La venganza del cuervo blanco

Las vacaciones de verano habían llegado y Margaret había decidido llevar a sus dos hijos al pueblo donde vivía su suegra, a pesar de que esta le había dicho que no quería verlos ese año. Había hecho oídos sordos, pues “son tus nietos, quieren verte, están en su derecho.” La anciana tan solo le había dicho: “tú no lo entiendes”.

A Margaret le sorprendió no ver a casi nadie por las calles del pueblo: ¿y los niños jugando en la calle? Eran las ocho de la tarde, ¿por qué los parques estaban desiertos?

—Mamá, ¿por qué no hay nadie? –preguntó Eric, su hijo mayor de siete años.

—Supongo que se habrán ido de vacaciones.

Aparcó el coche al final de calle. La madre sacó las mochilas cargadas de ropa del maletero mientras sus hijos miraban a su alrededor. Nunca habían estado en el pueblo de su abuela, esta nunca había querido que fueran. Su madre, harta por la situación, había decidido ponerle punto y final a las tonterías de esa anciana.

—Mamá, ¿por qué esa casa es negra? –preguntó Henry, el pequeño.

Margaret miró hacia donde su hijo señalaba con su pequeño dedo. Una casa oscura, con un tejado roto y dos árboles grandes, levantándose a ambos lados, cuyas ramas estaban llenas de cuervos, que los miraban fijamente.Un escalofrío recorrió su espalda. Un coche paró justo delante de ellos, bajando la ventanilla, dejando ver a un señor con el rostro pintado de preocupación.

—Señora, ¡usted no es de aquí! ¿Qué hace? ¿Por qué los ha traído? ¡Hoy es luna llena! ¡Váyase! ¡Lléveselos! ¡Póngalos a salvo!

Margaret no entendió nada. Empezaba a comprender por qué su marido había huido de ese lugar y no había querido hablar nunca más de él. Tocó varias veces a la puerta ya que no recibía respuesta alguna. Tras varios minutos de insistir, la anciana la abrió. Su rostro marcado por los estragos de la edad y sus ojos vacíos hicieron que le volviera a dar un escalofrío. Carla, la abuela, no pudo más que dejarles pasar, mirando a cada uno de sus nietos, preguntándose qué iba a ser de ellos. ¿Los dejaría en paz? Sonrió. Conocía la respuesta.

La noche llegó: la luna llena iluminaba todo el pueblo, sin dejar ver ningún rastro de estrellas. Margaret había acostado a los niños y se dispuso a dormir. Le dio las buenas noches a Carla, quien había decidido quedarse levantada viendo la televisión.

—Margaret, ¿te has despedido de ellos?

—Les he dado las buenas noches.

—Bueno, supongo que viene a ser más de lo mismo –no vio el rostro de Carla, pero volvió a sentir un escalofrío recorriendo toda su columna. Ya iban tres en el mismo día.

Eric y Henry dormían mientras que la luz de la luna los bañaba a través de la ventana. Todo parecía tranquilo hasta que un sonido en la ventana despertó al más pequeño. Se incorporó y observó lo que había al otro lado. Sonrió, sintiendo la emoción recorrer cada fibra de su cuerpo. No tardó en levantarse y salir de ese cuarto y de esa casa, sin ser visto por nadie… o eso pensaba.

Margaret, ajena a lo que su hijo había hecho, dormía plácidamente, hasta que sintió que la sacudían. Abrió los ojos, encontrándose con Eric, quien la miraba con preocupación. Le dijo que Henry había desaparecido. Alarmada, salió de la cama, sintiendo que el corazón le latía con mucha rapidez, haciendo que su pecho doliera. Al salir al pasillo, vio la puerta abierta y se temió lo peor.

—¡Carla! ¡Ayúdame a buscar a Henry! –gritó, mirando a su suegra que seguía meciéndose, con los ojos cerrados.

—Ya es tarde.

—¿A qué te refieres?

—Te despediste de él, ¿no? Si no me crees, solo ve a la casa oscura.

Sabía a lo que se refería, la había visto esa tarde.

Salió corriendo, seguida por Eric, que le pedía que lo esperase. Le había pedido que se quedase en casa pero le había dicho que tenía miedo, así que no tuvo más remedio que llevarlo con él. La verja de la casa estaba abierta. Margaret entró sin dudar, llamando a Henry, sin importarle despertar a nadie… aunque parecía que a nadie le importaba los gritos desesperados de una madre por su hijo. Fue entonces cuando la luna iluminó el suelo, dejando ver el pijama de Henry al pie de unos de los árboles.

—¿Henry? ¡¡¿¿Dónde estás??!!

—Mamá, yo también quiero jugar con ellos –dijo Eric, sonriendo, sintiendo la emoción de un nuevo juego recorrer todo su cuerpo.

