La luna llena de las espinas

Cuenta la leyenda del fuego más antiguo

que una ninfa ciega salvó a un lobo,

y él, transformándose en humano,

la salvó de la destrucción del trueno.

.

Liberia estaba hecha de llamas

y del rencor forjado de las flores.

Era descendiente de la tormenta

y siempre estaba acompañada

de un lobo estepario de pelaje gris.

.

Había perdido la visión hacía decenios

debido a un desamor,

pero sus ojos denotaban la poca luz

que los suspiros podían rogar al viento.

.

El lobo, cuyo nombre era el de Asbatt,

le guardaba pleitesía inmortal,

pero sus instintos animales deseaban

surcar los océanos de su cuerpo

y volver a su forma real.

.

Cada luna llena su voz ondeaba

por los precipicios de la antigua civilización

de los Utitis; hombres con poderes mágicos

capaces de volver el tiempo atrás,

y les rogaba por volver a ser mortal.

.

Amaba tanto a ese duende feérico

que estaba dispuesto a dar su alma.

A ponerse de rodillas.

.

Liberia lo había salvado de una ventisca

y había curado sus heridas.

Había visto a través de su piel

y lo había acogido como suyo.

.

Asbatt la amaba cada noche,

agazapado a su figura,

emanando un calor celestial

y salvándola en sus sueños.

.

Una noche al mes

se encontraban en la ensoñación,

Asbatt podía abrazarla

y palparla como humano,

Liberia lo reclamaba en su lecho de espinas

y se amaban entre oro y lavanda.

.

El lobo de presuntuosos ojos castaños

siempre era interrumpido

por la oscura y triste mañana,

cuando Liberia lloraba

porque su amor no era real.

.

Asbatt se consumía sin poder reclamarla.

.

Una noche de tormenta,

 la sirena alada

sentía el viento de las frescas costas meridianas

desde su torreón.

.

Un sabor a sal la atravesaba

y el dolor machacaba su corazón.

.

Asbatt sentía su angustia,

pero solo podía mirar a la luna,

seducido por su influjo.

.

Liberia, con descuido y agotamiento,

subió los peldaños de la ventana

y se arrojó al mar.

.

El sonido que hicieron sus huesos

en el agua fue aterrador.

Asbatt corrió detrás de ella,

pero ambos se rompieron en el mar.

.

La buscó entre las olas negras

y luchó contra la marea que arrastraba su cuerpo.

.

La halló en las profundidades,

consumida y esperando a la muerte.

.

La subió hacia arriba,

devolviéndole el favor de la vida.

Liberia escupió el agua en la orilla.

.

Asbatt dejó de respirar,

su alma iba hacia el reino de los muertos,

pero fue rechazada por la luz.

.

Su maldición se había roto.

Había dado su vida por un ser inocente

y había enmendado el error

de un pasado incierto y lejano.

.

Cuando abrió los ojos lo único que vio

fueron los ojos llorosos de su amada ciega.

.

Sintió sus cálidas manos en su carne

y notó la profundidad de sus besos.

.

Asbatt se había convertido en humano

y le había entregado su alma para siempre

a las espinas.

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One more light

 

Para Chester Bennington

Eras el hombre invisible

tras una voz desgarradora

que rozaba el cielo con su garganta.

Una grieta en el castillo de cristal, ensangrentado y envenenado, que se agranda y se expande en una pesadilla laberíntica, que nunca termina. Viajas entre acordes y notas perfectas lanzadas al cielo, y rompes esquemas, dibujas las paredes con sueños y escondes lamentos en un grito infinito que nadie escucha.

Mares enteros de frío cristal

te acompañaban

en tus largas horas de insomnio

y oscura soledad.

Luchaste contra viento y marea

para ganar tu libertad,

peleando con las uñas agrias

por gritar en silencio.

Por liberarte.

Querías ser tú y no ese demonio que te carcomía por dentro. Esperabas una oportunidad para volver a sentirte vivo, para volver a ser libre, para cumplir las promesas que una vez hiciste, para olvidar todo el dolor que has sentido, pero al final la luz se apaga, el dolor perdura y no eres capaz de encontrar el lugar al que perteneces.

Si en tus versos pudiese flotar

iría a rescatarte.

Te salvaría por última vez

de la verdad de cientos de mentiras.

Y te enjugaría la sal de tus lágrimas.

Alejaría tus tinieblas

para que no existiesen motivos para sangrar.

Extirparía tu miedo a respirar.

Te traería de vuelta a casa.

Asciendes en un parpadeo infinito, de una luz tintineante que brilla entre la inmensidad de estrellas y penumbra. Allí, entre ellas, brillas más que ninguna, cegadora como una puesta de sol, que se esconde por ti. Y entre los susurros del aire, tu voz sigue vibrando, estremeciendo pieles y corazones con los sentimientos de un alma rota y eterna.

