Top 5 de cuentos de terror de E. A. Poe

Octubre es para muchos el mes del terror. Y, cuando pensamos en este género, es imposible no pensar en Edgar Allan Poe, escritor estadounidense del siglo XIX que es recordado, entre otras muchas cosas, por sus cuentos de terror. Y es por ello que en esta entrada os traigo un top sobre sus cuentos que podéis contar a la luz de una linterna para asustar a vuestros amigos.

El gato negro

517wbIXXrJLTítulo original: The Black Cat

Año: 1843

Editorial: The Saturday Evening Post

Un matrimonio lleva una vida feliz junto a su gato hasta que el joven empieza a beber, convirtiéndose en una persona agresiva que maltrata a su mascota. En una ocasión decide acabar con la vida del animal, pero acaba matando a su mujer, a quien acaba emparedando. Al cabo de los días, la policía se presenta en su casa y acaba descubriendo el crimen… y al gato.

El pozo y el péndulo

poepitpendulumdigitTítulo original: The Pit and the Pendulum

Año: 1842

Editorial: Lea & Blanchard

El narrador se encuentra condenado a la soledad, el hambre y la oscuridad de una celda, en cuyo centro hay una fosa. Sobre él va cayendo un péndulo con una navaja en el filo. El protagonista consigue desatarse y es entonces cuando la habitación empieza a cambiar de tamaño, encogiéndose, haciendo que deba tomar la decisión de cómo morir: si tirándose a la fosa o siendo triturado por el péndulo.

El barril de Amontillado

51cD5gc5sLLTítulo original: The Cask of Amontillado

Año: 1846

Editorial: Godey’s Lady’s Book

En la celebración de los carnavales, el protagonista se tropieza con Fortunato, de quien se quiere vengar. Usando la excusa de que quiere su opinión sobre un vino amontillano, consigue que lo acompañe a las catacumbas de su castillo. Es en la cripta cuando consigue apresarlo y atarlo contra la pared para ir tapiando ese “nicho” y dejar a Fortunato allí, gritando.

La caída de la casa Usher

51ozawRHi0L._SX321_BO1,204,203,200_Título original: The Fall of the House of Usher

Año: 1839

Revista: Burton’s Gentleman’s Magazine

El protagonista es invitado por su amigo de la infancia a pasar con él una temporada, ya que no está bien de salud. Allí se encuentra con otros inquilinos, como la hermana de su amigo, que acaba muriendo. Su hermano decide mantener su cuerpo en la bóveda de la casa antes de enterrarla. Días después, se empiezan a escuchar ruidos en la casa, aterrando a ambos hombres, que acaban descubriendo una verdad que lleva a la muerte al anfitrión debido al terror.

La máscara de la muerte roja

51rMFJW+KCL._SX331_BO1,204,203,200_Título original: The Masque of the Red Death

Año: 1842

Periódico: Graham’s Magazine

Debido a una especie de peste, el príncipe Próspero decide encerrarse en su castillo con muchos nobles para escapar de esta calamidad. Una noche, el príncipe decide dar una fiesta de disfraces. Próspero se fija en una persona que va vestida de negro y la cara cubierta por una máscara que parecía de un cadáver. El príncipe cae muerto, mientras que el resto de invitados, asustados, logran quitarle la máscara, pero allí no hay nada. Es entonces cuando se dan cuenta de que es la “muerte roja”.

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Tictac, tictac

El sonido del ascensor rompió el silencio, indicando que por fin alguien la iba a visitar. No pudo evitar reír un poco, sintiendo un cosquilleo en su interior. Miró hacia la puerta, que se abría en ese momento, dejando ver a un hombre algo desorientado.

—Bienvenido. Por favor, pasa y siéntate.

¿Qué sería esta vez? Sonrió ampliamente, dejando ver sus dientes blancos, provocando que un escalofrío recorriera el cuerpo de ese hombre. Sabía que quería huir, podía oler su miedo, algo que solo le divertía más.

—¿Quién eres tú? ¿Dónde estoy? –la voz del hombre tembló, haciendo que se echase a reír.

—Tictac, tictac –respondió en su lugar, llevándose las manos a las mejillas, clavándose las uñas, arrancándose la piel.