Margaret no entendía lo que decía su hijo. Tan solo vio que señalaba la copa del árbol que estaba llena de cuervos que los miraban atentamente.

arbol_cuervos_y_luna_muralesyvinilos_3070523

—¿Qué dices?

—Mamá, Henry está ahí. –Eric señaló una rama, concretamente a un cuervo.

—Eric, ¿qué estás diciendo? ¡Tenemos que seguir buscando a tu hermano!

Donde Margaret solo veía cuervos, Eric veía a pequeños niños sobre los árboles, riendo. Fue entonces cuando el pequeño Henry lo miró, con los ojos en blanco y una sonrisa torcida.

—Eric, mañana iré a por ti.

La adrenalina llenaba cada fibra de su ser, haciendo que sonriera.

—¡Sí! ¡Juguemos mañana!

Mientras tanto, los vecinos que vivían en esa calle, miraban aliviados la escena: sus hijos no habían sido las víctimas esa noche.

Carla, desde la ventana del salón, dejó que las lágrimas salieran de sus ojos. No importaba la distancia, podía ver la figura que se erguía detrás de una de las ventanas de esa casa negra: una mujer joven, con el pelo blanco y los ojos rojos, observaba a los dos intrusos que habían entrado en su propiedad. Se llevó una de las manos llenas de sangre a los labios, lamiendo uno de sus dedos y sonriendo…

Cuenta la leyenda que una bruja consiguió escapar de la caza en un pueblo cerca de Salem y juró vengarse, maldiciendo así a todos los habitantes para que no puedan escapar. Una noche, los niños empezaron a desaparecer después de que un cuervo blanco se posase en su ventana, llamando su atención.  La cantidad de cuervos aumentaba en el pueblo y los niños desaparecían. Los vecinos se dieron cuenta de que ocurría las noches de luna llena, a las que llamaron “la noche de la venganza del cuervo blanco.”

 

 Fuente: Google Imágenes

** Este relato está inspirado en el episodio 3 de la 5º temporada del anime Yami Shibai.

 

 

Anuncios

Lilith

La lluvia caía sin cesar y aquella niña seguía esperando a que alguien la recogiera del colegio. No era la primera vez que se olvidaban de ella y, aún así, no podía evitar el hecho de sentirse triste. Siempre disimulaba no importarle con una sonrisa radiante, aunque por dentro lo único que hiciese fuese llorar. Al cabo de un rato, su madre apareció, recién salida de una reunión, excusa que ya había escuchado muchas veces. La niña tan solo asintió al mismo tiempo que sonreía, sentándose en el asiento de atrás. Durante todo el trayecto mantuvo la mirada fija en el paisaje, sin querer pensar en nada.

Algo llamó su atención en el contenedor de la esquina de su casa. Se bajó del coche cuando la madre fue a encerrarlo, escuchando sus quejas y preguntas… pero la niña corrió sin detenerse, expectante ante lo que había visto. Por fin una sonrisa sincera dibujó su rostro al ver la muñeca más bonita que jamás había visto. La cogió sin dudar, llevándosela al pecho, abrazándola con fuerza. La madre, reticente al principio, denominando a la muñeca como “basura”, dejó que se la quedase, consiguiendo el perdón de su hija por su retraso.

La niña limpió la muñeca, lavó su ropa y cepilló su pelo negro. No se había equivocado: aquella era la muñeca más bonita que había visto en su vida, incluso su madre le dio la razón.

il_570xN.433773487_t03c

—A partir de ahora estaremos siempre juntas. Te llamarás Lilith.

Y así, la niña y Lilith se hicieron inseparables: dormían juntas, le leía libros, veían películas, se la llevaba al colegio haciendo que los retrasos de su madre no le importasen. Y es que, después de todo, Lilith se había convertido en su mejor amiga.

Pero no todo fue color de rosa en esta amistad, pues cuando la niña cumplió doce años, empezó a olvidarse poco a poco de Lilith, hasta que, tres años después acabó metiéndola en una caja, junto con más juguetes, y la llevó al húmedo y frío desván, olvidándose así de la que había sido su mejor amiga durante años, pues ya era toda una adolescente, había hecho amigas de carne y hueso y alegaba que “ya no necesitaba muñecas”.

El tiempo pasaba y apenas quedaban recuerdos de Lilith en la memoria de esta chica. Poco a poco, el miedo inundaba su mente por las noches, pues se escuchaban sonidos sordos procedentes del desván, incluso a veces llegaba a escuchar que susurraban su nombre, acompañado de llantos. Se lo había comentado a su madre y esta solo le había dicho que eran imaginaciones suyas. Había intentado convencerse de que así era, pero los ruidos no cesaban y los llantos tampoco.

