Hielo

Hoy, como cada mañana, me haces la misma pregunta: ¿quién eres? ¿Quién soy? Me gustaría reírme en tu cara. En esa cara demacrada, de ojos vagos y labios torcidos. Tú, con la ropa manchada de la noche anterior, arrastrando los pies por el suelo y la mirada borrosa, me preguntas quién soy. Debería ser yo quien preguntara. ¿Y qué me responderías? ¿Te reconocerías? Sé que hay veces que ni siquiera recuerdas tu nombre.

Pero tú no sabes quién soy, no te interesa recordarme. No te interesa mirar atrás, ni revivir los sueños fracasados, las lágrimas derramadas, los gritos desgarradores, la soledad olvidada. Prefieres ahogarte en un tintineante vaso con dos cubitos de hielo, fingir que te diviertes con risas escandalosas y dormir profundamente por las noches, en el suelo o en la cama, en una casa que ya no es tu casa. Porque lo has perdido todo. Me has perdido a mí.

¿No te importa? No, no te importa porque ya no me conoces. No sabes que yo soy capaz de atarte una soga al cuello o de apuntar a tu cabeza con el cañón de una pistola. Yo tengo el valor que a ti te falta. Por eso me has olvidado.

Yo, con la corbata bien puesta, con la camisa impecable, con una sonrisa sincera, te miro cada mañana y te reprocho en lo que te has convertido. Porque en algún rincón bajo tu piel, sigo siendo importante para ti. Después de las noches malgastadas, llega la lucidez, el oasis en el desierto, la silla en la que apoyas los pies para no ahogarte, la bala desviada que no llega a su destino. Y allí, allí estamos los dos, mirándonos frente a frente, intentando reconocernos, preguntándonos en qué nos hemos convertido.

Porque tú siempre quisiste ser yo y yo jamás soporté ser tú. Por eso me has olvidado; por eso yo no me rindo.

¿Quién eres?, te lo preguntarás cada día frente al espejo. Y nunca hallarás una respuesta. Porque tanto tú como yo nos hemos perdido en el tiempo. Solo mírate, mírame. ¿Quién es quién? Míranos: los dos somos patéticos.

No importa la respuesta. Solo me recordarás un instante cada mañana. Después, cuando vuelva la noche, yo solo seré una gota más de tus hielos derretidos.

Inspirado en Contra Jaime Gil de Biedma, de Jaime Gil de Biedma.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s