El hombre gritó al ver a aquella niña, vestida entera de blanco, desgarrándose la cara. Se dio la vuelta, dispuesto a volver por donde había venido, aunque no supiera exactamente cómo había llegado a ese lugar. Él estaba en un centro comercial con su mujer, había tomado el ascensor para bajar al parking… ¿qué hacía allí? ¿Qué era ese lugar?

Por más que le daba al botón del ascensor, este no funcionaba. Se volvió, temblando, dispuesto a encontrar otra salida. La niña seguía allí, sentada encima de lo que parecía la barra de un bar, mirándolo con los ojos desorbitados, la sangre cayendo por sus mejillas, mostrando aquella sonrisa siniestra. Miró a su alrededor, dándose cuenta de que  no había ninguna puerta más, salvo la del ascensor. Estaba atrapado.

—Tictac, tictac –volvió a decir la niña.

—¿Quién eres?

—¿Juegas? Tictac, tictac –la niña volvió a echarse a reír, alzando su brazo, señalando una ruleta que había a su lado.

El hombre, aterrorizado, negó con la cabeza. La niña ladeó la cabeza, sin borrar la sonrisa. Con su pequeño dedo, indicó que mirase hacia el techo. Y así lo hizo. Miró hacia arriba y entonces gritó. No había techo, tan solo oscuridad de la cual caía un péndulo que acababa en una cuchilla demasiado oxidada y manchada de algo seco, con color escarlata. El péndulo bajó un poco, haciendo que el hombre se pegase a la pared, queriendo huir, pero este parecía que sabía todos sus movimientos y solo apuntaba hacia él.

—Si te niegas, el péndulo cae, tictac, tictac.

La niña se echó a reír y puso sus brazos en cruz, enseñando en ese momento lo que había tras de ella: cientos de cadáveres cortados.

—Déjame ir, por favor –suplicó el hombre, haciendo que la risa de la niña se intensificara.

—¿Juegas? El péndulo sigue bajando a cada segundo que pasa, el tiempo es oro, tictac, tictac.

Y así lo hizo. El hombre acabó sentándose en un taburete, intentando no mirar a todos aquellos muertos que había detrás de la niña, queriendo retener las lágrimas, temblando de arriba abajo. Se fijó en la ruleta que tenía delante, pues no era normal. No tenía números ni había colores, tan solo había dibujos de partes del cuerpo o simplemente partes en blanco.

La niña le dio una pequeña bola de color blanco para que la tirase.

Sus ojos se posaron por unos instantes en las botellas de licor que había detrás de la niña, de repente se dio cuenta del contenido en los interiores: órganos humanos. El hombre cogió la bola, asqueado por la visión, la observó durante un segundo, el tiempo suficiente para darse cuenta de que se trataba de un ojo humano. Inmediatamente, la soltó, cayendo sobre la ruleta.

—¿De qué se trata todo esto? –preguntó, limpiándose la mano en sus pantalones mientras la niña seguía con sus ojos cada movimiento de la ruleta.

El ojo acabó posándose en algo que parecía un estómago. La niña lo miró durante unos segundos. Se acercó a él, quien intentó escapar pero su cuerpo no le respondía.

—Así que le eres infiel a tu esposa. De hecho, nunca la quisiste, solo fue un matrimonio de conveniencia. No puedes dejarla porque trabajas para su padre.

El hombre estaba demasiado sorprendido cómo para darse cuenta del cuchillo que tenía la niña en la mano, hasta que este se clavó en su estómago. Una, dos y hasta tres veces, mientras la niña no paraba de reír. Gritó, pidió ayuda, pero allí solo estaban él, la niña y el péndulo, que estaba cada vez más cerca.

—Esta vez, tiraré la bola por ti –dijo la niña, levantándose y dejando al hombre en el suelo, que se arrastraba dejando un rastro de sangre a su paso.

Volvió a escuchar el sonido de la ruleta. Tenía que salir de allí, el ascensor tenía que funcionar, no quería morir ahí.

—¡Un corazón! ¡Ha salido el corazón! –gritaba la niña emocionada. El hombre la miró, llevándose una mano a la herida de su estómago. La niña sonreía, cogiendo el cuchillo de nuevo, clavando sus ojos negros en él. – Lo añadiré a mi colección.