Una noche se armó de valor, cogió su móvil y un paraguas para defenderse, y subió al desván, conteniendo el aliento con cada paso que daba. Su mano, temblorosa, se apoyó en el marco de la puerta que cedió de inmediato. Gracias a la luz del móvil, alumbró el lugar… pero allí no había nada, solo cajas y cajas con mucho polvo encima.

De pronto, Lilith vino a su mente. Dejó el paraguas en el suelo y se acercó a las cajas, observando cada una de ellas, buscando a su preciada muñeca… hasta que la puerta del desván se cerró de golpe, haciendo que un grito se escapase de sus labios. Empezó a temblar, sintiendo mucho frío. Cogió su móvil, dispuesta a irse de allí. Pero alguien bloqueaba la entrada. Sus ojos se abrieron, anegados de lágrimas por el terror que empezó a sentir en su interior. Empezó a caminar hacia atrás, chocando con cajas, cayendo al suelo. Delante de la puerta, estaba Lilith, pero era de carne y hueso, con la tez pálida, el pelo negro largo cayendo por su espalda como una cascada, su vestido arrugado y sus ojos sin vida. La muñeca sonrió, mostrando unos dientes blancos, y empezó a caminar hacia la pobre chica que seguía tirada en el suelo, sin poder reaccionar.

—Por fin has venido a verme. ¿Me has escuchado llorar? ¿Has escuchado mis súplicas para que vinieras a por mí? –la chica intentó retroceder, buscando algo que tuviera cerca para poder defenderse al ver que las manos de Lilith se habían convertido en garras-. No te preocupes, nunca más estaré sola, nunca más nadie me abandonará – Lilith se acuclilló delante de ella, sin dejar de sonreír en ningún momento, riéndose al ver las lágrimas de la pobre niña-.Tú lo dijiste, ¿recuerdas? A partir de ahora estaremos siempre juntas.

Un grito se escuchó por toda la casa.

Los padres se despertaron asustados. Al llegar al cuarto de su hija vieron que había desaparecido. Su madre se dio cuenta de que la puerta del desván estaba abierta. Cuando llegaron allí, lo único que vieron fue el paraguas de su hija olvidado en el suelo y, un poco más adelante, dos muñecas tiradas en el suelo, una sujetando de la mano a la otra. La madre reconoció en seguida a Lilith, cuyo rostro mostraba una sonrisa, mientras que la otra muñeca reflejaba miedo y su cara estaba bañada de lágrimas. Ambos se dieron cuenta de un pequeño detalle: esta llevaba el mismo pijama que su hija.

Fuente: Google Imágenes

«No aspiro a otra felicidad que a la de morir yo o verle muerto a él»

 

¿Qué libro es?

Cumbres borrascosas.portada

 

Título: Cumbres borrascosas (¡y tanto!)

Autora: Emily Brontë (o, si prefieres, Ellis Bell)

Año: 1847 (un poco antigua, sí)

Género: novela dramática

 

¿Te interesa?

A todos nos suena este título. Pero, ¿quién lo ha leído? Puede que no muchos se hayan atrevido con esta novela de Emily Jane Brontë. A veces nos cuesta leer los clásicos y más aún cuando hay pelis donde puedes saciar tu curiosidad, si es que llega a picarte. Pero todos los lectores sabemos que el libro siempre será mejor…

Emily-Bronte

Para aquellos que no tengan ni idea del argumento de esta obra, os cuento por encimilla: Lockwood, cansado de su vida en la ciudad, decide retirarse a la vida tranquila del campo. Por ello, se hospeda en una de las fincas de Heathcliff, convirtiéndose en su vecino y casero. En la soledad de aquellas tierras busca entretenimiento en la casa de éste. Las personas que viven con él y el ambiente que encuentra allí le extrañan de tal forma que despiertan su curiosidad. Pero el ama de llaves que vive con él sacia su sed de conocimiento: relata la historia de una familia repleta de desgracias que lo dejarán pasmado (a él y a todos).

Lo dejo ahí para que os entre el gusanillo y os den ganas de leerlo. Sólo os diré que leyendo este libro me he acordado de algunas pelis de Tim Burton y de la serie de Juego de Tronos. Además, recordad que los clásicos lo son por algo.

Vamos a ponerlo verde:

Bueno, al principio me pareció un poco infumable, la verdad. Le di una oportunidad y poco a poco fue intrigándome…

El personaje de Heathcliff me gustaba desde el principio: era diferente e impredecible en ciertas ocasiones. Por mucho que se empeñasen en decir que era malo no esperaba que fuese a hacer tantas maldades. Pensaba que se iba a volver bueno en cualquier momento, que algo le haría cambiar. Guardaba esa esperanza aunque por otro lado, todo el argumento era tan triste que me esperaba el peor de los finales.

