Uno para todos y todos para uno (cerrado)

¡Os traemos un juego muy especial de escritura creativa! Os proponemos crear un poema conjunto, un poema por y para todos donde plasmemos sentimientos y emociones. Las instrucciones son las siguientes:

  • Solo se puede participar con un verso, es decir, no puede extenderse más de una frase.
  • La frase se pondrá en los comentarios de esta entrada y se ordenarán en función de la aparición del comentario.
  • En cuanto a la métrica y la rima podéis usar lo que más os guste.
  • La poesía es libre, pero si el poema sigue una unidad poética y persigue un sentido tendrá más cuerpo y más significado.

También podéis ver el resultado por nuestras otras redes sociales, donde podréis seguir todas nuestras novedades: 533022-circle-facebook_icon-icons.com_66834 twitter_icon-icons.com_62765

Muchas gracias a Marina López Fernández, lasmultisápidasMaximilian Sinn, meatovmearov y a José Carlos Mena por participar en este experimento poético. El resultado en esta plataforma es este precioso poema:

La noche fría

ardía en mi interior

tu reflejo me helaba el cuerpo

el alma y los pensamientos

rivalizaba con la oscuridad de su mirada

mientras abrigaba  mi piel desnuda

reflejo de luna en tu piel.

 

¡En Facebook también habéis participado! Muchas gracias a María Rodríguez, Estrella García Muñoz y Cristina Ruiz Sánchez por participar. Este es el bello poema:

La noche fría 
de estrellas dormidas
un cuervo cantó
bajo una lluvia de luciérnagas azules
trayendo el fantasma de nuestro primer encuentro.

¡Os animamos a los participantes a elegir el título de su respectiva creación! Marina López Fernández lo ha bautizado como Insomnio. También avisaros de que aunque estén escritas las instrucciones el plazo se ha agotado y ya no se puede participar. Os animamos a que participéis en las siguientes entradas de escritura creativa. ¡Travesura realizada! 😉

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«Existencia lujosa», Jorge Riechmann

Puesto que –se ha corrido la voz– la poesía

ya no importa nada,

vamos a permitirnos ser tábanos.

Vamos a permitirnos ser raíces destempladas

de las que a veces estallan roncamente en el cerebro.

Vamos a permitirnos ser honestos

(sin renunciar por ello al honesto placer

de disfrazarnos de vez en cuando).

Vamos a darnos el gustazo

de no ser para todos los gustos.

Vamos a permitirnos riesgos inauditos:

contra-decir

y hasta contradecirnos.

Vamos a permitirnos querer ser

esa palabra que mancha:

con toda la modestia y todo el duelo del mundo

revolucionarios.

Puesto que somos –hay consenso– superfluos,

vamos a permitirnos el lujo de ser

acaso necesarios.

 

«Biografía», Gabriel Celaya

No cojas la cuchara con la mano izquierda.

No pongas los codos en la mesa.

Dobla bien la servilleta.

Eso, para empezar.

.

Extraiga la raíz cuadrada de tres mil trecientos trece.

¿Dónde está Tanganika? ¿Qué año nació Cervantes?

Le pondré un cero en conducta si habla con su compañero.

Eso, para seguir.

.

¿Le parece a usted correcto que un ingeniero haga versos?

La cultura es un adorno y el negocio es el negocio.

Si sigues con esa chica te cerraremos las puertas.

Eso, para vivir.

.

No seas tan loco. Sé educado. Sé correcto.

No bebas. No fumes. No tosas. No respires.

¡Ay, sí, no respirar! Dar el no a todos los nos.

Y descansar: morir.

«Soneto de la Guirnalda de rosas», Federico García Lorca

¡Esa guirnalda! ¡pronto! ¡que me muero!

¡Teje deprisa! ¡canta! ¡gime! ¡canta!

que la sombra me enturbia la garganta

y otra vez y mil la luz de enero.

.

Entre lo que me quieres y te quiero,

aire de estrellas y temblor de planta,

espesura de anémonas levanta

con oscuro gemir un año entero.

.

Goza el fresco paisaje de mi herida,

quiebra juncos y arroyos delicados.

Bebe en muslo de miel sangre vertida.

.

Pero ¡pronto! Que unidos, enlazados,

boca rota de amor y alma mordida,

el tiempo nos encuentre destrozados.

«1910», Federico García Lorca

Aquellos ojos míos de mil novecientos diez
no vieron enterrar a los muertos,
ni la feria de ceniza del que llora por la madrugada,
azón que tiembla arrinconado como un caballito de mar.
Aquellos ojos míos de mil novecientos diez
vieron la blanca pared donde orinaban las niñas,
el hocico del toro, la seta venenosa
y una luna incomprensible que iluminaba por los rincones
los pedazos de limón seco bajo el negro duro de las botellas.
Aquellos ojos míos en el cuello de la jaca,
en el seno traspasado de Santa Rosa dormida,
en los tejados del amor, con gemidos y frescas manos,
en un jardín donde los gatos se comían a las ranas.
Desván donde el polvo viejo congrega estatuas y musgos,
cajas que guardan silencio de cangrejos devorados
en el sitio donde el sueño tropezaba con su realidad.
Allí mis pequeños ojos.
No preguntarme nada. He visto que las cosas
cuando buscan su curso encuentran su vacío.
Hay un dolor de huecos por el aire sin gente
y en mis ojos criaturas vestidas ¡sin desnudo!

«Contra Jaime Gil de Biedma», Jaime Gil de Biedma

De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso,
dejar atrás un sótano más negro
que mi reputación —y ya es decir—,
poner visillos blancos
y tomar criada,
renunciar a la vida de bohemio,
si vienes luego tú, pelmazo,
embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes,
zángano de colemena, inútil, cacaseno,
con tus manos lavadas,
a comer en mi plato y a ensuciar la casa?

Te acompañan las barras de los bares
últimos de la noche, los chulos, las floristas,
las calles muertas de la madrugada
y los ascensores de luz amarilla
cuando llegas, borracho,
y te paras a verte en el espejo
la cara destruida,
con ojos todavía violentos
que no quieres cerrar. Y si te increpo,
te ríes, me recuerdas el pasado
y dices que envejezco.

Podría recordarte que ya no tienes gracia.
Que tu estilo casual y que tu desenfado
resultan truculentos
cuando se tienen más de treinta años,
y que tu encantadora
sonrisa de muchacho soñoliento
—seguro de gustar— es un resto penoso,
un intento patético.
Mientras que tú me miras con tus ojos
de verdadero huérfano, y me lloras
y me prometes ya no hacerlo.

Si no fueses tan puta!
Y si yo supiese, hace ya tiempo,
que tú eres fuerte cuando yo soy débil
y que eres débil cuando me enfurezco…
De tus regresos guardo una impresión confusa
de pánico, de pena y descontento,
y la desesperanza
y la impaciencia y el resentimiento
de volver a sufrir, otra vez más,
la humillación imperdonable
de la excesiva intimidad.

A duras penas te llevaré a la cama,
como quien va al infierno
para dormir contigo.
Muriendo a cada paso de impotencia,
tropezando con muebles
a tientas, cruzaremos el piso
torpemente abrazados, vacilando
de alcohol y de sollozos reprimidos.
Oh innoble servidumbre de amar seres humanos,
y la más innoble
que es amarse a sí mismo!