Noruega

Este poema son pequeños trozos de hielo desprendidos de un glaciar. Se rompen si los tocas.

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Llenos mis brazos de la nostalgia de no tenerte

en esta ruda habitación

sin fuego en las entrañas para calentarme.

.

Noruega sin ti no sabe a nada

más que a hielo

y serpentean las aguas marinas

sin tus ojos.

.

Solo te pronuncias en mis sueños;

vistes deshecho,

sin esa melancolía fija en tu mirada

ni esa mandíbula de lobo.

.

En mi sueño eres distante

pero lúcido

y tu boca me arroja a la violencia.

.

Tu aliento me reclama

y no hay un abril que muera al alba

como yo cuando te miro

y me deshago.

.

Noruega tiembla

y nadan mis deseos por recorrerte

y hacerte de piel.

.

Después despierto,

con un 20% de luz,

con la misma humedad en el pelo,

 la misma soledad glacial entre mis uñas

y la misma puesta de sol de medianoche en Noruega.

 

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Sílfide

En 2014 asistí a un taller de escritura creativa en el cual solo podíamos usar el diccionario y un prospecto o manual de instrucciones para crear un poema. El resultado, algo surrealista y experimental, está basado en las influencias hispanoamericanas como el creacionismo (Vicente Huidobro) o la antipoesía (Nicanor Parra):

 

‘Conserve este prospecto ya que puede tener que volver a leerlo.’

El oxígeno color tierra tuerta de ciénaga

huele al aceite para engrasar puertas del aula 12.

El color pardo de los ojos o la barbada utopía

resuena como las huellas dactilares de unos tacones

 de luna que murmuran océanos.

Nitrógeno, oxígeno, vapor de agua, ozono,

gases nobles, dióxido de carbono, hidrógeno.

Quiero ver la noche desde los ojos de esa sílfide

esquelética que resurge de la espuma del mar

y rebota en el cielo asmático

pulverizándose en un campo de mariposas.

Silencio.

Silencio.

Silencio.

Silencio.

Silencio.

‘Informe a su médico o farmacéutico si está utilizando o ha utilizado recientemente cualquier otro medicamento’.

Silencio.

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Fuente: Google Imágenes

Violento resplandor

Ojos de serpiente que derramas sobre mí,
tan ojerosos como lascivos.

Tus párpados se tornan cansados
y el frío ha pasado por tu sien.

Ya no sonríes,
cuelgan huellas de ron en tus comisuras.

No queda nada de tu altura
ni de tu figura.

Las sombras palidecen
y te ensombrecen.

Me miras como si nunca hubieses muerto
y estuvieras esperándome.

E intentas rozarme con los dedos,
pero me traspasas.

Oigo gritos a tu alrededor,
el infierno te calienta la espalda.

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Desvías la mirada
y entreabres la boca en una cortina de sangre.

Susurras muy despacio mi nombre.
Hace años que no lo repites.

Es como si…
como si aún me quisieras.

El embarazo de una estrella

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Valquirias de terciopelo con larga cabellera,

estrecha cintura y ojos prietos azul agua.

Guerreras afiladas como águilas

y truenos que atornillan sus labios.

.

Guerreros iluminados por el oro solar,

recubiertos de pechos de acero.

Dioses curtidos en batallas lunares.

Impíos, calcinaban a sus enemigos.

.

Vírgenes hasta el desfloramiento

de los guerreros de fuego de Odín

que surcan universos por rozarlas.

.

Esta es la historia de Gardelia y Marmo.

La primera, nacida de los truenos,

el segundo, de las cenizas de la muerte.

.

Gardelia era fuerte como una roca,

insalvable y salvaje como una rosa,

valiente y hermosa como un tigre.

.

Marmo, de mirada imperial,

 consumía montañas,

atracaba tempestades

y lideraba los infiernos.

.

Las estrellas tejieron e hicieron crecer

el fulgor del amor carnal y violento

en sus vientres.

.

Gardelia, orgullosa como una pantera.

Marmo sediento por devorarla.

.

Se perseguían.

.

Cada encuentro suponía el fuego eterno

entre desesperados gritos vikingos.

Los nueve mundos se destruían ante ellos.

.

Marmo la poseía con fuerza sobrehumana.

Se postraba ante ella.

Gardelia se retorcía entre la miel

que caía de sus senos.

.

Se sometieron.

.

Se amaron frente a los dioses.

.

Se pertenecían.

.

Fueron engañados.

en forma de lengua de plata.

.

Devastaron barcos,

libraron batallas de sangre.

.

Los dioses los abandonaron.

.

Fueron desterrados

y condenados a una vida mortal.

.

Fruto de su amor sobrehumano

nació una estrella,

condenada a ser la más bella

del firmamento.

.

De ojos oscuros casi etéreos,

violáceos sus labios,

como un espectro de fuego

sus cabellos.

.

La envidia maldijo a la belleza.

.

Desobedecieron a las maldiciones.

.

Alzaron la tormenta, el trueno

y la cólera del halcón.

.

El cielo se volvió

del color de la violencia.

.