Sorprende que aun sabiendo desde el principio quién va a morir (puesto que la obra es un regreso al pasado desde el presente), se siente pena por los tristes finales de cada uno. Una se vuelve pesimista y se acostumbra a la desgracia y a la muerte.

Lo que no esperaba después de todo esto era un final “de novela”, jejeje. Con toda la negatividad y el fatal destino que los personajes solían tener, no se me pasó por la cabeza que Hareton y Catalina acabarían juntos. Sinceramente, esperaba un final fatídico que culminase esta novela tan dramática. La falta de éste me ha decepcionado un poco…

Puntuación:

13942261_1269687406409413_895346483_n13942261_1269687406409413_895346483_n13942261_1269687406409413_895346483_n13942261_1269687406409413_895346483_n13866573_1269687523076068_970961706_n

«¿Qué clase de ladrón es ese tal Robin que le da dinero a los pobres sin cobrarles intereses?»

Todos los perros van al cielo

  • Título original: All Dogs Go To HeavenMV5BMTI4ZWRmNTAtOWIyZC00Njk0LWIzZGItYjE0NDVlM2Q4ZWJjXkEyXkFqcGdeQXVyNTUyMzE4Mzg@._V1_
  • Año: 1989
  • Duración: 84 min.
  • País: Reino Unido
  • Director: Don Bluth, Gary Goldman, Dan Kuenster
  • Guion: David N. Weiss
  • Música: Ralph Burns, T. J. Kuenster, Charles Strouse
  • Reparto principal: Burt Reynolds, Dom DeLuise, Judith Barsi, Vic Tayback
  • Más información: IMDb; ALLMOVIE; filmaffinity

La historia tiene como protagonistas a dos perros que, debido a un viaje al más allá, buscarán venganza hacia su asesino y antiguo socio de negocios, secuestrando su mayor fuente de ingresos en las apuestas: una niña que habla con animales.

Lo más llamativo es el papel de antihéroe que cumple el protagonista, un personaje que es un estafador por excelencia, un calculador mentiroso, ladrón, corredor de apuestas ilegales, motivado únicamente por la venganza y a quien no le importa aprovecharse de los niños para hacer cumplir sus planes. A pesar de ello, nos quiere mostrar que en el fondo también tiene corazón, pero tan tardíamente que casi se puede cuestionar. Una animación atractiva, con canciones curiosas y un trato del tema de la muerte muy modesto.

Mi puntuación: 13942261_1269687406409413_895346483_n13866573_1269687523076068_970961706_n13866573_1269687523076068_970961706_n

A partir de este momento puedes hacer una de estas acciones: preparar palomitas y ver la película o seguir leyendo a sabiendas de que podrías toparte con ciertos detalles que comúnmente llamamos spoilers.

♦♦♦


Había una vez un perro que tenía un socio que tenía un negocio. Bueno, en realidad eran dos perros que llevaban un bar de apuestas. Charlie, el brillante protagonista de esta historia, era un pobre ludópata fanfarrón que fue asesinado por su socio, más bien por un traidor ambicioso que quería dejarlo fuera del negocio, el muy malnacido. En el más allá conoció a una damisela de la alta sociedad, la más guapa del lugar, quien quería atraparlo en una relación seria, pues se había enamorado locamente de él. Sin embargo, nuestro atractivo conquistador no quería algo más allá de un plato de espaguetis compartido. Bueno, quizás esto es de otra historia… La cuestión es que todo fue un sueño: no hubo ningún muerto, ni viaje al más allá, ni se habían conocido Charlie y Reina. Sí, sí. Era un sueño premonitorio: el universo le estaba advirtiendo de lo que pasaría si se descuidaba de sus recias y anchas espaldas.

Una tarde, su leal y fiel compañero de toda la vida, el mejor de los amigos que puedas tener, le soltó un chivatazo, y  es que una niñita huérfana había sido secuestrada por Madame Medusa, una malvada mujer que se aprovechaba del don que la pequeña tenía. ¿Te lo puedes creer? ¡La chiquilla podía averiguar el ganador de las carreras! ¿No es genial? Bueno, nuestro desinteresado héroe no podía quedarse cruzado de manos, digo, patas, ante tal injusticia, así que su noble escudero y él rescataron a ¿Penny? ¿Blancanieves? Eso, María.

Nuestra preciosa huerfanita era amiga de todos los animales y, como recompensa por su rescate, consiguió que Charlie y su sirviente abrieran otro negocio de carreras ilegales para forrarse y “dárselo a los pobres”… Está bien, está bien; nada de sirvientes: Charlie y su Robin particular. ¿Mejor? Claro, Charlie era el Batman de Nueva Orleans que rescataba niñas del malvado Dr. Calico, la bruja Cruella de Vil y el Dr. House y el Sr. Weasley (profesionales del robo de cachorritos).

