«Los niños no resuelven problemas: solo comen chocolate, lo rompen todo y lloriquean»

Nocturna, una aventura mágica

  • Título alternativo: Nocturna19024293.jpg-r_1920_1080-f_jpg-q_x-xxyxx
  • Año: 2007
  • Duración: 80 min.
  • País: España
  • Director: Adrià García, Víctor Maldonado
  • Guion: Adrià García, Víctor Maldonado, Teresa Vilardell
  • Música: Nicolas Errèra
  • Reparto principal: Pedro Torrabadella, Imanol Arias, Carlos Sobera
  • Más información: IMDb; filmaffinity; SensaCine

El argumento gira en torno a un niño huérfano y su aventura por el mundo de la noche para salvar las estrellas y enfrentarse a aquello que más teme: la oscuridad.

Aunque la historia sea muy modesta, son los detalles tan curiosos los que verdaderamente llaman la atención (solo hay que ver la gran creatividad que derrocha la escena del concierto nocturno, por ejemplo). Una lucha interior de un pequeño protagonista que nos enseña el mundo de Nocturna y sus trabajadores, a cada cual más peculiar: el pastor de gatos, los redactores de sueños, los encargados del rocío, los que forman nudos en el pelo al dormir… Un cuento infantil para adultos que disfrutan con la magia.

Mi puntuación: 13942261_1269687406409413_895346483_n13942261_1269687406409413_895346483_n13942261_1269687406409413_895346483_n

A partir de este momento puedes hacer una de estas acciones: preparar palomitas y ver la película o seguir leyendo a sabiendas de que podrías toparte con ciertos detalles que comúnmente llamamos spoilers.

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Se cuenta que Tim era un niño solitario que tenía problemas para hacer amigos. Vivía junto a otros treinta en un pobre orfanato que hacía esquina con una panadería. Era bajito, rechoncho, tenía un remolino en el flequillo, le faltaban unos dientes y siempre llevaba el mismo único calcetín en el pie izquierdo. Él explicaba que era su calcetín de la suerte, pues tuvo un sueño en el que era adoptado el día que lo llevaba puesto, y por eso jamás se lo quitaba, agarrándose a la esperanza de que su sueño se cumpliera para no estar solo.

Se dice que los demás huérfanos no querían jugar con él porque era raro y siempre andaba lloriqueando cuando se acercaba la noche. Él decía que la oscuridad quería devorarlo, pero los demás se burlaban por su evidente terror infantil. Le gustaban las estrellas, pues las veía como guerreras de la noche que luchaban contra esa oscuridad eterna. Ellas, sus únicas amigas, le ayudaban a conciliar el sueño.

Se oyó decir que una noche varias estrellas se apagaron de golpe, y Tim quiso pedir ayuda, mas nadie prestaba atención a un niño huérfano solitario que siempre daba problemas. Desesperado, deambulaba de un lado a otro, buscando algo que pudiera encender a sus amigas de nuevo. Y, sin querer, acabó en la parte más oscura del hogar: el sótano. Entró temblando como un flan, con los ojos entumecidos, con el corazón congelado, tanteándolo todo para solucionar el horrible problema.

Y de repente, todo se volvió negro. Cuando abrió los ojos, se encontró en un descampado frío y solitario. Echó la mirada al cielo y vio que ya quedaban menos de sus protectoras brillando allá arriba. Intentaba entender cómo había llegado hasta ahí, mientras a lo lejos un felino captaba su atención.

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(Imágenes tomadas de SensaCine)

Se murmura que el gato le pidió a Tim que lo siguiera, que sabía cómo ayudar a las estrellas. El niño, acariciando su calcetín de la suerte, se adentró en un camino que llevaba directamente al tétrico cementerio de la ciudad. Su cuerpo empezó a temblar, viniéndole a la cabeza las risas y burlas de sus compañeros huérfanos; pensó que el animal también lo había engañado. Un par más de estrellas se apagaron.