Millones de luces te buscan en la oscuridad,

eres un ángel disfrazado de humano.

La memoria del mundo

te rememorará para siempre

en tu trono de estrellas.

Tú estás aquí, imposiblemente solo.

 

 

«Existencia lujosa», Jorge Riechmann

Puesto que –se ha corrido la voz– la poesía

ya no importa nada,

vamos a permitirnos ser tábanos.

Vamos a permitirnos ser raíces destempladas

de las que a veces estallan roncamente en el cerebro.

Vamos a permitirnos ser honestos

(sin renunciar por ello al honesto placer

de disfrazarnos de vez en cuando).

Vamos a darnos el gustazo

de no ser para todos los gustos.

Vamos a permitirnos riesgos inauditos:

contra-decir

y hasta contradecirnos.

Vamos a permitirnos querer ser

esa palabra que mancha:

con toda la modestia y todo el duelo del mundo

revolucionarios.

Puesto que somos –hay consenso– superfluos,

vamos a permitirnos el lujo de ser

acaso necesarios.

 

Noruega

Este poema son pequeños trozos de hielo desprendidos de un glaciar. Se rompen si los tocas.

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Llenos mis brazos de la nostalgia de no tenerte

en esta ruda habitación

sin fuego en las entrañas para calentarme.

.

Noruega sin ti no sabe a nada

más que a hielo

y serpentean las aguas marinas

sin tus ojos.

.

Solo te pronuncias en mis sueños;

vistes deshecho,

sin esa melancolía fija en tu mirada

ni esa mandíbula de lobo.

.

En mi sueño eres distante

pero lúcido

y tu boca me arroja a la violencia.

.

Tu aliento me reclama

y no hay un abril que muera al alba

como yo cuando te miro

y me deshago.

.

Noruega tiembla

y nadan mis deseos por recorrerte

y hacerte de piel.

.

Después despierto,

con un 20% de luz,

con la misma humedad en el pelo,

 la misma soledad glacial entre mis uñas

y la misma puesta de sol de medianoche en Noruega.

 

Sílfide

En 2014 asistí a un taller de escritura creativa en el cual solo podíamos usar el diccionario y un prospecto o manual de instrucciones para crear un poema. El resultado, algo surrealista y experimental, está basado en las influencias hispanoamericanas como el creacionismo (Vicente Huidobro) o la antipoesía (Nicanor Parra):

 

‘Conserve este prospecto ya que puede tener que volver a leerlo.’

El oxígeno color tierra tuerta de ciénaga

huele al aceite para engrasar puertas del aula 12.

El color pardo de los ojos o la barbada utopía

resuena como las huellas dactilares de unos tacones

 de luna que murmuran océanos.

Nitrógeno, oxígeno, vapor de agua, ozono,

gases nobles, dióxido de carbono, hidrógeno.

Quiero ver la noche desde los ojos de esa sílfide

esquelética que resurge de la espuma del mar

y rebota en el cielo asmático

pulverizándose en un campo de mariposas.

Silencio.

Silencio.

Silencio.

Silencio.

Silencio.

‘Informe a su médico o farmacéutico si está utilizando o ha utilizado recientemente cualquier otro medicamento’.

Silencio.

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Fuente: Google Imágenes

Violento resplandor

Ojos de serpiente que derramas sobre mí,
tan ojerosos como lascivos.

Tus párpados se tornan cansados
y el frío ha pasado por tu sien.

Ya no sonríes,
cuelgan huellas de ron en tus comisuras.

No queda nada de tu altura
ni de tu figura.

Las sombras palidecen
y te ensombrecen.

Me miras como si nunca hubieses muerto
y estuvieras esperándome.

E intentas rozarme con los dedos,
pero me traspasas.

Oigo gritos a tu alrededor,
el infierno te calienta la espalda.

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Desvías la mirada
y entreabres la boca en una cortina de sangre.

Susurras muy despacio mi nombre.
Hace años que no lo repites.

Es como si…
como si aún me quisieras.

«Biografía», Gabriel Celaya

No cojas la cuchara con la mano izquierda.

No pongas los codos en la mesa.

Dobla bien la servilleta.

Eso, para empezar.

.

Extraiga la raíz cuadrada de tres mil trecientos trece.

¿Dónde está Tanganika? ¿Qué año nació Cervantes?

Le pondré un cero en conducta si habla con su compañero.

Eso, para seguir.

.

¿Le parece a usted correcto que un ingeniero haga versos?

La cultura es un adorno y el negocio es el negocio.

Si sigues con esa chica te cerraremos las puertas.