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

(Imágenes tomadas de IMDb)

El negocio iba viento en popa, pero la princesa Blancanieves, quiero decir, María, no se sentía feliz. No le eran suficientes los mimos, los dulces o vestidos nuevos que les regalaban sus amables rescatadores; ella quería un papá y una mamá. Después de que Charlie se enfrentase a cocodrilos, al “socio” del primer negocio que, como en el sueño premonitorio, intentó acabar con su vida; a las primeras facturas del local y a Sanidad, llevó a María a un hogar donde no podían faltar los animales. Un hogar con una mamá, un papá, leche caliente, amplio jardín y… 101 perritos más. Y colorín colorado… Vale, vale. Mañana terminaremos la historia, sí… Buenas noches.

Violento resplandor

Ojos de serpiente que derramas sobre mí,
tan ojerosos como lascivos.

Tus párpados se tornan cansados
y el frío ha pasado por tu sien.

Ya no sonríes,
cuelgan huellas de ron en tus comisuras.

No queda nada de tu altura
ni de tu figura.

Las sombras palidecen
y te ensombrecen.

Me miras como si nunca hubieses muerto
y estuvieras esperándome.

E intentas rozarme con los dedos,
pero me traspasas.

Oigo gritos a tu alrededor,
el infierno te calienta la espalda.

knife-376381_1920

Desvías la mirada
y entreabres la boca en una cortina de sangre.

Susurras muy despacio mi nombre.
Hace años que no lo repites.

Es como si…
como si aún me quisieras.

«¿Me miras a mí? Pues chilla, chilla»

Déjame entrar

  • Título original: Låt den rätte komma in MV5BMjMzMjI0NDk5MF5BMl5BanBnXkFtZTgwMzQ2NjQ0MDI@._V1_SY1000_CR0,0,707,1000_AL_
  • Título alternativo: Let the Right One In
  • Año: 2008
  • Duración: 115 min.
  • País: Suecia
  • Director: Tomas Alfredson
  • Guion: John Ajvide Lindqvist
  • Música: Johan Söderqvist
  • Reparto principal: Lina Leandersson, Kåre Hedebrant, Per Ragnar
  • Más información: IMDb; ALLMOVIE; filmaffinity

La historia se centra en la relación que surge entre un niño que sufre acoso escolar y una niña recién llegada al barrio que esconde una verdad sangrienta: no es humana.

La trama puede moverse por dos vertientes: puro amor que surge de la soledad de ambos personajes, o el poder de seducción y sumisión de una de las figuras más sanguinarias de las historias de terror: los vampiros. No hay duda de que el protagonista, debido a sus circunstancias, cae bajo la influencia de este ser, pero, ¿es por un enamoramiento? ¿Le ha dado ella el empujón necesario para entrar de lleno en el crimen bajo una falsa inocencia? ¿Qué estaría dispuesto a hacer por amor? Las respuestas quizás se personifican en el compañero inicial de ella…

Mi puntuación: 13942261_1269687406409413_895346483_n13942261_1269687406409413_895346483_n13942261_1269687406409413_895346483_n

A partir de este momento puedes hacer una de estas acciones: preparar palomitas y ver la película o seguir leyendo a sabiendas de que podrías toparte con ciertos detalles que comúnmente llamamos spoilers.

♦♦♦


Mi día a día es un mar de sufrimiento. Me gusta aprender, pero esos estúpidos lunáticos me torturan sin descanso. ¿Por qué no me dejan en paz? Ya ni me gusta ir a la escuela.

El frío alimenta la desgracia y ni los días de intensa nieve pueden salvarme de sus embestidas. ¿Dónde están mis padres? No pueden ayudarme centrados en sus asuntos. ¿Qué puedo hacer?

Una niña ha llegado al barrio junto a un señor que parece ser su padre. Es extraña: no usa botas de nieve ni abrigo. El hombre también parece misterioso: está tapiando todas las ventanas. ¿Les dará miedo el sol?

Otro día más. Sus insultos retumban en mi cabeza. No puedo aguantar más. He conocido a la chica nueva; dice que no puede ser mi amiga. ¿Por qué nadie quiere serlo? ¿Qué tengo de malo?

Me he roto la nariz jugando en el recreo (eso le he dicho a mi madre). Eli dice que les devuelva el golpe. Quizás tenga razón, quizás me dejen en paz. Mañana cogeré la navaja de papá; mamá no se dará cuenta.

El director del colegio ha llamado a casa: quieren expulsarme por “meterme” en peleas. La verdad es que llevo tanto tiempo en esta situación que empiezo a creer que Eli es la única a la que le importo. Ya somos íntimos.