Marmo perdió un brazo,

le entregó su corazón a Gardelia

mientras agonizaba.

.

Gardelia suplicó clemencia a los dioses.

.

No fue escuchada.

.

Marmo, con amor en los labios,

 sucumbió con su nombre en la garganta.

.

Gardelia le entregó su vida.

 Se postró ante él.

.

Su unión permanece

en la bóveda celeste,

brillando con una intensidad que ciega,

protegiendo a los amantes devotos

que su vida entregan.

 

Fuente: Youtube

La sonrisa más bella del mundo

Su sonrisa desprendía tanta magia

como el misterio de sus ojos verdes.

Esa luz de diciembre que nació dos veces

y que me vio respirar por primera vez.

Tú has encendido tantas noches

con tu lámpara de los deseos,

has sostenido todo un universo,

perfumado los recuerdos

y afilado el mundo con tus cuentos.

Tú que has luchado contra cientos de ejércitos

y dragones volantes

sin ninguna herida.

Y has remendado noches de desvelo

para calmar mi miedo.

Tú, que te has partido las entrañas

por verme sonreír.

Yo, que he nacido para quererte.

Que das tu vida por mí

y el aliento.

Y me abarcas en abrazos indescriptibles

que salvan y alimentan.

Yo doy mi existencia por ti

y cuento las vidas donde seguirás siendo mi mitad.

Donde tu luz brille con intensidad

y sigas existiendo en cualquiera

que te recuerde:

como el hombre con la sonrisa más bella del mundo.

Tu sonrisa debe durar mil años,

mil años siendo mi padre.

Mil años siendo eterno.

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El recuerdo dormido

A Antonio Machado 

Quizá he visto el reflejo de mi niñez

atravesando tu ventana charolada

en botas de goma y luces de lluvia

que masticaron tantas veces el invierno.

Quizá la nieve escudriñó a nuestro ejército

en la alfombra y cosió botones rotos

a la costura de las trincheras del salón de juegos.

Quizá los árboles ondearan saboreando

cada gramo de verano desnudo que anidaba en tu cama

y el viento acunara tu garganta.

Quizá, solo quizá, te quise,

entre los besos empañados

y los tipos de vértigo

que salvaguardaban la distancia

entre tus huesos y los míos.

Buscando la calidez humana en aquel hueco

abuhardillado donde solíamos existir y exigir

que el mundo era nuestro, solo nuestro.

Sobre todo tuyo.

Aquella niñez ya no existe, permanece dormida,

como todas las puestas de sol

y las meriendas centinelas de los campos.

Pasamos del rojo de nuestras mejillas

a las heridas del futuro.

De buscar entre colchones

el pulso de los besos repartidos

y las esperanzas rotas, y que eso

de que el tiempo hace el olvido

es una farsa que se escapa

y se marchita.

Guardaré el sabor en mi boca

de cada diciembre

como quien corta una flor

y se impregna de su olor en los dedos.

Sobre todo de ti.

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Si tú me miras así

Poesía de juventud

Jamás osaron otros ojos mirarme

cómo tú lo haces ahora,

contemplándome desde la luz inerte

de la habitación,

exhalando el mismo aire frío,

acariciando lo que queda de mi piel

de una manera inexplicable.

“Me duele mirarte”, susurras

con esa voz de anuncio de perfumes.

Y yo permito que te adentres más.

“Quédate”, susurro yo.

“No te vayas”.

“Solo quédate una noche más”.

Peces hundiéndose

Aunque tú no lo sepas, he repetido tu nombre para sentirme más real.

He bebido las esquinas de tu boca para matarte (matarme) en ti

y he luchado contra mil ejércitos para no perderme.

Le he mentido a todas las lunas de mantequilla

y he pisoteado (a) las flores porque sé que no te gusta la primavera.

He traspasado océanos radiactivos para traerte un copo de nieve

y una geografía para adornar tus ojos.

Aunque tú no lo sepas, mis ojeras guardan el sueño y el silencio

de cien noches a tu lado, suspirándote.

Sujetándote.

He arrancado luces y he ahorcado las cuerdas de la poesía para ti,

y he dibujado paraísos en cada habitación mientras crecían las estrellas en tu ombligo.

Aunque tú no lo sepas, he adquirido la capacidad de andar (nadar) sobre la oscuridad

para poder lamerte los recuerdos.

Te he visto posar como una radiografía, ajena,

susurrando que no me conoces.

Y aunque tú lo sepas…

me llamo Miedo y no me iré nunca.

Esdrújula

ffffuu

Un cementerio de agua soy sin ti,

ese puto punto azul que se ahoga.

Me asfixio con mi propia saliva si no te encuentro y

en mis sueños finjo pesadillas para ver si te callas.

Y rajo tu recuerdo en mis pupilas de basura

que solo buscan un beso mendigo de tu voz.

Te busco en la espuma de la cerveza que te bebiste

a sorbos,

en cada surco que arrancaba el aire de tus pestañas,

en cada madrugada de mandarina que abrió esa boca

que saca  de quicio y envenena.

Violenta pornografía soy sin ti, una flor quemada.

Cenizas de ti.