poco a poco de Lilith, hasta que, tres años después acabó metiéndola en una caja, junto con más juguetes, y la llevó al húmedo y frío desván, olvidándose así de la que había sido su mejor amiga durante años, pues ya era toda una adolescente, había hecho amigas de carne y hueso y alegaba que “ya no necesitaba muñecas”.

El tiempo pasaba y apenas quedaban recuerdos de Lilith en la memoria de esta chica. Poco a poco, el miedo inundaba su mente por las noches, pues se escuchaban sonidos sordos procedentes del desván, incluso a veces llegaba a escuchar que susurraban su nombre, acompañado de llantos. Se lo había comentado a su madre y esta solo le había dicho que eran imaginaciones suyas. Había intentado convencerse de que así era, pero los ruidos no cesaban y los llantos tampoco.

Una noche se armó de valor, cogió su móvil y un paraguas para defenderse, y subió al desván, conteniendo el aliento con cada paso que daba. Su mano, temblorosa, se apoyó en el marco de la puerta que cedió de inmediato. Gracias a la luz del móvil, alumbró el lugar… pero allí no había nada, solo cajas y cajas con mucho polvo encima.

De pronto, Lilith vino a su mente. Dejó el paraguas en el suelo y se acercó a las cajas, observando cada una de ellas, buscando a su preciada muñeca… hasta que la puerta del desván se cerró de golpe, haciendo que un grito se escapase de sus labios. Empezó a temblar, sintiendo mucho frío. Cogió su móvil, dispuesta a irse de allí. Pero alguien bloqueaba la entrada. Sus ojos se abrieron, anegados de lágrimas por el terror que empezó a sentir en su interior. Empezó a caminar hacia atrás, chocando con cajas, cayendo al suelo. Delante de la puerta, estaba Lilith, pero era de carne y hueso, con la tez pálida, el pelo negro largo cayendo por su espalda como una cascada, su vestido arrugado y sus ojos sin vida. La muñeca sonrió, mostrando unos dientes blancos, y empezó a caminar hacia la pobre chica que seguía tirada en el suelo, sin poder reaccionar.

—Por fin has venido a verme. ¿Me has escuchado llorar? ¿Has escuchado mis súplicas para que vinieras a por mí? –la chica intentó retroceder, buscando algo que tuviera cerca para poder defenderse al ver que las manos de Lilith se habían convertido en garras-. No te preocupes, nunca más estaré sola, nunca más nadie me abandonará – Lilith se acuclilló delante de ella, sin dejar de sonreír en ningún momento, riéndose al ver las lágrimas de la pobre niña-.Tú lo dijiste, ¿recuerdas? A partir de ahora estaremos siempre juntas.

Un grito se escuchó por toda la casa.

Los padres se despertaron asustados. Al llegar al cuarto de su hija vieron que había desaparecido. Su madre se dio cuenta de que la puerta del desván estaba abierta. Cuando llegaron allí, lo único que vieron fue el paraguas de su hija olvidado en el suelo y, un poco más adelante, dos muñecas tiradas en el suelo, una sujetando de la mano a la otra. La madre reconoció en seguida a Lilith, cuyo rostro mostraba una sonrisa, mientras que la otra muñeca reflejaba miedo y su cara estaba bañada de lágrimas. Ambos se dieron cuenta de un pequeño detalle: esta llevaba el mismo pijama que su hija.

Fuente: Google Imágenes

«¿Qué clase de ladrón es ese tal Robin que le da dinero a los pobres sin cobrarles intereses?»

Todos los perros van al cielo

  • Título original: All Dogs Go To HeavenMV5BMTI4ZWRmNTAtOWIyZC00Njk0LWIzZGItYjE0NDVlM2Q4ZWJjXkEyXkFqcGdeQXVyNTUyMzE4Mzg@._V1_
  • Año: 1989
  • Duración: 84 min.
  • País: Reino Unido
  • Director: Don Bluth, Gary Goldman, Dan Kuenster
  • Guion: David N. Weiss
  • Música: Ralph Burns, T. J. Kuenster, Charles Strouse
  • Reparto principal: Burt Reynolds, Dom DeLuise, Judith Barsi, Vic Tayback
  • Más información: IMDb; ALLMOVIE; filmaffinity

La historia tiene como protagonistas a dos perros que, debido a un viaje al más allá, buscarán venganza hacia su asesino y antiguo socio de negocios, secuestrando su mayor fuente de ingresos en las apuestas: una niña que habla con animales.

Lo más llamativo es el papel de antihéroe que cumple el protagonista, un personaje que es un estafador por excelencia, un calculador mentiroso, ladrón, corredor de apuestas ilegales, motivado únicamente por la venganza y a quien no le importa aprovecharse de los niños para hacer cumplir sus planes. A pesar de ello, nos quiere mostrar que en el fondo también tiene corazón, pero tan tardíamente que casi se puede cuestionar. Una animación atractiva, con canciones curiosas y un trato del tema de la muerte muy modesto.

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A partir de este momento puedes hacer una de estas acciones: preparar palomitas y ver la película o seguir leyendo a sabiendas de que podrías toparte con ciertos detalles que comúnmente llamamos spoilers.

