«¿Qué clase de ladrón es ese tal Robin que le da dinero a los pobres sin cobrarles intereses?»

Todos los perros van al cielo

  • Título original: All Dogs Go To HeavenMV5BMTI4ZWRmNTAtOWIyZC00Njk0LWIzZGItYjE0NDVlM2Q4ZWJjXkEyXkFqcGdeQXVyNTUyMzE4Mzg@._V1_
  • Año: 1989
  • Duración: 84 min.
  • País: Reino Unido
  • Director: Don Bluth, Gary Goldman, Dan Kuenster
  • Guion: David N. Weiss
  • Música: Ralph Burns, T. J. Kuenster, Charles Strouse
  • Reparto principal: Burt Reynolds, Dom DeLuise, Judith Barsi, Vic Tayback
  • Más información: IMDb; ALLMOVIE; filmaffinity

La historia tiene como protagonistas a dos perros que, debido a un viaje al más allá, buscarán venganza hacia su asesino y antiguo socio de negocios, secuestrando su mayor fuente de ingresos en las apuestas: una niña que habla con animales.

Lo más llamativo es el papel de antihéroe que cumple el protagonista, un personaje que es un estafador por excelencia, un calculador mentiroso, ladrón, corredor de apuestas ilegales, motivado únicamente por la venganza y a quien no le importa aprovecharse de los niños para hacer cumplir sus planes. A pesar de ello, nos quiere mostrar que en el fondo también tiene corazón, pero tan tardíamente que casi se puede cuestionar. Una animación atractiva, con canciones curiosas y un trato del tema de la muerte muy modesto.

Mi puntuación: 13942261_1269687406409413_895346483_n13866573_1269687523076068_970961706_n13866573_1269687523076068_970961706_n

A partir de este momento puedes hacer una de estas acciones: preparar palomitas y ver la película o seguir leyendo a sabiendas de que podrías toparte con ciertos detalles que comúnmente llamamos spoilers.

♦♦♦


Había una vez un perro que tenía un socio que tenía un negocio. Bueno, en realidad eran dos perros que llevaban un bar de apuestas. Charlie, el brillante protagonista de esta historia, era un pobre ludópata fanfarrón que fue asesinado por su socio, más bien por un traidor ambicioso que quería dejarlo fuera del negocio, el muy malnacido. En el más allá conoció a una damisela de la alta sociedad, la más guapa del lugar, quien quería atraparlo en una relación seria, pues se había enamorado locamente de él. Sin embargo, nuestro atractivo conquistador no quería algo más allá de un plato de espaguetis compartido. Bueno, quizás esto es de otra historia… La cuestión es que todo fue un sueño: no hubo ningún muerto, ni viaje al más allá, ni se habían conocido Charlie y Reina. Sí, sí. Era un sueño premonitorio: el universo le estaba advirtiendo de lo que pasaría si se descuidaba de sus recias y anchas espaldas.

Una tarde, su leal y fiel compañero de toda la vida, el mejor de los amigos que puedas tener, le soltó un chivatazo, y  es que una niñita huérfana había sido secuestrada por Madame Medusa, una malvada mujer que se aprovechaba del don que la pequeña tenía. ¿Te lo puedes creer? ¡La chiquilla podía averiguar el ganador de las carreras! ¿No es genial? Bueno, nuestro desinteresado héroe no podía quedarse cruzado de manos, digo, patas, ante tal injusticia, así que su noble escudero y él rescataron a ¿Penny? ¿Blancanieves? Eso, María.

Nuestra preciosa huerfanita era amiga de todos los animales y, como recompensa por su rescate, consiguió que Charlie y su sirviente abrieran otro negocio de carreras ilegales para forrarse y “dárselo a los pobres”… Está bien, está bien; nada de sirvientes: Charlie y su Robin particular. ¿Mejor? Claro, Charlie era el Batman de Nueva Orleans que rescataba niñas del malvado Dr. Calico, la bruja Cruella de Vil y el Dr. House y el Sr. Weasley (profesionales del robo de cachorritos).

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(Imágenes tomadas de IMDb)

El negocio iba viento en popa, pero la princesa Blancanieves, quiero decir, María, no se sentía feliz. No le eran suficientes los mimos, los dulces o vestidos nuevos que les regalaban sus amables rescatadores; ella quería un papá y una mamá. Después de que Charlie se enfrentase a cocodrilos, al “socio” del primer negocio que, como en el sueño premonitorio, intentó acabar con su vida; a las primeras facturas del local y a Sanidad, llevó a María a un hogar donde no podían faltar los animales. Un hogar con una mamá, un papá, leche caliente, amplio jardín y… 101 perritos más. Y colorín colorado… Vale, vale. Mañana terminaremos la historia, sí… Buenas noches.

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