Jingle Bells

Por fin había llegado la gran noche en la que ese señor de pelo blanco surcaba el cielo en su trineo y se metía en las casas de la gente por la chimenea, dejando los regalos bajo un pino decorado. La calle estaba iluminada por las luces de las farolas que proyectaban grandes sombras en el suelo bajo el silencio de la noche, y también dejaron ver las gotas de sangre que dejaba un hombre mientras arrastraba un pequeño saco por el asfalto.

Jingle bells, jingle bells, jingle all the way –cantaba con voz grave y de una forma entrecortada, entrando en el porche de la casa.

Se asomó por la ventana, observando el árbol en el salón, sin ningún rastro aún de regalos bajo sus ramas. Durante unos instantes se quedó quieto, pensando si debería entrar o no. Su parte racional le decía que se largase de allí y volviera a encerrarse en su casa, allá donde la nieve limpiara sus huellas y su acto de locura.

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—Pero es Navidad –susurró, enfocándose en su propio reflejo que proyectaba la ventana: su tez pálida contrastaba con los arañazos llenos del líquido carmesí que le caían por su rostro, manchando la barba postiza de color blanco que se había puesto–. Tengo que cumplir con mi misión, sí, eso es.

Con mucho cuidado de no hacer ruido, abrió la ventana y se coló sigilosamente en el interior. Miró aterrado a su alrededor, esperando que la familia hubiese notado la intrusión en su morada… pero solo recibió por respuesta el silencio. Llevó su mano derecha al bolsillo de su abrigo rojo, volviendo a leer aquella simple frase que la niña que vivía en esa casa había escrito:

Querido Papá Noel, este año me he portado bien, por lo que quiero un hermanito.

Volvió a guardar la carta en el bolsillo y se acercó al árbol de Navidad. Abrió la bolsa y depositó el tan ansiado regalo de esa niña en el suelo. Sonrió, estaba satisfecho por el gran trabajo que había hecho, sin importar aquel rastro de líquido escarlata que manchaba ahora el suelo.

Por la mañana, la niña, emocionada, entró en el cuarto de sus padres, anunciando que Papá Noel le había traído su regalo. Ambos se miraron, sin entender muy bien a qué se refería, a la vez que se llevaron las manos a la cabeza, pues se les había olvidado por completo poner los regalos bajo el árbol.

—¿A qué te refieres con lo del regalo? –preguntó el padre, poniéndose las gafas.

—Venid, vamos al salón.

Los padres siguieron a la pequeña que corría escaleras hacia abajo, entrando sin perder ni un segundo en el salón. Cuando los padres llegaron, ahogaron un grito. Allí, delante del pie del árbol de Navidad, estaba su hija abrazando a un niño pequeño manchado de sangre y sin vida.

—¿A qué es genial? –preguntó la pequeña, manchándose de sangre –. Papá Noel me ha traído un hermanito, tal y como se lo pedí.

Los padres miraron horrorizados la escena mientras de fondo, en la calle, se escuchaba aún el eco de una canción tatareada: Jingle bells, jingle bells, jingle all the way.

 

Fuente: Google Imágenes

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Top 5 de libros eróticos

¿Está siendo un invierno frío? Tenemos la solución: un top de cinco libros para leer esta Navidad y que os aventuréis en el mundo de la pasión y de la lujuria. Este género sufrió un boom en 2011 y hoy en día sigue siendo muy popular. Os proponemos un recorrido diferente por el erotismo a través de estas cinco modalidades:

P327166Amos y mazmorras

Autora: Lena Valenti

Año: 2012

Modalidad: sadomasoquismo

Esta novela recrea el famoso juego “Dragones y Mazmorras” pero en forma de competición sadomasoquista, donde dos agentes infiltrados deberán jugar para resolver un caso. En este libro sentirás en tu piel la tensión sexual de una manera desbordante.

libro_1351962210Pídeme lo que quieras

Autora: Megan Maxwell

Año: 2013

Modalidad: swinging

Judith, una joven secretaria, se adentrará en el mundo del empresario Eric Zimmerman, lo que la llevará a poner a prueba sus instintos más secretos. Esta novela es muy campechana, pero hará que subas de temperatura con sus magníficas escenas sexuales.

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Saga Vanir

 Autora: Lena Valenti (repite en el top)

Año: 2013

Modalidad: erótica sobrenatural

Esta saga de romance paranormal está compuesta por doce libros y está enmarcada en la mitología nórdica, donde los “vanir” y los “berserker” son ayudados por diferentes personajes para salvar la tierra.  Es una saga inolvidable que te hará fantasear por su naturaleza salvaje y posesiva.

91uTs21E97LDominación 1. Atada.

Autora: Lorelei James

Año: 2015

Modalidad: bondage

Amery conoce a Ronin en defensa personal, y la química hace el fuego. Todo cambia cuando el enigmático profesor le propone ser atada al estilo japonés. En este libro conocerás técnicas de bondage como el shibari, una técnica artística que no te dejará indiferente.