Los periódicos y la gente del barrio dicen que están muriendo muchos vecinos, incluso he oído que se sospecha de los recién llegados. Le preguntaré a Eli si sabe algo.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

(Imágenes tomadas de IMDb y SensaCine)

Hoy me he enterado de que los monstruos son reales, pero no tengo claro si los humanos nos diferenciamos mucho de ellos. También fui a la biblioteca y leí varias cosas. Ya no estoy a salvo. He cogido de nuevo la navaja de papá, algunos jerséis, unas monedas y mi libro favorito. Me voy de casa.

Le he dejado una nota a Eli con las direcciones de mis compañeros de clase. Espero que sus sangres sean mejores que sus almas.

El fin

Sabía que estaban cerca del Inframundo, ya que la niebla empezaba a dispersarse. Se dio cuenta del temblor que sacudía el cuerpo del muchacho. ¿Había hecho bien? El recuerdo de todos aquellos trazos en la piedra le decía que sí. Lo único que tenía que hacer era que Radamantis lo juzgase. Un escalofrío recorrió su espalda al sentir la mirada de Cerbero, quien acto seguido no dudó en mostrar sus afilados dientes. El chico se sobresaltó al verlo y lo miró con preocupación. Intentó sonreír, queriendo así hacerle saber que todo iba bien… o eso deseaba pensar.

Los rugidos y ladridos de Cerbero se hacían eco por toda la entrada del Inframundo. Salió de la barca, ayudando al chico después. No pudo evitar recordar la primera vez que Caronte lo había dejado allí, solo, confuso. Colocó una mano sobre su hombro, llamando así su atención. Volvió a sonreír y le indicó con la mano la gran puerta que estaba delante.

—Tengo miedo, no debería haber aceptado. No tengo con qué pagarte. Caronte vuelve después de mucho tiempo a recoger a la gente que no tiene dinero, quizás debería haber esperado un poco más.

—Iré contigo si así te sientes más seguro.

El chico dudó durante unos momentos antes de asentir, con una sonrisa débil. Ambos empezaron a subir las grandes escaleras, quedando en frente de la puerta. Había algo que le preocupaba, quizás fuese la actitud agresiva de Cerbero, o quizás fuese el miedo del chico. Intentó despejar la mente mientras sus manos se apoyaban en la puerta y la abrían.

Todo seguía igual, tal y como lo recordaba: el patio enorme, los ríos, el palacio a lo lejos y los tronos. Sus ojos se posaron en Radamantis, quien se levantó y se acercó a ellos. Miró al chico, que dio un paso hacia atrás, queriendo huir de todo esto.

—Te traigo un alma para que la juzgues.

Radamantis los miraba a ambos, con el ceño fruncido. No recordaba aquella expresión seria en su rostro. No recordaba que el ambiente estuviese tan tenso cuando él fue juzgado.

—Oh, ya veo. Juzguemos, pues.

Miró al chico; se había quedado pálido y su cuerpo temblaba. Se dio cuenta de las lágrimas que empezaron a caer por sus mejillas. Sus piernas flaquearon y cayó al suelo a la vez que de sus labios se escapaban susurros pidiendo ayuda. Miró a Radamantis, cuyo rostro no mostraba ninguna expresión. En ese momento, el muchacho tomó una gran bocanada de aire, volviendo a la realidad. Intentó levantarse, pero sus piernas seguían sin responderle bien. Se arrodilló para ayudarlo, poniendo ambas manos sobre sus hombros.

—Eres un muchacho de buen corazón… Anda, toma un poco de agua.

Radamantis le ofreció un vaso de agua. El chico lo tomó con manos temblorosas; se lo llevó a la boca, bebiendo.

—Una pena que no hayas podido pagar tu viaje –el vaso cayó al suelo, rompiéndose en mil pedazos cuando el chico se llevó las manos a la cabeza–. Te condeno a pasar el resto de tus días vagando alrededor del río Lete, sin saber quién eres.

—¡¡No!! ¡¡Espera!! Caronte ha traído almas que no tenían dinero.

—Exacto. Caronte puede hacerlo, pero ¿quién te da derecho a ti a hacerlo? No eres nadie aquí, tan solo cumplías un pequeño trabajo para purgar tu alma y la has manchado aún más al desobedecer las normas… A ti te condeno al Tártaro.

Lo último que vio fue a ese pobre chico, cuyo único error había sido confiar en él, mirándolo sin saber quién era, ni dónde estaba, ni qué estaba pasando. Y, de pronto, ya no estaba en ese patio, sino en su casa, rodeado de su familia, cuyos cuerpos yacían inertes en el suelo, manchados de sangre. Miró su mano, donde sostenía un cuchillo manchado también de aquel líquido escarlata, donde se reflejaba el muchacho vagar por las orillas del río Lete, sin saber quién era.