El hombre volvió a gritar.

Abrió los ojos, sintiendo su cuerpo bañado en sudor. Se incorporó en la cama del hotel donde yacía su amante también. Había sido una pesadilla. Se llevó las manos a la cabeza, sintiendo su corazón latir con fuerza en su pecho. Respiró varias veces, intentando tranquilizarse. Fue entonces cuando se dio cuenta de un dolor punzante en su estómago. Miró y la sangre llamó su atención.

—Tictac, tictac.

Allí, sentada en una silla, había una niña pequeña vestida de blanco, con un cuchillo manchado de sangre en la mano, mirándolo con los ojos a punto de salirse de sus órbitas y sin perder la sonrisa. El hombre no tuvo tiempo de reaccionar, pues antes de que pudiera gritar, el péndulo cayó del techo, poniendo un punto y final a su vida.

La niña observó aquel corazón que ya no latía y que se había unido a su nueva colección. Movía sus piernas en el aire mientras tatareaba una canción. El sonido del ascensor le avisó de que tenía un nuevo cliente.

Sonrió, ansiosa por jugar de nuevo a su juego favorito.

 

** Este relato está inspirado en el anime Death Parade.

Never More

The sky was dark grey. From time to time, some deafening noises could be heard, followed by a sudden blinding light provoked by the lightnings. Heavy rain battered against his body, so his clothes weighted more, making his purpose of fleeing more difficult. The path was bordered by trees, whose branches were naked, whose roots came from the floor and invaded it. His heartbeats echoed in his ears. He could even feel his pulse.

«You promised».

His feet were numb and he fell on the floor. A moan let out his lips. He could not help starting to cry, mixing his tears with the rain. He could feel how the rain soaked his clothes, how mud stuck to his body, how the wet soil penetrated into his nostrils. He felt his throat burning due to the lack of air. He put his hand on his chest, feeling the pounding of his heart out of control due to hear that voice again. He wanted to get up while he looked around, trying to focus beyond the rain, trying to look for the person who had talked.

The sound of something metallic being dragged on the ground sending shivers down his spine. He felt cold. And he knew that it was not because of the rain. Little by little, he turned back. At the beginning, he did not see anything until, after a lightning, he could distinguish a figure in the distance that was dressed with a black tunic and his face was hidden.

It was in that moment when he heard a caw. He looked ahead again, looking that raven that was just in front of him, looking at him with its black eyes. He was paralyzed and his throat was dry. For some moments, he felt like if those black eyes had hypnotized him, until the sound of that metal being dragged could be heard closer. The raven cawed again and then, flew, leaving him all alone while the sound of death could be heard over the sound of the rain.

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«Why do you flee?»

The fear invaded his soul, so he stood up and started to run. He did not want to look back, he did not want to see what that thing, that followed him, was. He ran looking ahead, realizing that a fine mist started to appear, obscuring the horizon. He stopped and put his hands over his head, falling on the floor again, in front of the lake’s edge that put an end to the path. He could see how the water was dark grey.

For a moment, he retained his breathing, waiting to hear that sound, waiting to feel the same cold freezing his body. However, he just listened to the sound of the rain. He closed his eyes, crying in silence. What happened? What did that monster mean?

He opened his eyes, being aware of his own reflection in the lake. He moved closer, seeing his dry hair that was on his forehead, his gaunt face, the blood’s trail on his cheek, more blood in his mouth… Blood? He opened his eyes, his body started to tremble. He put his trembling fingers in the surface of water, to the exact point where his face was and, he realized that his hands were stained with blood. He gasped when he saw both hands stained of the scarlet liquid. His eyes looked around, looking for an answer, but he only saw darkness in that stormy day.

«Remember».

His entire body trembled. The tears fell from his cheeks while his heart beat faster. He tried to shout, but no sound left his mouth. He tried to run, but his legs did not respond. A lightning lighted up the place and, some images about a lifeless body, stained of blood, came to his mind. He saw something metallic stuck in that body, he could even smell the blood and the stench of death.

No!

He started to feel short of breath when he looked at the lake again, while his eyes focused on his reflection. A reflection that gave an image that he did not know: since when had he had those marks that looked like scratches under his eyes? Since when were his eyes so dark that looked like black? Since when did he smile, licking his lips for savouring the blood?