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El infierno de Gabriel 

(Para ver esta reseña visita esta entrada: El infierno de Gabriel)

 

Tinta invisible

Llegas desafiante, arrogante y prepotente, con una media sonrisa en los labios, saboreando una victoria que aún no es tuya. Sin embargo, cuando mis ojos te buscan, no eres capaz de acudir a su encuentro. Y tu sonrisa se diluye. Es mi turno ahora. Me esperabas cabizbaja, asustada y temblorosa, quizás pensabas que saldría corriendo o que derramaría las lágrimas que una vez arrancaste de mis ojos. Pero mis labios se curvan hacia arriba, mi mirada te estremece y mis pies se quedan clavados en el suelo, esperando por ti.

Hay una grieta entre los dos. La misma que hubo aquella última vez, ¿recuerdas? La saltaste entonces, traspasando las barreras construidas contra ti. Cuando no escuchabas mis gritos, ni atendías a mis súplicas, ni entendías un rotundo no. Pero ahora no la saltas, ahora no te mueves, como si estuvieras paralizado en un hielo a punto de resquebrajarse. Porque no me esperabas en pie, no me imaginabas esperándote, no me creías dispuesta a todo.

¿Por qué no?

Siempre ha habido tornados que arrasan con pueblos y huellas, que destruyen esperanzas y detienen los sueños. Pero los tornados también pasan, se alejan, y nosotros nos quedamos, desolados y sin aliento, mientras buscamos las fuerzas para recuperar las riendas de nuestras vidas extrañas.

Siempre ha habido fuegos inalcanzables con sus humos que asfixian las gargantas. Relucientes, parpadeantes e imponentes que devoran con sus llamas los anhelos, dibujando miedos y lágrimas incontenibles. Y la impotencia de perderlo todo en una luz anaranjada que recuerda a un nuevo amanecer. Pero sobre las cenizas nos arrastramos con lo que queda de nosotros, con las manos ensangrentadas y el corazón sostenido en la boca.

Siempre ha habido noches. Oscuras, terribles y solitarias que nos hacen cobijarnos bajo las sábanas, taparnos la cabeza y esconder el rostro en la almohada. Cuando los ruidos se incrementan y los oídos se agudizan crecen unas pesadillas incomprensibles, eternas y repetitivas que martillean las cabezas y agujerean las ganas de volver a levantarse. Pero el sol llega de nuevo, en otro día más, en otra oportunidad para despertar.

¿Por qué no esperabas que yo hiciera lo mismo?

Si tú eres quien me cortas las piernas, me sacas la sangre y me apuñalas el alma, ¿por qué soy yo la culpable por volver a caminar? Hay casas que no volverán a construirse, hay bosques ennegrecidos para siempre, hay lunas ocultas tras las nubes y hay heridas tatuadas con tu tinta invisible que no pueden ser borradas.

Pero no es suficiente para acabar con nosotros, no es suficiente para acabar conmigo.

tinta invisible

Blanco y negro

Una diminuta luz azul flotó en el aire.

Los ojos del rey la siguieron embelesados hasta que se perdió en la densa e infinita penumbra que lo envolvía. En un segundo, el resplandor azul había aparecido. En otro, se había esfumado. Y, en el siguiente, el rey volvió la mirada a aquel niño desafiante que amenazaba con matarlo.

Se deslizó por las baldosas blancas y negras, pero solo pudo avanzar un paso. El niño dibujó una amenazante sonrisa mientras avanzaba otro paso más. Su túnica blanca estaba hecha de la sangre y los huesos de su frágil cuerpo, que apenas se alzaba medio metro del suelo. Pero sus ojos estaban hechos de fuego y furia, quemando su alma y despertando sus miedos.

El rey avanzó, tembloroso. El niño lo imitó, triunfante.

El suelo blanco y negro era punzante. Las baldosas se rompían en dardos puntiagudos que atravesaban sus pies. Con cada paso, las agujas crecían y la sonrisa del niño se hacía más grande. La túnica negra del rey empezó a rasgarse también; los jirones de ropa ondeaban a su alrededor, como pequeñas banderas que anunciaban la victoria del pequeño.

El rey continuó. El niño no retrocedió.

Una diminuta luz roja cayó al suelo.

Se extendió en un rápido escalofrío y desapareció en un lento parpadeo. Un baño de sangre gélida cayó sobre su cabeza anunciando lo inevitable y lo imposible. Una baldosa negra, una baldosa blanca. Sabía lo que ocurriría al siguiente paso. Y también sabía que debía darlo.

El rey cayó de rodillas. El niño rió complacido.

Los últimos restos de la túnica negra se desprendieron de su cuerpo adhiriéndose al largo camino que había dejado atrás. Ya no ondeaban. Ya no anunciaban la victoria del niño. Ahora conmemoraban su derrota, inmóviles y desterrados en el suelo. Era él quien vestía huesos, sangre y una batalla perdida.

