Se querían, sabedlo

Él ya lo sabía.

Sabía que no había caminos de rosas sin espinas. Que no había luz sin oscuridad. Ni día sin noche. Sabía que la vida no era de ningún color. Que no había blanco ni negro. Ni existía el bien y el mal. Sabía que no había nada eterno. Que no había vida sin muerte. Ni soluciones perfectas. Sabía que no había sonrisas sin lágrimas. Que no había felicidad sin sufrimiento. Ni libertad sin sacrificio.

Sí, lo sabía. Lo aprendió en las miradas recriminatorias de la gente. En el rechazo de sus seres queridos. En la soledad envolvente. Lo aprendió en las preguntas sin respuesta. En las habitaciones vacías. En la cama desolada. Lo aprendió en la sangre. En las calles deshabitadas. En el miedo latente. Lo aprendió en la inmensidad. En la nada. En el vacío.

Pero también sabía otra cosa.

Sabía que no había una palabra fuera de tono sin un susurro entrecortado. Que no había cicatriz pintada en su cuerpo sin un beso delicado que la borrara. Ni tormenta que durara para siempre. Sabía que no había sangre derramada sin caricias que la recogieran. Que no había gritos hirientes sin silencios reparadores. Ni oscuridad tan densa que ocultara el brillo de sus ojos. Sabía que no había piel desgarrada sin un abrazo protector. Que no había lugar del que caer sin que su mano lo sujetara. Ni miedo sin algo que perder.

Lo sabía. Lo aprendió en las risas tontas. En el temblor de su cuerpo. En la calidez de una mirada. Lo aprendió en la torpeza de la primera vez. En el reconocimiento de la décima. En las respiraciones contenidas. Lo aprendió en la penumbra. En los más recónditos escondites. En el futuro incierto. Lo aprendió en los susurros en su oído. En las sábanas enredadas en sus cuerpos. En las noches infinitas. Lo aprendió a la luz del día. En la indiferencia. En un mundo nuevo entre sus brazos. Lo aprendió en los besos que detenían el tiempo. En los colores del aire. En el labio ajeno suspendido entre sus dientes.

Aprendió que el mundo no es comprensivo. Ni la vida justa. Pero aprendió a vivir a su lado. Aprendió a decir te quiero sin pensar en qué dirán. No tenía que enfrentarse a nadie. Solo tenía que quererlo a él.

Se querían, sabedlo.jpgInspirado en Se querían de Vicente Aleixandre.

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