Se rumoreó que el niño perdido estuvo llorando por un largo tiempo, hasta que los propios espectros de ultratumba se despertaron ante tanto desconsuelo. Tim, asustado, echó a correr por el camino que volvía a la ciudad con la única referencia de las estrellas que quedaban en el cielo para alumbrarlo. Apenas podía respirar: todos los edificios abrazaban la oscuridad. Ni luces, ni farolas, ni la luna. Solo dos luceros tímidos bañaban la piedra dormida y el ladrillo frío. Perdido, solo, aterrado y congelado, Tim se topó cara a cara con una sombra monstruosa y negra que se acercaba con un ritmo pausado. Después…, después ya no quedó brillo alguno en la noche.

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«Nana, ¿cómo se hace pacto con el demonio?»

Veneno para las hadasPoison for the Fairies (1986) spanish2

  • Título alternativo: Poison for the Fairies
  • Año: 1984
  • Duración: 90 min.
  • País: México
  • Director: Carlos Enrique Taboada
  • Guion: Carlos Enrique Taboada
  • Música: Carlos Jiménez Mabarak
  • Reparto principal: Ana Patricia Rojo, Elsa María Gutiérrez
  • Más información: IMDb; ALLMOVIE; filmaffinity

La historia tiene como protagonistas a dos niñas que se conocerán en el colegio y mantendrán una amistad algo tóxica debido, principalmente, a que una de ellas se considera bruja y se aprovechará de la ingenuidad de la otra.

Un clásico de terror mexicano muy bien elaborado con unas actuaciones magníficas por parte de las pequeñas. Aunque si esperas grandes sustos o hechizos maléficos, te puedes quedar sentado esperando; se trata más bien de abordar el tema de la curiosidad, los cuentos populares, la (dudosa) amistad entre las niñas, la manipulación a través del miedo a lo desconocido e incluso el bullying, si nos ponemos muy extremistas. Lo que más me ha llamado la atención es que las niñas siempre son las protagonistas de las secuencias, apenas verás rostros adultos.

Mi puntuación: 13942261_1269687406409413_895346483_n13942261_1269687406409413_895346483_n13866573_1269687523076068_970961706_n (2 snitchs doradas de 3, entretenida)

A partir de este momento puedes hacer una de estas acciones: preparar palomitas y ver la película o seguir leyendo a sabiendas de que podrías toparte con ciertos detalles que comúnmente llamamos spoilers.

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El día de mi decimoprimer cumpleaños fue una horrible mancha para nuestro apellido. Anduve de un lado a otro, malhumorada y agitada, esperando a que llegase esa maldita carta. Pero lo único que llegó fue el silencio. Miradas cabizbajas, el llanto de mi madre, los labios torcidos de mi abuela y el asentimiento de mi padre se repitieron constantemente pasados unos días.

Llegué, así pues, a un “colegio especial” con niñas como yo: marginadas y apartadas de lo que se nos prometió. La profesora del lugar me hizo compartir pupitre y material con ella. Melena dorada, tez blanca, mirada firme, postura aristocrática… Sabía quién era.

Ella ansiaba lo que el universo nos había arrebatado por derecho. Estaba dispuesta a todo e, inocente de mí, empecé a creer sus historias alocadas. Magia negra, pociones peligrosas, pactos con el demonio, sangre y muerte. Reconozco que me gustaba escuchar sus cuentos. Hasta que la obsesión y la paranoia empezaron a consumirla por dentro.

Ya no solo eran palabras. La luz de las velas me alertaron cuando ella pidió sangre y oscuridad. Huí, mas no fue suficiente. Me usó de tapadera en sus fechorías, robó mis objetos más preciados e intentó acabar con la vida de una profesora que se atrevió a llevarle la contraria. Lo más conveniente, pues, era  separarse de esa tóxica amistad.

Soy una bruja, soy una bruja, me gritaba una y otra vez.

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Hablé con mis padres y escucharon mis miedos. Aún la decepción se escapaba por sus rostros por no haber sido lo que pudo ser. Pero ellos me querían y se encargaron de todo: el cuento acabó.

Comprendí que tal vez el universo me daba la oportunidad de tener una vida normal. Y realmente lo he aceptado: soy una niña normal. Aunque hay veces que todavía puedo escuchar esa voz gritando con desesperación al mundo y desgarrando mi alma:

Soy una bruja, soy una bruja.