—Tu condena va a ser revivir la prueba de tu primer juicio pero, esta vez, tú matarás a tu familia, y cada vez que mires el cuchillo, verás al pobre muchacho al que has condenado al infierno del olvido.

Y lo supo. Nunca descansaría en paz. Estaba condenado a vivir ese infierno para siempre jamás.

hell_by_ollisiponkoski-d3kddzb

Imagen por OlliSiponkoski


Para leer el resto de la historia:

  1. El principio del fin
  2. El juicio del fin
  3. El último acto de bondad

Espesura de anémonas

rose-2042235_1920

No hay tiempo.

¿Lo escuchas? Tu corazón late acelerado, furioso, frenético, mucho más rápido que el tictac del reloj. Ahogas un segundo en su boca, y otro más. Las horas se esparcen como una lluvia de pétalos de rosa. Se deshacen a tu alrededor, caen al suelo y se marchitan. Tus manos dibujan un caótico cuerpo, se funden en una piel que no es la tuya. Pero el tiempo no se detiene cuando tus ojos se toman un segundo para mirar el amor, que lleva su nombre.

El reloj grita como una alarma de incendios.

Quémale la ropa, funde su piel, envuélvela con el fuego de tus brazos. No escuches los pasos de esos minutos perdidos en la torpeza de tus dedos. Céntrate en ella, que se ríe joven y preciosa, esperando que le digas todo lo que quiere escuchar. No te calles, no te refugies en el silencio. ¡Grita más fuerte que el tiempo! Deja salir esa llama que te abrasa la piel antes de que te incendie el alma. No esperes a mañana…

Quizás ya no hay un mañana.

Todo se apaga. En la penumbra refulgen sus ojos como dos luces. Tus manos la siguen acariciando, cada día, cada noche, cada año. Su piel ya no es lisa, su risa no es ansiosa, su cuerpo no tiembla ante el roce desconocido. Ya no hay prisa, y te preguntas cuánto tiempo te has detenido en besar sus labios. ¿Cuándo ha nevado sobre sus cabellos? No importa, tus manos la siguen amando, tus ojos siguen susurrando las palabras que tú no liberas y se cierran, porque reconocen cada rincón que recorren a ciegas tus dedos.

Y tu corazón sigue latiendo por ella.

Hasta el último latido lleva su nombre.

bloom-1846200_1920Inspirado en Soneto de la Guirnalda de rosas, de Federico García Lorca.

«La peste trajo algo más que la muerte»

Resurrección

  • Título alternativo: Resurrectionresurrecci_n-578345548-large
  • Año: 2015
  • Duración: 100 min.
  • País: Argentina
  • Director: Gonzalo Calzada
  • Guion: Gonzalo Calzada
  • Música: Supercharango
  • Reparto principal: Patricio Contreras, Martín Slipak, Ana Fontán, Lola Ahumada
  • Más información: IMDb; filmaffinity; cinenacional

El argumento gira en torno a un joven sacerdote que, al volver a casa en la época de la fiebre amarilla,  es contagiado y se sumerge en auténticas paranoias, cuestionándose el pasado familiar, la muerte e incluso su propia fe.

Cuando una persona cae enferma y desesperada a esos niveles, se quebrantan hasta las creencias de un padre de la Iglesia, y esto lo podemos ver en ese final tan enmarañado que presenta la película. El suspense es continuo y divide la historia en dos partes: el regreso, el contagio, las dudas; la muerte, la verdad y aquello que realmente trajo la peste. La fe mueve montañas, en este caso, puede hasta «resucitar», aunque eso conlleve vivir maldito para siempre.

Mi puntuación: 13942261_1269687406409413_895346483_n13866573_1269687523076068_970961706_n13866573_1269687523076068_970961706_n

A partir de este momento puedes hacer una de estas acciones: preparar palomitas y ver la película o seguir leyendo a sabiendas de que podrías toparte con ciertos detalles que comúnmente llamamos spoilers.

   ♦♦♦


El joven Aparicio, preocupado por los rumores de una enfermedad mortal que arrasaba el norte del país, decidió regresar a la vieja mansión donde residía la poca familia que le quedaba. El viaje fue difícil, tormentoso y repleto de cadáveres y putrefacción.

Al llegar al hogar donde una vez pasó sus días más inocentes, la muerte fue la verdadera anfitriona. La enfermedad paseaba por los grandes pasillos que una vez acogieron a las familias más distinguidas. Los cuerpos sin vida se acumulaban en la casa al igual que en el camino de regreso. Los bienes más lujosos se consumían en el fuego que empleaban para defenderse del frío y la desaparición. Los rezos y súplicas solo entorpecían aún más la realidad.

