Monstruos

¿Alguna vez has pensado si los monstruos existen? Yo nunca lo había hecho. Aunque es cierto que nunca me gustó dormir con las puertas del armario abiertas y que, alguna que otra vez, he mirado debajo de la cama antes de tumbarme sobre ella y decirle hola a Morfeo. Aún así, mi parte racional siempre se preguntaba cómo iban a existir esas criaturas. Y, sin embargo, siempre que la luz se apagaba, me imaginaba un cuerpo demacrado, arrastrándose por el suelo de mi habitación, viniendo hacia mí, deseando mi muerte. Una vez me pregunté por qué mirábamos bajo la cama, ¿acaso no cabría la posibilidad de que algo cayera del techo cuando todo estuviera en penumbra? Y, desde ese momento, siempre que estoy postrada en la cama, con los ojos abiertos, envuelta en la oscuridad de mi habitación, no puedo dejar de imaginarme que hay una boca enorme encima, acercándose poco a poco, queriendo hincar sus dientes en mí.

A pesar de todos esos pensamientos, nunca he creído que los monstruos existieran… hasta hace poco. ¿Por qué cuando pensamos en esa palabra lo primero que se nos viene a la cabeza son ese tipo de imágenes? ¿Por qué buscamos lo sobrenatural? No lo sé, pero ahora sí sé que existen. No, no busquéis ninguna criatura que se arrastre deseando acabar con vuestra vida. No, tampoco busquéis ninguna boca gigante deseando comeros. Tan solo hay que mirar a nuestro alrededor para darnos cuenta de que estamos rodeados de ellos, pues somos los mismos humanos los principales monstruos de este mundo: recuerda todas las guerras que hemos pasado y estamos viviendo, el afán de hacer daño a los más débiles, a los que no pueden defenderse, la gloria que supone el destruir todo lo que tenemos a nuestro alrededor, los vítores que recibe el más fuerte tras causarle la muerte a otro ser vivo.

Los humanos se caracterizan por su parte racional. Déjame decirte que eso es mentira, pues la oscuridad vive en cada uno de nosotros, convirtiéndonos en monstruos. Podemos querer huir de esa oscuridad, podemos sucumbir, podemos vivir con ella… pero nunca desaparecerá porque siempre estará ahí, paciente, acechando para apoderarse de nosotros.

Ahora dime, ¿qué harás con la oscuridad que hay en el interior de tu corazón? ¿Sucumbirás? ¿Huirás? No importa, solo déjame decirte una última cosa más: bienvenido al mundo de los monstruos.

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