Eso, para vivir.

.

No seas tan loco. Sé educado. Sé correcto.

No bebas. No fumes. No tosas. No respires.

¡Ay, sí, no respirar! Dar el no a todos los nos.

Y descansar: morir.

«Soneto de la Guirnalda de rosas», Federico García Lorca

¡Esa guirnalda! ¡pronto! ¡que me muero!

¡Teje deprisa! ¡canta! ¡gime! ¡canta!

que la sombra me enturbia la garganta

y otra vez y mil la luz de enero.

.

Entre lo que me quieres y te quiero,

aire de estrellas y temblor de planta,

espesura de anémonas levanta

con oscuro gemir un año entero.

.

Goza el fresco paisaje de mi herida,

quiebra juncos y arroyos delicados.

Bebe en muslo de miel sangre vertida.

.

Pero ¡pronto! Que unidos, enlazados,

boca rota de amor y alma mordida,

el tiempo nos encuentre destrozados.

El embarazo de una estrella

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Valquirias de terciopelo con larga cabellera,

estrecha cintura y ojos prietos azul agua.

Guerreras afiladas como águilas

y truenos que atornillan sus labios.

.

Guerreros iluminados por el oro solar,

recubiertos de pechos de acero.

Dioses curtidos en batallas lunares.

Impíos, calcinaban a sus enemigos.

.

Vírgenes hasta el desfloramiento

de los guerreros de fuego de Odín

que surcan universos por rozarlas.

.

Esta es la historia de Gardelia y Marmo.

La primera, nacida de los truenos,

el segundo, de las cenizas de la muerte.

.

Gardelia era fuerte como una roca,

insalvable y salvaje como una rosa,

valiente y hermosa como un tigre.

.

Marmo, de mirada imperial,

 consumía montañas,

atracaba tempestades

y lideraba los infiernos.

.

Las estrellas tejieron e hicieron crecer

el fulgor del amor carnal y violento

en sus vientres.

.

Gardelia, orgullosa como una pantera.

Marmo sediento por devorarla.

.

Se perseguían.

.

Cada encuentro suponía el fuego eterno

entre desesperados gritos vikingos.

Los nueve mundos se destruían ante ellos.

.

Marmo la poseía con fuerza sobrehumana.

Se postraba ante ella.

Gardelia se retorcía entre la miel

que caía de sus senos.

.

Se sometieron.

.

Se amaron frente a los dioses.

.

Se pertenecían.

.

Fueron engañados.

en forma de lengua de plata.

.

Devastaron barcos,

libraron batallas de sangre.

.

Los dioses los abandonaron.

.

Fueron desterrados

y condenados a una vida mortal.

.

Fruto de su amor sobrehumano

nació una estrella,

condenada a ser la más bella

del firmamento.

.

De ojos oscuros casi etéreos,

violáceos sus labios,

como un espectro de fuego

sus cabellos.

.

La envidia maldijo a la belleza.

.

Desobedecieron a las maldiciones.

.

Alzaron la tormenta, el trueno

y la cólera del halcón.

.

El cielo se volvió

del color de la violencia.

.

Marmo perdió un brazo,

le entregó su corazón a Gardelia

mientras agonizaba.

.

Gardelia suplicó clemencia a los dioses.

.

No fue escuchada.

.

Marmo, con amor en los labios,

 sucumbió con su nombre en la garganta.

.

Gardelia le entregó su vida.

 Se postró ante él.

.

Su unión permanece

en la bóveda celeste,

brillando con una intensidad que ciega,

protegiendo a los amantes devotos

que su vida entregan.

 

Fuente: Youtube

La sonrisa más bella del mundo

Su sonrisa desprendía tanta magia

como el misterio de sus ojos verdes.

Esa luz de diciembre que nació dos veces

y que me vio respirar por primera vez.

Tú has encendido tantas noches

con tu lámpara de los deseos,

has sostenido todo un universo,

perfumado los recuerdos

y afilado el mundo con tus cuentos.

Tú que has luchado contra cientos de ejércitos

y dragones volantes

sin ninguna herida.

Y has remendado noches de desvelo

para calmar mi miedo.

Tú, que te has partido las entrañas

por verme sonreír.

Yo, que he nacido para quererte.

Que das tu vida por mí

y el aliento.

Y me abarcas en abrazos indescriptibles

que salvan y alimentan.

Yo doy mi existencia por ti

y cuento las vidas donde seguirás siendo mi mitad.

Donde tu luz brille con intensidad

y sigas existiendo en cualquiera

que te recuerde:

como el hombre con la sonrisa más bella del mundo.

Tu sonrisa debe durar mil años,

mil años siendo mi padre.

Mil años siendo eterno.

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