Remedios, la pequeña, fue la última presa del dolor, quedando solo Aparicio, el sacerdote, el último superviviente. No pudo salvarlos. La desesperación abrazó su corazón y se preguntaba si él merecía un destino peor.

Dios los había abandonado…

…o, tal vez, no. A las pocas horas, Aparicio se encontraba de nuevo con sus seres queridos. ¿Qué clase de enfermedad era esa? Los cuerpos seguían descomponiéndose. ¿Resucitaban? Los llamaba. ¿Eran ellos? Los ojos negros y la mugre de sus caras decían no. ¿Qué pasaba? Todo difunto en la villa se levantaba; lo miraban fijamente. ¿Quiénes eran esos? Se acercaban lentamente sin más sonido que un jadeo.

El joven horrorizado corrió hacia los jardines, donde se topó con la niña. La llamó por su nombre; ella lo miró sin emoción alguna. Volvió a llamarla, acercándose rápidamente y zarandeándola con un intento pobre de volverla en sí. La pequeña solo respondió hincándole los dientes negros, devorando su alma, saboreando al vivo. La apartó de un empujón y gritó pidiendo auxilio a su hermano. O, tal vez, a Dios.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

(Imágenes tomadas de IMDb y cinenacional)

Los muertos vivientes avanzaban hacia él para terminar lo que la inocente Remedios había empezado. ¿Por qué estaba pasando eso? Olían el miedo, la sangre que desprendía la herida del sacerdote. ¿Estaban malditos? Corría asustado entre ruinas en busca de protección. Rezaba, lloraba, gemía de dolor.

Acorralado en un campanario, contagiado por la nefasta enfermedad y agotado moralmente, volvió a pedir clemencia. Antes de desmayarse, pudo contemplar a lo lejos a una mujer con vestido rojo que se abría camino entre los cadáveres resucitados a golpe de escopeta. Rezar a ella no le servía de nada.

«Hasta tuvo el cuidado de sacudir con la mano la tierra que le quedó en las tripas»

¿Qué libro es?

nouveau-document-4

 

Título: Crónica de una muerte anunciada (y que no se evitó)

Autor: Gabriel García Márquez

Año: 1981 (pues 36 años tiene ya…)

Género: novela policial

 

¿Te interesa?

Casi todos nos hemos leído este libro por obligación gracias a los profes del instituto. No hay nada peor que leerse un libro en contra de nuestra voluntad. No sé vosotros, pero a mí me pasa que empiezo el libro con cierta hostilidad y no lo juzgo con justicia.

Su autor, García Márquez, al que todos vemos como un tierno abuelillo, es un gran escritor con muchas obras que merecen la pena leer y releer. Tengo en tareas pendientes su obra cumbre Cien años de soledad (sí, aún no me la he leído, pero lo haré) y espero que algún día os pueda contar mis impresiones por aquí.

gabriel-garcia-marques

Quiero decir con esto que os animo a leerlo de nuevo sin las presiones de clase ni de profesores pedantes, ¡por gusto! Y ya veréis que os gustará mucho más que la primera vez.

Vamos a ponerlo verde:

Sólo por el título se intuye el final: alguien va a morir y posiblemente sea el protagonista. Está ambientado en una sociedad un poco arcaica donde el honor es lo fundamental (que conste que me encanta todo lo que acarrea la defensa de la honra, pero sólo en la ficción, claro).

Para no variar, la semilla de todos los problemas es una mujer que no llega virgen al matrimonio, siendo repudiada por su marido en la noche de bodas. Sus hermanos le piden explicaciones y ella culpa al pobre Santiago Nasar de ello, que muere a manos de estos gorilas.

¿Cómo es posible que, sabiéndolo todos, nadie lo impidiera? Qué pena me da el pobre Santi con el cual se simpatiza desde el principio (a lo mejor porque la historia la cuenta su amigo, jejeje). El caso es que, sabiendo de su muerte ya por el título, me tiré toda la novela pensando que no iba a morir y todo porque no quería que se lo cargasen.

El colmo es que Ángela Vicario (que así se llama la desvirgada antes de la boda) no confirma que fuese Nasar el que le robó su tierna flor y, para mi indignación, ¡nos quedamos con la duda!

Sin duda, lo que no tiene desperdicio son los segundos antes de la muerte del pobre protagonista: se describe su estado con un realismo mágico muy gore que pone los pelos de punta…

Puntuación:

13942261_1269687406409413_895346483_n13942261_1269687406409413_895346483_n13942261_1269687406409413_895346483_n13866573_1269687523076068_970961706_n13866573_1269687523076068_970961706_n