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He shouted. He let that the heartbreaking pain that he felt deep inside escaped through his throat. He let that the pain and the confusion took the control over him. He did not understand. Was it real? He listened to the raven’s caw again. He could see in the reflection how there was a cycle of ravens flying over his head. Then, he knew it. He knew that the only monster was him.

«Finally you realised».

He turned back, watching the figure with the black hood just in front of him. He could not see the face, but he could see indeed that his hands were pale and that, in one of his hands, took a rusted axe. As he could, he stepped back, trying to escape from that laugh so familiar, getting into the lake.

«You cannot run away from me».

And, that was the moment when something grabbed him, he slipped on his back in the lake and he was dragged inside the lake. He tried to escape, but he couldn’t. He could only see how the surface of the water was farer, how darkness devoured him deep inside and his lungs burned due to oxygen deficiency. He felt arms around him and, the last thing that he saw was that black hood, which mixed itself to the darkness that surrounded him.

«Remember that you said that we’ll always be together».

And he remembered. He remembered being cuddled by those same arms many times. He remembered happiness and laughs. He remembered his broken heart as well. He remembered an axe. He remembered seeing the body of the only person that he loved lying on the floor.

«I’ve come to take you with me».

He felt that his conscious abandoned him while the air escaped from his lungs turning into bubbles. Would he be able to be free from the torment that he felt deep inside when death used its scythe?

«Never more».

 

Nunca más

El cielo estaba pintado de gris oscuro. De vez en cuando, sonidos ensordecedores se escuchaban acompañados por una repentina luz cegadora provocada por los relámpagos. La lluvia caía con fuerza sobre su cuerpo, de tal modo que su ropa pesó aún más, dificultando así su propósito de huir por el camino que se extendía ante sus ojos, bordeado de árboles cuyas ramas estaban desnudas, cuyas raíces se salían del suelo e irrumpían en el sendero. Los latidos de su corazón resonaban en sus oídos con fuerza. Podía sentir incluso su pulso sanguíneo.

«Lo prometiste».

Le fallaron las piernas y cayó al suelo. Un quejido se escapó de entre sus labios. No pudo evitar empezar a llorar, mezclándose sus lágrimas con la lluvia. Podía sentir cómo la lluvia calaba su ropa, cómo el barro se pegaba a su cuerpo, cómo el olor a tierra mojada penetraba en sus fosas nasales. Sintió su garganta arder por la falta de aire. Se llevó una mano al pecho, sintiendo el martilleo desbocado de su corazón por el hecho de volver a escuchar esa voz. Quiso incorporarse mientras miraba a su alrededor, intentando fijar la vista más allá de la lluvia, intentando buscar a la persona que le había hablado.

El sonido de algo metálico siendo arrastrado por el suelo provocó que un escalofrío le recorriera la columna vertebral. Sintió frío, mucho frío. Y sabía que no tenía nada que ver con el hecho de que se encontraba bajo la lluvia. Poco a poco, se dio la vuelta. Al principio no vio nada hasta que, tras un relámpago, pudo distinguir una figura a lo lejos que vestía una túnica negra ocultándole el rostro.

Fue en ese momento cuando escuchó un graznido. Volvió a mirar al frente, observando aquel cuervo que se había posado justo delante de él, mirándolo fijamente con sus ojos negros. Se quedó paralizado y la garganta se le iba secando poco a poco. Por unos instantes, se sintió hipnotizado ante aquellos ojos negros hasta que el sonido de aquel metal siendo arrastrado empezó a escucharse más y más cerca. El cuervo graznó de nuevo y voló, dejándolo allí tirado mientras el sonido de la muerte empezaba a oírse por encima de la lluvia.

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«¿Por qué huyes?»

El miedo inundó su alma, así que se puso en pie y empezó a correr. No quería mirar atrás, no quería ver qué era lo que lo perseguía. Tan solo corría mirando hacia delante, dándose cuenta de que una fina bruma empezaba a aparecer, nublando el horizonte. Dejó de correr y se llevó las manos a la cabeza, volviendo a caer al suelo, justo delante de la orilla de aquel estanque que marcaba el fin. Podía ver cómo las aguas se habían tornado de un color gris oscuro.