Los ojos del niño se incendiaron mientras los suyos se sumergían en un mar ardiente. Las baldosas se convirtieron en cristales, aún blancos y negros, que atravesaron sus brazos, sus piernas, su cuello y su lengua. Pero no pudo moverse. No podía avanzar, ni retroceder.

El niño tocó su rostro. El rey se estremeció.

Una diminuta luz blanca se interpuso entre ellos.

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Top 5 de libros clásicos

Estamos rodeados de grandes clásicos en la literatura, por lo que escoger una lectura entre ellos puede ser una ardua tarea entre las miles de recomendaciones y la gran cantidad de libros que tenemos a nuestra disposición. Así que para dificultar esa elección añadiendo una recomendación más, este top recoge algunos de los grandes clásicos del siglo XIX y de principios del siglo XX.

Notre-Dame de París21208362_1415572695163338_1593391078_n

Autor: Víctor Hugo

Año: 1831

Género: gótico, histórico

Una novela donde la protagonista, Esmeralda, se verá rodeada de distintos tipos de sentimientos por hombres diferentes: la obsesión enfermiza del Claude Frollo, la pasión liviana del capitán Phoebus y el amor idealizado de Quasimodo.

El conde de Montecristo21209108_1415572681830006_1899973737_n

Autor: Alexandre Dumas

Año: 1844

Género: aventuras, histórico

Edmond Dantès es encarcelado injustamente en el castillo de If. Allí, infeliz en su cautiverio, conectará con otro prisionero, el abate Faria, que lo instruirá en conocimientos, que lo ayudarán una vez esté fuera de su prisión. Al regresar, intentará hacer justicia a su condena, vengándose de aquellos que le tendieron una trampa.

Jane Eyre21175403_1415572715163336_1733975143_n

Autora: Charlotte Brontë

Año: 1847

Género: romántico

A pesar de su infancia, primero con una tía que no la quiere, luego en la escuela Lowood, Jane se forma como institutriz y logra un puesto en Thornfield Hall, donde Jane comenzará un romance con el dueño, el señor Rochester, pero la casa esconde varios misterios que enturbiarán el amor entre ellos.

Drácula21175376_1415572688496672_592747897_n

Autor: Bram Stoker

Año: 1897

Género: gótico

Narrada mediante los diarios y la correspondencia de los personajes principales, la novela nos sumerge en el misterioso castillo del conde Drácula y los extraños sucesos que van sucediendo, inexplicables para los protagonistas, que irán desentramándolos conforme avanza la historia.

Lo que el viento se llevó21245188_1415572671830007_793812985_n

Autor: Margaret Mitchell

Año: 1936

Género: histórico, romántico

Scarlet O’Hara es una niña mimada y egoísta que está acostumbrada a conseguir lo que quiere, pero su vida se ve truncada cuando Ashley Wilkes se casa con otra.

Desde ese momento, hará lo posible por que se fije en ella, así como sobrevivir en plena Guerra de Secesión. Todo cambiará con la aparición de Rhett Butler, el cual jugará un importante papel en su vida.

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Autora: Ariana Potter

Contacto en Goodreads

El ángel

Cuando el mundo se redujo a cenizas, los últimos alientos buscaron un refugio. Los humanos flotaban suspendidos sobre una densa capa de polvo, víctimas de una violenta lluvia de estrellas. El cielo se sumió en una penumbra infinita. Y el silencio reinó durante tantos años que las palabras se olvidaron. Balbuceos, alaridos y llantos. Y manos a tientas buscando una salida.

Con los ojos fuera de sus cuencas, las venas abiertas y los labios carcomidos, alguien (un niño, dijeron después) vio una luz. Una figura vestida de blanco y reluciente se alzaba de pie entre los escombros. No tenía las piernas amputadas, ni llevaba sangre de siglos pasados en su ropa. Dibujaba una sonrisa. ¡Una sonrisa!, cuando ninguno recordaba sus dientes.

El niño aprendió a hablar. O lo recordó. Porque el tiempo se había extinguido y el mundo se había paralizado en el miedo y el pánico. Era mejor dejar de vivir que morir, dijeron. Así que se enterraron con vida bajo los restos del sol. Pero el niño volvió a hablar. Gritó alegre, con una exclamación de júbilo que erizó las pieles desgarradas y perdidas en el suelo.

¡Un ángel!, escucharon algunos.

¡Es Dios!, repitieron otros.

Y las ruinas se movieron. Mientras el rumor de las voces se extendía a través del subsuelo, los cuerpos se elevaban de sus tumbas improvisadas. El tiempo volvió a transcurrir y la oscuridad ya no era un problema para encaminar sus pasos. Buscaban el aire desesperados, rescatando sus últimos alientos. Los convirtieron en los primeros y dijeron: vamos a vivir de nuevo.

Nadie supo quién era el niño, no volvió a escucharse su voz, ni su risa. Nadie más vio esa figura luminosa, pero todos hablaban de él. A veces iba de blanco, a veces tenía alas desplegadas, a veces sonreía, a veces lloraba de pena.

Pero siempre repetían una misma historia, un mismo detalle: el niño tenía los ojos arrancados.

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