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Había una vez un perro que tenía un socio que tenía un negocio. Bueno, en realidad eran dos perros que llevaban un bar de apuestas. Charlie, el brillante protagonista de esta historia, era un pobre ludópata fanfarrón que fue asesinado por su socio, más bien por un traidor ambicioso que quería dejarlo fuera del negocio, el muy malnacido. En el más allá conoció a una damisela de la alta sociedad, la más guapa del lugar, quien quería atraparlo en una relación seria, pues se había enamorado locamente de él. Sin embargo, nuestro atractivo conquistador no quería algo más allá de un plato de espaguetis compartido. Bueno, quizás esto es de otra historia… La cuestión es que todo fue un sueño: no hubo ningún muerto, ni viaje al más allá, ni se habían conocido Charlie y Reina. Sí, sí. Era un sueño premonitorio: el universo le estaba advirtiendo de lo que pasaría si se descuidaba de sus recias y anchas espaldas.

Una tarde, su leal y fiel compañero de toda la vida, el mejor de los amigos que puedas tener, le soltó un chivatazo, y  es que una niñita huérfana había sido secuestrada por Madame Medusa, una malvada mujer que se aprovechaba del don que la pequeña tenía. ¿Te lo puedes creer? ¡La chiquilla podía averiguar el ganador de las carreras! ¿No es genial? Bueno, nuestro desinteresado héroe no podía quedarse cruzado de manos, digo, patas, ante tal injusticia, así que su noble escudero y él rescataron a ¿Penny? ¿Blancanieves? Eso, María.

Nuestra preciosa huerfanita era amiga de todos los animales y, como recompensa por su rescate, consiguió que Charlie y su sirviente abrieran otro negocio de carreras ilegales para forrarse y “dárselo a los pobres”… Está bien, está bien; nada de sirvientes: Charlie y su Robin particular. ¿Mejor? Claro, Charlie era el Batman de Nueva Orleans que rescataba niñas del malvado Dr. Calico, la bruja Cruella de Vil y el Dr. House y el Sr. Weasley (profesionales del robo de cachorritos).

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(Imágenes tomadas de IMDb)

El negocio iba viento en popa, pero la princesa Blancanieves, quiero decir, María, no se sentía feliz. No le eran suficientes los mimos, los dulces o vestidos nuevos que les regalaban sus amables rescatadores; ella quería un papá y una mamá. Después de que Charlie se enfrentase a cocodrilos, al “socio” del primer negocio que, como en el sueño premonitorio, intentó acabar con su vida; a las primeras facturas del local y a Sanidad, llevó a María a un hogar donde no podían faltar los animales. Un hogar con una mamá, un papá, leche caliente, amplio jardín y… 101 perritos más. Y colorín colorado… Vale, vale. Mañana terminaremos la historia, sí… Buenas noches.

Monstruos

¿Alguna vez has pensado si los monstruos existen? Yo nunca lo había hecho. Aunque es cierto que nunca me gustó dormir con las puertas del armario abiertas y que, alguna que otra vez, he mirado debajo de la cama antes de tumbarme sobre ella y decirle hola a Morfeo. Aún así, mi parte racional siempre se preguntaba cómo iban a existir esas criaturas. Y, sin embargo, siempre que la luz se apagaba, me imaginaba un cuerpo demacrado, arrastrándose por el suelo de mi habitación, viniendo hacia mí, deseando mi muerte. Una vez me pregunté por qué mirábamos bajo la cama, ¿acaso no cabría la posibilidad de que algo cayera del techo cuando todo estuviera en penumbra? Y, desde ese momento, siempre que estoy postrada en la cama, con los ojos abiertos, envuelta en la oscuridad de mi habitación, no puedo dejar de imaginarme que hay una boca enorme encima, acercándose poco a poco, queriendo hincar sus dientes en mí.

A pesar de todos esos pensamientos, nunca he creído que los monstruos existieran… hasta hace poco. ¿Por qué cuando pensamos en esa palabra lo primero que se nos viene a la cabeza son ese tipo de imágenes? ¿Por qué buscamos lo sobrenatural? No lo sé, pero ahora sí sé que existen. No, no busquéis ninguna criatura que se arrastre deseando acabar con vuestra vida. No, tampoco busquéis ninguna boca gigante deseando comeros. Tan solo hay que mirar a nuestro alrededor para darnos cuenta de que estamos rodeados de ellos, pues somos los mismos humanos los principales monstruos de este mundo: recuerda todas las guerras que hemos pasado y estamos viviendo, el afán de hacer daño a los más débiles, a los que no pueden defenderse, la gloria que supone el destruir todo lo que tenemos a nuestro alrededor, los vítores que recibe el más fuerte tras causarle la muerte a otro ser vivo.

Los humanos se caracterizan por su parte racional. Déjame decirte que eso es mentira, pues la oscuridad vive en cada uno de nosotros, convirtiéndonos en monstruos. Podemos querer huir de esa oscuridad, podemos sucumbir, podemos vivir con ella… pero nunca desaparecerá porque siempre estará ahí, paciente, acechando para apoderarse de nosotros.

Ahora dime, ¿qué harás con la oscuridad que hay en el interior de tu corazón? ¿Sucumbirás? ¿Huirás? No importa, solo déjame decirte una última cosa más: bienvenido al mundo de los monstruos.