Por un momento, contuvo la respiración, esperando oír aquel sonido, esperando sentir el mismo frío helando cada fibra de su ser. Pero tan solo escuchó el sonido de la lluvia. Cerró los ojos con fuerza, llorando en silencio. ¿Qué había pasado? ¿Qué significaba aquel monstruo?

Abrió los ojos, dándose cuenta de su reflejo en el estanque. Se acercó poco a poco, el pelo húmedo que se pegaba sobre su frente, su rostro demacrado, aquel rastro de sangre en su mejilla, más sangre sobre su boca… ¿Sangre? Abrió los ojos, sintiendo temblar todo su cuerpo. Llevó sus dedos temblorosos a la superficie del agua, justo donde se encontraba su rostro y fue cuando se dio cuenta de que sus manos estaban manchadas de sangre. Ahogó un grito al descubrirse ambas manos cubiertas de aquel líquido escarlata. Sus ojos miraban a todos lados, buscando alguna respuesta escrita en algún lugar, pero solo vio la oscuridad de aquel día tormentoso.

«Recuerda».

Su cuerpo entero temblaba. Las lágrimas caían por sus mejillas mientras el corazón le latía con fuerza en el pecho. Intentó gritar pero ningún sonido salió de su boca. Intentó correr pero sus piernas no le respondían. Un relámpago iluminó aquel lugar, e imágenes de un cuerpo inerte, manchado de sangre, llegaron a sus retinas. Vio algo metálico clavado en el pecho de aquel cuerpo, pudo incluso oler la sangre y el hedor a muerte. Escuchó una risa. Una risa que conocía pues era la suya propia.

¡No!

Empezó a respirar con dificultad cuando volvió a ver aquel estanque, mientras fijaba los ojos en su reflejo. Un reflejo que le devolvió una imagen que no conocía: ¿desde cuándo tenía aquellas marcas parecidas a arañazos debajo de los ojos? ¿Desde cuándo sus ojos se habían vuelto de un color tan oscuro que parecían negros? ¿Desde cuándo sonreía, pasando la lengua por encima de sus labios para saborear la sangre?

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Gritó. Dejó que aquel dolor desgarrador que lo estaba carcomiendo por dentro saliese de su garganta. Dejó que el miedo y la confusión se adueñaran de su cuerpo. No entendía nada. ¿Eso era él? Volvió a escuchar los graznidos del cuervo de fondo. Pudo ver cómo justo encima de su reflejo, se formaba un círculo de varios cuervos que volaban por encima de su cabeza. Y entonces lo supo. Supo que el único monstruo era él.

«Al fin te das cuenta».

Se dio la vuelta, observando a aquella figura con la capucha negra justo delante. No podía verle la cara pero sí pudo ver que sus manos eran de una tez pálida y que, en una de ellas, llevaba un hacha oxidada. Como pudo, caminó hacia atrás, intentando huir de aquella risa que se le hacía tan familiar, metiéndose en el estanque.

«No puedes huir de mí».

Y fue en ese momento cuando algo tiró de su cuerpo, haciendo que cayera de espaldas al estanque y lo arrastrase. Intentó zafarse de aquel agarre pero no pudo. Tan solo pudo ver cómo la superficie del agua se iba alejando más y más, que la oscuridad lo engullía en su interior y sus pulmones ardían debido a la falta de oxígeno. Sintió unos brazos abrazándolo y lo último que vio fue aquella capucha negra que se mezclaba con la oscuridad que había a su alrededor.

«Recuerda que dijiste que siempre estaríamos juntos».

Y recordó. Recordó ser abrazado por esos mismos brazos muchas veces. Recordó felicidad y risas. Recordó también su corazón roto. Recordó un hacha. Recordó ver el cuerpo de la única persona que había amado yacer en el suelo.

«He venido a llevarte conmigo».

Sintió que poco a poco lo dejaba la consciencia mientras dejaba que el poco aire que le quedaba se escapase de su boca en forma de burbujas. ¿Conseguiría al menos librarse de ese tormento que había en su interior una vez que la muerte acabara usando su guadaña?

«Nunca más».