«Yo solo vivo por el presente y te enseñaré lo terrible que puede ser»

El hombre sin pasado

  • Título original: AjeossiMV5BN2MwNDZiZjYtNjkxNi00MzQyLThhMGUtYmM0MGI4YmY0ZjcxXkEyXkFqcGdeQXVyNzI1NzMxNzM@._V1_
  • Título alternativo: The Man from Nowhere
  • Año: 2010
  • Duración: 119 min.
  • País: Corea del Sur
  • Dirección: Lee Jeong Beom
  • Guion: Lee Jeong Beom
  • Música: Shim Hyun Jeong
  • Reparto principal: Won Bin, Kim Sae Ron, Thanayong Wongtrakul, Kim Hee Won, Kim Sung Oh, Kim Tae Hun
  • Más información: IMDb, filmaffinity, ALLMOVIE

La historia cuenta el rescate que lleva a cabo un solitario prestamista de una niña secuestrada por unos asuntos relacionados con las mafias de drogas y el tráfico de órganos.

El tema de rescatadores o justicieros solitarios es muy recurrente en el cine, pero sin duda, esta película no deja indiferente ni tiene nada que envidiarle a la Venganza (Taken, 2008) de Liam Neeson. Desde el halo de misterio que envuelve al protagonista  ―un prestamista de un barrio muy humilde― y su relación con una vecina, hasta la organización compleja de las mafias traficando con seres humanos y órganos, pasando por las escenas de acción y violencia tan bien coreografiadas o esa rivalidad entre el protagonista y su adversario; una historia que te mantendrá pegado a la pantalla.

Mi puntuación: 13942261_1269687406409413_895346483_n13942261_1269687406409413_895346483_n13866573_1269687523076068_970961706_n

A partir de este momento puedes hacer una de estas acciones: preparar palomitas y ver la película o leer este relato inspirado en ella y que podría contener algún que otro spoiler.

♦♦♦


Ya está de nuevo rondando esa niña de ojos desdichados. Me dice que no se ha bebido la leche que había en el portal con una media sonrisa pícara manchada. Subo las escaleras hasta el mísero apartamento que sirve en ocasiones de casa de empeños ―y es lo que me da de comer―. Ella, como una sombra, sigue mis pasos y entra para saciar su estómago que grita de impaciencia. Los niños de hoy en día no tienen educación.

Su madre la llama desde afuera y se la mando, soltándole el discursito de ser responsables y no colocarnos de niñeros al resto de los mortales, recordándole que esto es una casa de empeños.

Pasan unos días y, volviendo a casa tras hacer unos recados, me encuentro la cerradura del apartamento forzada. Seguramente la niña de ojos pobres se ha colado buscando algo que llevarse a la boca. Sin embargo, unos tipos desconocidos son los que me reciben. Me estaban esperando; me piden algo que desconozco. Por sus pintas, deduzco que son de algún tipo de mafia. No entiendo nada.

Me apuntan con sus armas, me gritan en otros idiomas, me empujan exigiendo que les entregue un bolso. Oh, el bolso… La madre de la niña de ojos desgraciados lo dejó hace dos días. Hay algo ahí que estos lobos desean. ¿Me dejarán vivir si les suelto dónde está?

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(Imágenes tomadas de IMDb)

El helado se derrite en las bolsas que traía conmigo. El móvil del tipo más grande suena y se oyen psicofonías de un señor que no parece estar para nada contento. Mientras el más alborotador lanza los objetos ordenados de las estanterías con suma violencia, los dos que me apuntan con sus armas visionarias susurran entre sí.

La minúscula habitación devora todo el jaleo que la situación ―un malentendido, supongo― está causando. Espero que algún vecino llame a la policía y lleguen antes de que las armas se disparen. Me armo de valor y pregunto a esos extraños intimidantes dónde están la niña de ojos indigentes y su madre. Tengo la ligera sospecha de que ya las visitaron antes que a mí.

Vuelven las afiladas miradas a posarse en mi persona. La llamada se corta. Los objetos desparramados en el suelo crujen con las pisadas. Varias gotas de sudor se deslizan por mi expresión inerte. Me rodean. Me gritan de nuevo en otro idioma. Logro entender al enorme lobo algunas palabras relacionadas de nuevo con el bolso.

―No sé… ―digo a duras penas.

Y de repente, todo lo invade el silencio. Hasta que uno de los que sujetan las armas me sonríe como ella, con una sonrisa pícara manchada de sangre.

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